¿Cuántos somos ya?

3 de febrero de 2014

«Ángel; capítulo quince»

- ese Justin te tiene la cabeza loca
+ o el corazón, Jacob. O el corazón
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Si no hubiese sido por el alarmante grito de Justin a mitad de camino, la noche hubiese sido totalmente silenciosa. Le dio un golpe al asiento delantero, donde Sean conducía, y el afroamericano frenó de golpe, haciendo que Isabella casi se estampara de no ser por los brazos de Justin que la retuvieron contra su pecho.

―¿Pero qué demonios te pasa?
―¡La mochila, la mochila con los lotes! –gritó, intentando abrir la puerta. Pero sus intentos resultaron en vano, el seguro estaba puesto.
―¿Qué? –preguntó Sean girándose.
―¡Me la he dejado en el bar! –gritó. Isabella se sentó correctamente en su asiento, intentando relajar a Justin, pero este no hacía la mínima intención de calmarse- ¡La droga estaba ahí, tío, Sean! ¡Tenemos que volver!

Tras haber hecho que esa palabra –droga- saliera de su boca como una granada a punto de estallar, miró a Isabella, que, con el rostro impasible, negó con la cabeza. No era tiempo de dar explicaciones o sermones, el cuello de Justin estaba en juego. Si no recuperaba esa mochila, no podía vender la mercancía, y si no conseguía el dinero, Joshua Brickman se encargaría personalmente del asunto. Y no era precisamente plato de buen gusto contar con su presencia en casos así.

―¡Da la vuelta, da la vuelta! –le gritó inclinándose en el hueco de los dos asientos delanteros.
―¡No podemos volver, Justin, la policía está ahí y si Hank ha despertado le dirá que hemos sido nosotros! –le recordó Justin.
―¡Nos meteremos en un lío! –dijo Sean.
―¿Pero qué cojones os pasa? Tenemos que recuperar la mochila, ahí hay más de mil dólares en LSD.
―¿Me estás vacilando? –ahora sí que Isabella estaba cabreándose- ¡¿Pero cómo se te ocurre, pedazo de inútil?!
―Mira nena, ahora no hay tiempo de reproches –dijo Justin pellizcándole la barbilla con los dedos pulgar e índice, reteniendo su cara cerca de la de él. Se giró hasta Sean y le dijo- Estamos hablando de Joshua Brickman, socio. ¡Del mismo Joshua Brickman que me cortará las pelotas si no tiene su pasta en tres semanas!
―¡Hemos agredido a un hombre, dejándole inconsciente, no podemos volver ahí como si nada! –dijo Isabella.
―No, princesa, la que le ha dado un botellazo en la cabeza has sido tú, no nosotros.
―Ahora no hay tiempo de echarle las culpas a Bella, sino hubiese sido por ella yo no estaría aquí –le recordó Justin.
―Tienes razón –el afroamericano se giró hacia Nightmare y le sonrió disculpándose- Pero aún así no podemos volver, Justin. Es una misión suicida. Habrá ahí como unos cinco polis, creo yo. Y todos dispuestos a encarcelarnos si regresamos ahí.
―Dime por favor que no tenías ni el móvil ni la cartera dentro –gimió Isabella pellizcándose el puente de la nariz.
―No, lo tengo todo aquí –dijo sacándose las cosas del bolsillo de la sudadera- Nunca las guardo en la mochila por si acaso pasan estas cosas.
―Mejor, porque entonces sí que estaríamos jodidos –comentó Sean dejándose caer contra el respaldo de la siento al mismo tiempo que soltaba un profundo suspiro.
―¿Qué hacemos entonces? –preguntó Justin, imitando a su amigo, pero en lugar de suspirar despeinándose el cabello.
―Creo que lo mejor será olvidarnos de la mochila. Con suerte no volveremos a toparnos con ese hombre, ni siquiera creo que fuera de la ciudad –habló Isabella.
―Pero nena, ¿tú sabes lo que cuesta todo lo que había ahí dentro?
―¿Y para que la adquieres?
―Ese no es el problema –intervino Sean en la discusión- Sino rezar y rogarle a Dios para que ese capullo no de nuestros nombres.
―Dios no hará nada por nosotros –recriminó Justin.
―Pero la fe sí –dijo Isabella frunciendo el ceño.
―Cariño, ahora no hay tiempo de mensajes cristianos ni chorradas de éstas. Lo único que necesitamos es suerte y que no nos hubiera visto nadie ahí.
―Estamos muy jodidos –repitió Sean.
―Relajación, ¿vale? –pidió Isabella- Haremos como si nada de esto hubiese ocurrido. No volveremos a ese bar, e intentaremos no recorrer sus alrededores por si alguien nos reconoce y delata.
―¿Pero tú sabes de quien estamos hablando, Bella? –le preguntó Justin retóricamente- Tengo que volver ahí y recoger la puta mochila porque si no le devuelvo la pasta en tres semanas va a cortarme las pelotas.
―¿Tres semanas? –el afroamericano se incorporó en el asiento y miró a su amigo- ¿Has hecho negocios con Joshua Brickman y solo te ha dado tres semanas?
―¡Yo no sabía que iba a perder la mochila!
―Tú es que eres tonto –frunció Sean el ceño, escudriñando a Justin con la mirada.
―Escucha, me da igual el dinero que tengas que devolverle –habló Isabella, impartiendo orden en el vehículo estacionado a un lado de la calle-, ya te ayudaré a conseguirlo más tarde. En serio, puedes contar conmigo para recuperar la pasta que quieras, pero no para volver al bar.
―¿Estás loca? Es mucho dinero, no pienso pedirte que me ayudes. Si tengo que volver a pelearme con ese tío para recuperar la mochila, lo haré.
―¡Escúchame bien, Justin Bieber! –gritó entonces Isabella algo enfadada, tirando del brazo de su compañero cuando este había hecho el ademán de salir del coche- Si tengo que pedir un préstamo para que ese tal Joshua Birman…
―Es Brickman –le corrigió Bieber.
―Cállate –le ordenó Sean viendo la cara que Bella acababa de poner.
―Mira, los dos vamos a ayudarte –dijo ella, suavizando un poco su tono de voz- Para eso están los amigos. No te preocupes, no vamos a dejarte solo en esto.
―No puedo pediros algo así, yo…
―Tío, no me parece bien que le hayas pedido mercancía a Brickman y menos aún contando con tan poco tiempo para pagarle, pero no por eso voy a dejarte tirado. Tienes mi apoyo y el de Murray.
―Y el de Cassie –añadió Bella- Si estamos todos en las buenas, lo estaremos también en las malas.

Con aquellas últimas palabras, Justin finalmente quedó convencido de no volver al bar a recuperar lo suyo. Si de algo se había dado cuenta era que  tanto Isabella como Sean compartían la misma cabezonería y que nada podrías hacer cuando una idea se les metía entre ceja y ceja. Finalmente cada uno volvió a su casa para dormir las pocas horas que les quedaban antes de volver al instituto.

Cuando Isabella llegó a su apartamento, la penumbra de éste le dio la bienvenida. Estaba todo tan oscuro que tuvo que ir palpando por las paredes hasta encontrar el interruptor para encender la luz. La estancia se iluminó y ante ella quedó un revoltijo de plumas, ramas secas y hojas revoloteando por el suelo gracias a una brisa de aire fresco que entraba por la ventana abierta. Las cortinas se movían como pulmones trabajando con el oxígeno. Se hinchaban y después soltaban una exhalación. Un olor a pienso y humo llenaba la habitación y no se percató de la presencia del ave hasta que ésta ululó. Isabella, sobresaltada, giró sobre sus talones para encararse al animal. El halcón debía medir un metro de alto y pesar más de cincuenta quilos. Tenía las garras tan afiladas que había rayado la madera de la mesa a la que se sujetaba. Las plumas parecían estar barnizadas en cobre y el pico en oro. Llevaba un pergamino atado a una de las patas y se dio cuenta, entonces, que no se trataba de un simple animal de la ciudad, sino de un mensajero del Cielo. Desenrolló el pergamino con picotazos y quejidos del ave y cuando finalmente tuvo el papel entre las manos, el halcón profirió un ululo agudo, desplegó sus alas que tendrían que medir más de un metro y medio, y voló hacia la ventana para perderse entre la espesura de la oscura noche. El pergamino era áspero y una tinta negra lo bañaba.

El Mandato Celestial solicita la presencia de Isabella Rosebud Nightmare, Guardiana del Reino, para una urgente reunión de la que se sabrá el motivo en cuanto la citada esté presente con cada uno de los miembros del Mandato. Se ruega la asistencia de la susodicha en cuanto el mensaje sea leído.

Sabía de qué iba aquello y no le gustaba nada. Había distintos motivos por el que pedían que asistiera a una reunión, como ella las llamaba, exprés: el primero por haber agredido humano, cosa que tenían permanentemente prohibida los sirvientes del Señor; la segunda, unirse a un mortal de la manera en la que Justin y ella estaban; tercero, ni idea. La mente de Isabella solo trabajaba esas dos únicas opciones y no sabría decidir cuál era la que más consecuencias negativas acarrearía. Enrolló el pergamino y no perdió más tiempo, desplegó sus alas, que casi ocuparon todo el salón, y saltó hacia el vacío. Podría haber usado las escaleras de la Iglesia, pero habría tardado más y no querría esperarlos mucho teniendo en cuenta que ya estaban lo suficientemente enfadados con ella. El viento le azotó los cabellos, al igual que sus alas azotaban el aire. Su ropa iba desintegrándose a medida que ascendía y dejaba atrás la Tierra. Se vio envuelta en negrura y frío, como si le pasaran un hielo por el interior de los huesos. Después esta sensación desapareció para dar paso a una cegadora luz dorada y a un calor que te derretía hasta quedar como oro fundido. Un hombre mayor, de cabello gris hasta los hombros y túnica roja hasta los pies, la cual arrastraba por el marmóreo suelo, la estaba esperando junto a unas rejas tan altas que casi no se distinguían cuando acababan.

―¡Corre Isabella, los Arcángeles te aguardan! –la apremió cuando el sonido metálico de las rejas doradas se abrieron por una mano invisible cuando ésta se acercaba.
―¡Gracias Pedro! –le dijo la chica levantándose la falda del vestido de lino blanco.

Corrió sobre pies descalzos, notando un suelo que se moldeaba a la perfección a sus pasos. El cabello se le pegaba a la nuca y las manos le sudaban. A diferencia de la Tierra, el Cielo era una fuente eterna de luz y calor. Llegó el edificio de Justicia, donde se celebraban los juicios y demás reuniones importantes donde todos los rangos se reunían. Atravesó los desiertos pasillos, con agitados jadeos de cansancio resonando por las paredes y los techos abovedados. Dos guardias que vigilaban las puertas de la Sala de Reuniones, dejaron entrar a Isabella y en cuanto esta estuvo en el centro de la sala, siendo observada por más de diez pares de ojos, sintió que las piernas empezaban a fallarle.

El Mandato Celestial, que había estado conversando en voz baja, calló de repente y miró con atención a la recién llegada. Solo Gabriel sonrió como saludo y Lierna se limitó a alzar un poco la comisura de los labios, pero la sonrisa no le llegaba a los ojos.

―Isabella –la voz de Rafael, que ocupaba la silla de gran respaldo de terciopelo color beige, en el centro, resonó como mil campanas avisando a una ciudad del siglo XVIII-, adelante.

Isabella, si bien se había sentido intimidada ante el autoritario tono del arcángel, no lo demostró. Caminó con firmes pasos, decidida a no mostrarse vulnerable ante el Mandato que bien estaba a punto de sacarla de su caso, de dejarle simplemente sin el trabajo como Guardiana, o por último, cortarle las alas.

―Creo que bien sabes el motivo por el que estás hoy citada –Rafael se había sentado y Miguel había substituido su puesto como voz campante de la sala.
―Y si no, te lo explicaremos.
―Acércate más, Isabella, querida –le pidió Gabriel, haciéndole un gesto con la mano. El anillo resplandeció en su dedo anular, delgado y blanquecino como las mismas nubes. Las uñas estaban tan bien pulidas que casi parecían de porcelana.

Cuando Isabella llegó justo al frente de la gran mesa de mármol, donde distintas pinturas históricas estaban representadas. Lierna se levantó y puso la mano por encima de las representaciones, y el mar que estaba ilustrado empezó a cobrar vida. Unas olas, oscuras y afiladas, hicieron que las demás pinturas se desvanecieran y que en el centro de ese mar que había dejado de ser turbio, aparecieran las vivas escenas de la noche de ayer.

Apareció Hank golpeando a Justin, dejándole en el suelo con sangre cayéndole de la mandíbula, las mejillas magulladas y raspadas; y a continuación, Isabella golpeando a Hank con una botella. El hombre había caído al suelo de bruces e incluso había levantado algo de agua que se había encharcado bajo él. Las imágenes desaparecieron en cuanto Lierna alejó la mano de la mesa.

―Sabes que está estrictamente prohibido que una Guardiana hiera a un humano –habló Rafael, con su típico y autoritario tono de voz. De los tres, era el que más respeto infundía. O mejor dicho, temor.
―Sé que mi acto no fue el apropiado, pero de no ser así Justin podría haber sido asesinado.
―Había varias opciones a escoger antes de agredir a un humano.

Permaneció callada. Arcángel uno, Guardiana a punto de perder su trabajo, cero.

―Tuve que actuar con rapidez, el momento lo requería –argumentó Isabella. No agachó la cabeza ni bajó la vista mientras habló, pero se retorció los dedos tras la espalda. Estaba nerviosa, tenía que admitirlo. Era la primera vez que la citaban en un… ¿juicio? La verdad es que tenía toda la pinta.
―Y dejar inconsciente a un hombre fue lo primero que se te pasó por la cabeza… te estás dejando a ti misma en evidencia, Isabella.

Arcángel dos, Guardiana a punto de perder su trabajo y posiblemente el equilibrio, cero.

La dureza con la que empleaba Rafael las palabras devastaba a Isabella como bastonazos en el pecho. Gabriel, que se percató de cómo su hermano estaba actuando, decidió intermediar.

―Lo que queremos decir, Bella, es que podrías haberte ahorrado el haber golpeado a ese hombre. Sabemos que no fue con malas intenciones y que más tarde te preocupaste por su estado. Pero una cosa no quita a la otra.

Isabella asintió con la cabeza.

―No volverá a ocurrir.
―Por supuesto que no volverá a ocurrir, porque después de ver todo lo que tenemos aquí, es difícil que dejemos que continúes con éste caso.
―¿Cómo? –la voz de Bella se elevó, sin que ella se diera cuenta, unas cuantas octavas- No podéis apartarme del caso.
―Enumera los motivos que creas que tendríamos que tener en cuenta para dejar velarte por Justin –Rafael alzó una ceja, la pregunta obviamente había sido retórica. Él y todos los ahí presentes sabían la respuesta- Oh, sí, ¡porque estás enamorado de él!

Su voz se ecualizó por la estancia como si ésta se tratara de una cueva que no ha sido visitada durante más de cien años. Isabella permaneció como una estalagmita y Rafael era la bestia que amenazaba al explorador por haber allanado su guarida. Todo muy cómico y algo absurdo para la situación que Isabella estaba viviendo, pero así era como su cabeza había estado recreándolo todo.

―Yo no estoy enamorada de Justin, solo…
―Solo tienes una íntima y peculiar relación con él que nunca antes habías tenido con ninguno de tus otros casos.
―Él es… especial –no quiso que así sonara, pero su voz titubeó al hablar.
―¡¿Especial?!
―Rafael, cálmate –le pidió Gabriel, colocando una mano en el hombro de su compañero, tenso y rígido. El Arcángel mantuvo la mirada sobre Isabella durante un par de segundos más antes de volverse a sentar y dejar que sus hermanos se ocuparan del resto. Él estaba bastante alterado por ahora.
―Isabella, debes saber que para ningún Guardián o Guardiana está permitido mantener ningún tipo de relación estrecha entre humanos.
―Creía que teníamos que amar al prójimo.
―Eso estaba escrito para ellos, no para nosotros –explicó Rafael ahora algo más tranquilo.
―¿No puede un Guardián sentir amor por los humanos? –preguntó Isabella frunciendo el ceño.
―No esa clase de amor –respondió Gabriel, que había sonado tan dulce que incluso aunque la respuesta había sido la que Isabella menos esperaba, le había complacido.
―Dios quiere que seamos felices, no entiendo por qué no nos está permitido…
―¡Porque nosotros hemos sido creados para servir, no para amar! –alzó Rafael la voz, que de nuevo había vuelto a encenderse como el fuego celestial que ahora reflejaban sus ojos- ¿Sabes quién fue el último que dijo amar a un humano? ¡Tu padre!

Arcángel infinito, Guardiana definitivamente derrotada.

―¡No Isabella, no me mires así, sabes bien que llevo toda la razón! –golpeó la mesa con los nudillos y el oro del anillo resonó sobre la marmórea superficie- Ya no es porque tengamos prohibido relacionarnos tan íntimamente con los humanos, sino que no nos fiamos, desde lo de tu padre, de cualquier que diga amarlos.
―Rafael, basta. Ella no tiene por qué ser tratada así –habló Lierna, que hasta ahora no había alzado.
―Ella debe saber que si no mesura sus acciones, puede acabar convirtiéndose en una Caída como su padre y siendo repudiada por todos los de su especie –Rafael clavó su ardiente mirada en la apagada de Isabella- ¿Es eso lo que quieres? Renunciarías a tu divinidad simplemente porque un humano te hizo caer en la tentación?
―No es ninguna tentación el estar con Justin –dijo Isabella. El pronunciar su nombre le había hecho más fuerte y una extraña confianza la embriagó como la primera vez que olió la colonia de Justin- Es necesidad.
―Es obvio que entre los dos sentís algo el uno por el otro, y es por eso que debemos alejarte de este caso. Es, básicamente, cortar por lo sano.
―¡No podéis permitir que me aleje de Justin, no ahora cuando más necesita! –gritó desesperada, aferrándose a los bordes de la mesa. La sumisa Isabella había dejado paso a una fiera que devoraría cualquiera que intentara atacar a su cría, y en este caso la cría era Justin. No solo tenía que protegerlo porque así se lo habían encomendado desde un principio, sino porque tanto él como ella lo necesitaban
―¿Necesita el qué, tus cuidados o tus cariños? –ella frunció el ceño- Esto lo hacemos porque nos preocupamos por ti, Isabella, no porque queramos hacerte la vida imposible.
―¿Qué vida? ¿Acaso llamáis vida a estar sometida a unas estúpidas normas que no te permiten ser feliz?
―Isabella debes comprender que nuestro motivo de creación no ha sido pasárnoslo bien, sino servir a nuestro Señor y a los hombres.
―Por más que insistamos va a seguir sin entenderlo –dijo Rafael frotándose las sienes- Está todo decidido, enviaremos a Augustus o a Anabelle.
―Espera, espera –Lierna alzó la mano como si estuviese en primaria y tuviese una duda que exponer ante la profesora- Decidido para ti, pero no para el Mandato. Esto se vota, como todas las reuniones y juicios que se realizan aquí.

Aquello no pareció agradar a Rafael. Su rostro pronto se crispó e Isabella, intentando reprimir una sonrisa triunfal, bajó la mirada y empezó a jugar nerviosa con los dedos.

―Así pues, ¿aun sabiendo que ha infringido varias normas y que su divinidad está en juego solo por sentirse atraída por los deseos carnales que un humano le ha estado tentando, vais a dejar que conserva a Justin como su caso?

Se produjo un silencio incómodo en la sala cuando Rafael formuló la pregunta. Era obvio que no sentía especial aprecio ante la Nightmare. No desde que su padre le había provocado tantos dolores de cabeza con su descenso. Los integrantes del Mandato se miraron entre sí, debatiéndose mentalmente cual debía ser el veredicto oficial.

―¿Y bien? –preguntó impaciente Rafael.
―Hermano, deberías pedirle a Zafiro que te prepare una infusión –le recomendó Gabriel, apartando sus dorados rizos de la frente.
―No quiero ninguna infusión, solo quiero que se haga lo justo en lo referente a estos casos. Agredir a un humano, enamorarse del mortal al que protege…
―Sé que mi padre ha cometido errores en el pasado y que de un modo u otro parece que yo esté siguiendo sus pasos, pero os aseguro que nada de lo que hago es intencionadamente… yo no he elegido sentirme tan ligada a la Tierra, ni amar a las personas como se aman entre ellas. Solo… lo siento, y sé que no puedo tratar de erradicar este sentimiento, porque eso significaría renunciar a mi autentica felicidad.

Las palabras salieron de su boca como una cascada y no se detuvieron hasta que, Isabella, sin aire, estuvo obligada a dejar de hablar. La reacción entre los allí presentes fue clara. Estaban a favor de Isabella. Obviamente tenían en cuenta que las infracciones que había cometido no debían volver a repetirse, pero confiaban plenamente en ella y sabían que sus propósitos para la humanidad nunca serían negativos. Lucian no tuvo eso en cuenta cuando decidió intimar con una humana, por eso se le arrebataron las alas y expulsaron del reino.

―Muy bien –entendió Rafael, mirando cómo todos habían reaccionado ante el discurso de Isabella. Era obvio que la joven Guardiana se había ganado el aprecio de todos- Ya veo lo que está decidido.
―Pero no debes olvidar, Isabella, cuál es tu auténtico objetivo.
―Lo sé, Gabriel.
―Y que por mucho que te cueste luchar contra esos impulsos de amor que ahora ha parecido crecer en ti por ese chico, debes intentar pararlos y no traspasar la muralla entre amar y pecar.

¿Amar y pecar? ¿Cómo podían unir dos conceptos tan distintos en una misma frase? ¿Desde cuándo había una línea que marcaba amar y cometer un pecado? Se suponía que querer era algo bueno, no malo. De todas formas no dijo nada, se limitó a asentir con la cabeza y a escuchar lo que sus superiores tenían que decirle.

―Con pecar nos referimos a realizar el acto carnal –habló Lierna, dulce y maternal como siempre- Si ya de por sí no nos está permitido amar, menos actuar como una pareja o tener relaciones sexuales. Sabes que eso será gravemente sancionado.
―No tendréis que repetírmelo, os lo aseguro –asintió Isabella, sintiendo cómo en su interior crecía un estado de euforia.
―Así pues –dijo Gabriel levantándose y sonriendo contento de que el juicio no haya sido llevado por mal camino-, espero que tus labores como Guardianas te estén siempre presentes y que esta reunión te sirva de algo, Isabella.
―Por supuesto –contestó ella.
―Confiamos en ti –comentó Miguel, también levantándose. Al final todos los del Mandato acabaron poniéndose en pie, incluido Rafael, que no parecía muy complacido-, pero entiende que desde lo de tu padre…
―Sí, sí, es totalmente comprensible, Miguel –contestó Isabella- Yo no cometeré el mismo error que mi padre, no dejaré que mis sentimientos se… exterioricen.
―Entonces, no tenemos nada más por decir –dijo Gabriel, sonriendo- Puedes irte.

Isabella sonrió también, victoriosa y aliviada por haber salido ilusa de aquél juicio. Miró por última vez a Rafael, que con rostro impasible, mantuvo la mirada fija en Isabella.

Arcángel cero, Guardiana que continuaba con su puesto y con su chico, mil.

Cuando salió de la Sala, un pasillo luminoso, vacío y amplio le dio la bienvenida. Habían pasado horas, pero sentía que aquello le era totalmente distinto, nuevo. Corrió hasta salir del Edificio de Justicia y llegar a la plaza, en la cual se detuvo para sentir el clamor de las almas que habían acabado la transición de la Tierra al Reino con ayuda de Guardianes como Jacob, que en ese momento estaban ayudando a un niño de catorce o quince años a dejar de llorar. Isabella, que mantuvo la mirada fija en su amigo, pronto recibió la atención que buscaba y acabó siendo observada por éste mismo. Jake le pidió a Phoebe, su compañera, que se encargara de Samhuel.

Ambos amigos se encontraron, uno enfrente del otro, y cuando menor era la distancia, más alejados se sentían.

―Ya me han dicho que el Mandato te había llamado para reunirse contigo.
―Las noticias vuelan –dijo la pelinegra sonriendo. Jake la miró pidiendo una explicación sobre el juicio- Querían alejarme del caso, o qué sé yo, quizá hasta quitarme el puesto de Guardiana.

Jacob abrió los ojos totalmente sorprendido, la noticia le había pillado desprevenido.

 ―Han visto cómo agredí anoche a un hombre por intentar defender a Justin y… bueno, saben que mi relación con él no es únicamente de Guardiana a mundano.
―Entiendo –Jacob frunció tanto los labios que incluso pareció que éstos hubiesen desaparecido. En lugar de ellos quedaba una fina línea rosada- ¿Y al final qué?
―Mientras no se repita lo de Lucian, sigo con mi trabajo y protegiendo a Justin.
―¿Y crees que podrás? –preguntó él- Ya sabes, estar con él y no poder hacer nada a pesar de… amarlo.
―Será difícil –respondió Bella soltando un suspiro- Pero prefiero ser una abstenida a perder mis alas o poner a Justin en peligro. Sé que si ahora me alejan de él podrá acabar peor de lo que ya está.
―Entonces todo sigue igual que antes, solo estás, mhm, avisada.
―Sí, algo así –asintió ella con la cabeza, frunciendo también los labios como anteriormente Jacob estaba haciendo.
―Escucha, me gustaría que olvidaras lo del otro día, lo que pasó en tu casa.
―Oh, lo del…
―Sí, yo no hablaba en serio cuando decía que te delataría ante los Arcángeles –le explicó Jacob totalmente avergonzado- Solo estaba celoso. No es agradable ver a la mujer que amas dormir con otro hombre, y menos si éste es un humano al que no se le está permitido tener relaciones.
Isabella no supo si reír, pero el comentario de su amigo le había hecho gracia de todas formas.
―Tendría que haberme dado cuenta de tus sentimientos mucho antes, Jake. Realmente lo siento muchísimo.
―No te disculpes, uno no elige a quién romperle el corazón.
―Oye –se quejó la pelinegra cruzándose de brazos- Está haciendo que todavía me sienta peor.
―Era broma, era broma –rio el moreno, mostrando una perfecta hilera de blancos y regulares dientes.

Isabella acabó contagiándose de sus carcajadas. Se sentía aliviada de por fin volver a reír con su mejor amigo. ¿Qué haría ella sin él? ¿Sin sus bromas o chistes malos? ¿Sin su hombro en el que apoyarse y su inseparable sombra que no se despegaba de ella a pesar de las numerosas calabazas que le había estado dando a lo largo de los años? Ese era Jake.

―Además, no vayas de hombre con el corazón partido cuando está claro que entre Phoebe y tú hay algo.
―¿Phoebe?
―¿Quién sino? Solo hay que ver cómo te mira.

Ambos se giraron “disimuladamente” hacia la rubia que sujetaba un oso de peluche de un niño que no paraba de colgarse de su pierna. La chica había estado mirando a la pareja de amigos desde hacía rato y cuando la pillaron con los ojitos echados en Jake, ésta alejó la mirada algo avergonzada.

―Bueno, parece que el Casanova vuelve a sus andadas –dijo Jacob abriéndose el cuello de la camisa blanca- Habrá que hacer algo al respecto con esa dama careciente de amor.
―¿Tan rápido me olvidas? Creía que era el primer y único amor de tu vida.
―En esta vida hay que pasar página, Isabella, o las palabras de cada capítulo te atormentarán y no dejarán que te acabes tranquilo el libro.

Isabella sonrió. Su amigo tenía frases para todo, parecía que las ensayaba antes de salir de casa o simplemente se las apuntaba en la palma de la mano.

―Entonces, ¿todo vuelve a ser como antes? –preguntó Isabella.
―No antes de que me des un abrazo, enana.
―Ahí abajo soy de las más altas –respondió Isabella frunciendo el ceño.
―Ya bueno, el tuerto en el reino de los ciegos también es el rey –añadió Jake para finalmente abrir los brazos hacia su amiga y dejar que éste se estrechara entre ellos- Escríbeme, gandula. Nunca lo haces.
―Se me olvida.
―Ese Justin te tiene la cabeza loca.
―O el corazón, Jacob. O el corazón.

Cuando se separó de su amiga, le revolvió el cabello, haciéndola molestar como siempre y provocando que le diera un manotazo en la mano.

―Sé que lo vuestro es algo imposible o condenado al fracaso, pero aún así tengo fe. Lo vuestro parece real.
―Ojalá sea así como tú dices, Jacob.

Él sonrió, con el corazón destrozado por el rechazo de su amiga y a la vez recomponiéndose poco a poco al ver que ésta era feliz. Porque lo único que quería él era su felicidad. Dicen que estás realmente enamorado de una persona cuando solo deseas a toda costa su felicidad. Y él definitivamente lo estaba, porque prefería mil veces estar él sufriendo antes que ella. Y de eso se trataba el amor, a veces se ganaba y otras se perdía, aunque siempre habría un corazón roto en la historia. Y esta vez era el turno de Jake el tratar de recomponerlo trozo a trozo.

―Deberías irte, tu amado te necesita.
―Ahí abajo son como las seis de la mañana, no creo que necesite a nadie para roncar –soltó ella carcajeando.
―Nos vemos pronto, Izzy.
―Siempre, Jake –le dio el último abrazo a su amigo y salió corriendo, escuchando como Jacob le pedía estrictamente que la próxima vez que subiera a verle le trajera una de esas bolsas de patatas que tanto se comían últimamente, Kamis o Sakis, había dicho él- ¡Son Takis, pedazo de idiota!
―¡Eso! –gritó sonriente- ¡Que no se te olviden!

Soltaron los dos una última carcajada al mismo tiempo, coordinados, a pesar de que estaban separados por unos largos metros. Cuando Isabella llegó a las puertas doradas que San Pedro protegía, éste le sonrió al ver que había salido ilesa del juicio.

―¡Cuánto me alegro de saber que seguimos contando con una de las mejores Guardianas del Reino! –exclamó alegre el hombre mientras le abría las puertas a Isabella- ¡Si es que ya lo sabía yo que no podían quitarte el puesto!
―Yo también me alegro mucho de permanecer con mi puesto de trabajo, Pedro–respondió la muchacha levantándose la falda para no arrastrarla por las escaleras. Había decidido optar por ese camino a tener que volar ella misma, estaba algo cansada para hacerlo- Nos vemos la próxima vez que suba.
―Espero que no sea pronto, siempre que lo haces es porque te metes en líos.

La chica soltó una risita y empezó a descender, escalón a escalón, observando como todo a su alrededor se ennegrecía y se plagaba de estrellas que iluminaban su camino hasta la Tierra. Para cuando llegó, había tenido que pasar por mil y un galaxias y Reinos distintos, había visto infinidad de estrellas y cada una de ellas tan espléndida como la anterior. Su vestimenta había pasado de ser un largo vestido a pasar a una falda y abrigo negro algo sucio y húmedo. Su piso no estaba lejos, pero sentía que las piernas pronto le fallarían. Había gente aún en la calle a pesar de ser domingo… o lunes a las seis de la mañana. Decidió que, nada más meterse en la cama, no saldría de ella aunque la alarma para ir a clases le sonara veinte veces. Se merecía un descanso, y más cuando había vivido tantas experiencias en una sola noche.

Sus alas se habían visto amenazadas durante breves pero intensos segundos, además de su puesto. Pero lo que más temía de perder era a Justin. Había sentido como sus pulmones se quedaban sin oxígeno cada vez que Rafael mencionaba el tema de alejarla del caso. Y eso que ella en el Reino no tenía ningún órgano vital, solo era esencia, nada de carne y hueso. Solo alma.

Los párpados empezaron a caerle y un último pensamiento rondaba por su mente antes de volverse totalmente oscura y vacía para caer en los brazos de Morfeo: el saber que podría estar con Justin un tiempecito más.

Pero… sí, aun así había un ‘pero’. Aun sabiendo que ambos, tanto Justin como Isabella, eran correspondidos el uno por el otro, ésta última tendría que luchar contra los impulsos de unirse a Justin de todas las maneras posibles.


No sabía qué sería más difícil, si vivir sin él, o tener que convivir día a día con su pecado en persona. 



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Lo sé, sé que quereis quemarme en una hoguera, asesinarme, amputarme o una infinidad de barbaridades que no podría ni nombrar, pero os juro que el capñitulo lo tenía hecho desde hace tiempo. Pero... sí, hay un pero. Pero el caso es que se me borró, y como mi ordenador no va de maravillas -de hecho va como una puta mierda-, pues se me quitaron todas las ganas de volver a reescribirlo. Además de que han habido un par de problemillas familiares, exámenes y blablabla.

A lo importante, al capítulo. Sé que es un poco cutre, pero necesitábais saber qué pensaban los Arcángeles sobre la relación que mantienen Justin e Isabella. Sé que entre ellos aún no ha pasado nada pero es obvio que los dos sienten algo el uno por el otro y eso es lo que está prohibido para Bella. 

Por si no ha quedado muy claro, los Arcángeles debaten con Bella que un ángel no ha sido creado para amar sino para servir, y que el único tipo de amor que pueden servir hacia un humano es el que Dios les ha enseñado para que la especie y la humanidad no se vea amenazada. El caso es que un ángel no puede amar a un humano como si fuera una pareja, porque eso rompe todos los esquemas.

Respecto al padre de Bella, Lucian, que sé que no hablo mucho de él y lo poco que he explicado quedó así un poco en el aire hace un par de capítulos, es que dijo que se había enamorado de una mortal. Obviamente eso estaba mal visto por el Mandato y le cortaron las alas -también hubo triqui triqui, que eso es lo peor-, y por eso es que no se fian mucho de Isabella en cuanto se enteran que está enamorada de Justin. 

El padre de Lucian tendrá un papel importante durante el transcurso de la novela y creo que no debéis perderlo de vista ni pensar que es algo secundario porque será lo que le de un giro totalmente distinto a la historia. 

Aclaración más simple posible: A Isabella la dejan libre pero no puede manifestar sus sentimientos con Justin, osease, nada de besos ni mimitos. Fiasco, lo sé, pero es lo que hay. Ya sabeis que tengo una norma de oro para hacer que el beso se haag de rogar y sea de lo más inesperado posible. 

Y no sé, creo que no tengo nada más por decir, solo daros las gracias por seguir aquí a pesar del tiempo que llevo ausente y pediros una y mil veces más que me perdonéis por ser tan irresponsable y dejar el blog muerto durante más o menos un mes. Este es el primer capítulo que cuelgo en el 2014 y sé que no es nada del otro mundo, pero los que vienen a continuación serán mucho más interesantes y cargados de movidas. 

Besos a todas, sois increíbles.

15 comentarios:

  1. Te escribo a toda hostia y con amenazas de mi madre.
    Me ha gustado el cap., no puedo decir que me ha encantado porque there's no action, pero está bien para ir adelantando conceptos. Si no, no tendría sentindo nada. Lo que me jode es tu puta norma de que se tiren 70 capítulos sin mimitos, como tú los llamas. Es un poco asco, pero esos momentos de tensión entre ellos... ay, me encantan.
    Eso Mina, no te puedo poner testamento bc mi madre me mataría si tardo básicamente un segundo más de lo debido.
    Espero entusiasmada el siguiente capítulo, mi amor<3

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  2. Eres idiota no pasa nada, es genial el capitulo y te entendemos no es facil escribirlo cielo. Pasate por mi novela cuando puedas amor.

    - http://www.dejameamarteamiforma.blogspot.com

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  3. Al fin Mina, ya me daba un infarto o: pensé que no escribirías mas :( sigue escribiendo cuanto puedas se que ha veces es difícil que fluyan las palabras & los problemillas siempre se hacen presentes...pero no la dejes & respecto a este capitulo ha sido de maravilla espero ansiosa el próximo ♥

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  4. Yo... yo... yo... n e c e s i t o m á s.
    I cant. O sea que capitulo más asdfghjhggf entre el momento de Sean, Justin e Isabella, que se nota mucho que a Sean le gusta ella (en plan, para Justin) :''')))
    Y con los arcángeles, omggg.
    No sé, me suena a mí a que Rafael que es el más serio y tal, tiene que ser un cacho de pan. Y tiene que tener alguna debilidad, no sé, déjame, mis paranoias.
    Y CUANDO A HABLADO CON JACOB, CUANDO HA DICHO LO DE LOS TAKIS, SOCORRO ASDGHGFSDXHEADSHSFHSASHAHAGHGAESHRWSDFHS.
    No tardes tanto en subir, por fi por fi por fi.
    Un kiss, api. ♥

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  5. Perfecta*-*
    Sigurla pronto
    Kisses
    Roxii;)

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  6. tranquila entiendo......pero ah muero como coños pueden hacer algo asi hahha TAKIS mori mas ah espero que la sigas pronto y no tardes nose que meda... okno

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  7. Si esto no es un capítulo bueno, no me quiero ni imaginar que es un capitulo bueno. Estoy deseando ese besoooo dios, son mas monosos. Y por lo de no escribir, lo entiendo, examenes, problemas, la motivacion para hacerlo... Y sobre todo la inspiracion. Que nunca está cuando la necesitas. Bueno, eso que me encanta.
    Sube cuando puedas. Besos ♥

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  8. HOLAAAAAAAAAAAAAAAA, AQUI ESTA AROA EN CLASE DE INFORMATICA.
    Bueno, que decirte que ya no sepas. Sabes que cada capitulo me encanta mas que el anterior.
    Aunque no pasen muchas cosas los capitulos son hygszdhdhfdzi. A mi, personalmente me gustan MUCHO MUCHO, (y aunque no se besen me sigue gustando) No es lo más importante que se besen, pero si se besan mejor eh *lo dejo caer asi disimuladamente*
    Ahora quiero saber que va a pasar después de esta charla con los arcángeles. Por que Bella está jodía xd.
    Y Justin, pobre Justin que es ageno a todo. Me da penilla por que se cree que Bella no le quiere o algo con tanto rechazo JAJAJAJAJA.
    PD: Lo de los takis no faltaba. Cuando lo leí digo jdajhasdkjsdafff takiss.
    " ―Ese Justin te tiene la cabeza loca.
    ―O el corazón, Jacob. O el corazón."
    *Suena música de violines de fondo y caen petalos de rosa*
    Bueeeeeeeno, me despido ya por que la profesora me está mirando. SI me pilla le digo que se lea tu novela a ver si le gusta JAJAJAJA
    Byeeeeeeee - reallybiebur <33

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  9. Y cada vez que le rechaza estoy como: https://31.media.tumblr.com/3faca49d945606ea95c37e1c2f134ba4/tumblr_inline_n0m9zuA2UC1swnr1l.gif
    Sufro vale, sufro. TIenen que estar juntos.
    Bueno ahora si que me voy, chaoooo- AROA.

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  10. heermoso capitulo Mina ... trata de subir mas seguido no ves que tus lectoras nos desesperamos ascvbhbdj

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  11. Perfecto, como siempre ♥

    Siguela pronto xfisss :)

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  12. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  13. Ay, ay, ay, muero. Justin ya no tiene LSD:"c asdfghjkl, no supero esa parte de "-Ése Justin te tiene la cabeza loca. -O el corazón, Jacob. O el corazón". Ay, ay, ay, que no respiro, que me da algo tía. Bueno, el capítulo estuvo G-E-N-I-A-L, me encantó! Ése Rafael como que no me cae, eh.
    Ah, ¡y no pudieron faltal los takis! Cuando lo he leído me he quedado tipo "really,bitch?" Y me comencé a dar cabezasos contra la pared. ¿No podías poner... no sé... oreos? Ésas sob muy populares también, eh Jacob #justsaying




    -@lachowskisbitch

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  14. mina, soy aroa, me estoy desesperando muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuucho.
    Sube pronto xk m d algoh
    tk tk <3

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  15. lo digo muy enserio eh mina, me desespero eh, ME DESESPERvale yaxd
    Sube pronto plssssssssss -reallybiebur

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