¿Cuántos somos ya?

8 de diciembre de 2013

«Ángel; capítulo once»

"and he forced himself to be strong"
{x}


Llegaron al bar, este atestado de gente fumando, bebiendo y algunos simplemente hablando. Isabella se sorprendió de la cantidad de alcohol que estaba siendo consumido a esas pocas horas de la tarde. Era increíble lo que la gente llegaba a beber. Justin estaba siendo observado por la mayoría de chicas que ahí estaban, pero él no le hacía caso a ninguna. Su atención estaba puesta en Isabella y la reacción que ella ahora estaba teniendo.

―La gente es mejor de lo que crees –le susurró al oído tras ver la cara de susto que se le había quedado tras haber sido saludada por un hombre con barba y rastas que llevaba una bandeja con bebidas.
―Ya, bueno –asintió no muy convencida.
―Id a buscar una mesa –les indicó Cassie a Bella, Justin y Murray- Sean y yo pediremos las bebidas.
―Dos cervezas –dijo Justin mirando a Murray.
―Tres –habló el afroamericano.
―Conmigo cuatro. ¿Y tú Isabella?
―Mhm… un agua.

Los chicos la miraron divertida, pero no dijeron nada. Cassandra con una sonrisa divertida se fue con Sean hacia la barra y el resto en busca de una mesa libre. Aquél bar era grande, sí, pero había demasiada gente en ese momento, y el acceso a caminar libre estaba privado. Tenías que moverte a empujones y estar a diez centímetros de tu acompañante si no querías perderte entre tanto tumulto de gente.
Isabella por un momento se vio incapacitada para seguir caminando pues un grupillo de chicos le obstruían el paso. Justin, que al mirar atrás, no vio a su chica, alargó el brazo y le cogió la mano, tirando de ella y sacándola de ahí.

―Gracias –dijo ella con alivio.
―¡Eh, aquí hay una! –gritó Murray agitando sus brazos para que Justin e Isabella lo vieran.

Éstos le siguieron y se sentaron en la mesa con dos sofás a su alrededor. Estos eran de cuero negro, aunque algo desgastados y rotos. La mesa tenía una placa de metal en el centro y el resto era todo madera oscura con grabados en ella. Había distintas frases o nombres, corazones y fechas. Sean y Cassandra llegaron con las bebidas en menos de dos minutos y pronto estaban disfrutando de la frescor de las bebidas pasarles las gargantas.

Isabella estaba algo cohibida, pero la presencia de Justin la relajaba. Y más cuando la mano de él rozaba la suya por debajo de la mesa, tranquilizándola, pues sabía que estos ambientes no eran lo suyo. Lo supo desde el día de la pelea, cuando por apostar y perder todo su dinero le pegaron una paliza. Ella fue a socorrerle, a salvarle el cuello de toda esa mierda. Por eso se lo debía todo. Le debía el mundo entero, le bajaría la luna si hiciese falta.

―Oye Isabella, háblanos de ti –dijo Cassandra- Llevamos toda la hora diciendo tonterías y seguro que tú tienes cosas más importantes por contar.

Ella dejó la botellita de agua encima de la mesa y miró de reojo a Justin, quien había soltado la cerveza y ahora recogía el líquido dorado de sus labios con la lengua, pasándola por encima de estos y dejando una capa brillante.

―Bueno, no sé qué contar –dijo encogiéndose de hombros.
―¿Eres italiana? –empezó Sean- Por el nombre, vaya.
―Mhm, bueno, mi madre lo era.

Era. Su madre lo era. Justin notó el pasado en aquella oración y pasó de preguntar por la mujer que le dio la vida. Incluso quiso cambiar de tema, hacer que sus amigos dejaran de preguntarle, pero era demasiado tarde porque Murray asaltaba con la siguiente pregunta.

―Pero, ¿vienes de ahí?
―No, vengo de Nueva York.
―¿Qué te hizo mudarte de la Gran Manzana? –Cassandra estaba sorprendida- Quiero decir, ¡es Nueva York! Seattle no le llega ni a los talones.
―Lo sé, pero…
―¿Por tus padres? ¿Tenían que aceptar un trabajo?
―Sean –murmuró Justin entre dientes, clavando su mirada sobre al de él como dagas en fuego.
―No, vine yo sola.

No soltaron un grito ahogado por respeto a la pelinegra, pero obviamente esa respuesta los había dejado a todos alucinados. Justin se dio cuenta que en realidad no sabía nada de Isabella, ni de ella, ni de su vida, ni de nada en general. Nunca le preguntó el motivo de su traslado hacia Seattle, pero no creyó que lo hubiese hecho sola.

Isabella, una chica de dieciocho años –mortales-, había viajado sola desde Nueva York hacia Seattle, se había inscrito en un instituto nuevo y seguramente estaba viviendo sola en un piso de alquiler. aquello sin duda, era de una persona digna de respetar, una persona responsable, independiente, que sabía sacarse las castañas del fuego por sí sola. Pero, ¿por qué? Si su madre no estaba con ella, ¿qué había de su padre? Las dudas asaltaban la cabeza de Justin segundo sí y segundo también como una rápida ráfaga de imágenes, pasando por delante de él, enigmáticas. Isabella en sí era un enigma.

―Vaya es…
―Impactante, socia –acabó Murray la frase por Cassandra.
―¿Has venido sola? –preguntó de nuevo Sean. Ella asintió- Pero, ¿sola de sola?
―Sola de sola –afirmó la pelinegra riéndose.
―¿Y tu padre? ¿No te dice nada? Si mi hija se fuera sola con dieciocho años me volvería loco –comentó Murray.
―Bueno a él… no le importa mucho.

Comprendieron entonces que la pelinegra no estaba muy unida a su familia por distintos motivos. El primero, su madre había muerto. Y el segundo, su padre simplemente sudaba de ella. ¿Se merecía eso Isabella?, se preguntó Justin a sí mismo. Después de unos segundos mirándola, observando su sonrisa siempre para los demás, logró encontrar la respuesta: no, Isabella no se merecía eso. Nunca en la vida.

―¿Y por qué te fuiste?

Nightmare no quiso hacerlo, pero sin querer miró a Justin. Y éste lo notó. Su corazón de repente empezó a latir muy rápidamente, tanto como las alas de un colibrí, casi invisibles gracias a la rapidez con la que éstas se movían. Sentía sus pulso temblar y por primera vez se sonrojó. Justin estaba sonrojándose y bajó la mirada en seguida, escondiéndose detrás de su vaso de cerveza.

―Me apetecía un cambio de aires –se limitó a responder.
―¿Y te gustan estos nuevos aires? –preguntó Cassandra.
―Sí, me gustan –y nadie, excepto ella misma, sabía que el único motivo de que aquellos nuevos “aires” fueran de su agrado, era porque Justin estaba involucrado en ellos.

¿El señor Justin Bieber estaba, acaso, conquistando el corazón de Isabella Nightmare?

Era una posibilidad.

***

Pasaron los días, y con ellos, se acercaba el viernes. Era ahí cuando Isabella y Justin pasarían a visitar a Patricia Mallete al hospital. Pero antes de que eso sucediera, debían aguantar los largos e interminables días de la semana, al colegio y a los pesados profesores. No había ocurrido ningún drama más respecto al de Marcie. Ésta apenas asistía a clase o se dignaba a juntarse con Justin y sus amigos. Era un alivio para Bieber, pues le preocupaba que ésta pudiese acercarse de nuevo a Isabella y hacerle algo. La pelinegra era una de sus principales prioridades esos días. Ella, y bueno, el señor O’Canaghan, el cual no dejaba de darle la brasa con el alquiler. Estaba hasta el cuello de facturas y empezaba a desesperarse. ¿Qué haría en la calle? ¿Con quién iría? En su mente se iluminó el nombre de Isabella, pero sentía que se aprovechaba de ella, que la vergüenza por verse sin un puto dólar le mataría. No podría acudir a ella para que le salvara el culo otra vez. No de nuevo.

―¡Una semana más de retraso y estás de patitas en la calle! –le gritaba el señor O’Canaghan a Justin detrás de la puerta, aporreándosela una vez más- ¡Me da igual que tu padre y tu madre no estén y no te manden dinero, no quiero que estés más tiempo aquí!
―¡Cállese viejo estúpido! –le respondía Justin chillando desde el salón.
―¿Me has oído, niñato? ¡En una semana quiero mi dinero! –el anciano golpeó una vez más la puerta y se marchó, dejando a Justin solo en su casa.
―Hijo de puta –cogió la zapatilla y la lanzó contra la puerta, sacudiéndola.

Ahora estaba esperando a que Isabella saliera de la biblioteca para irse juntos a comer y luego pasar por el hospital a visitar a su madre. Así lo había decidido la pelinegra. Le invitaría a su casa a comer comida china y luego irían a ver a Pattie. Justin se opuso, no quería que fuera ella quien le invitara, quería que fuese al revés. Pero no tenía dinero, y la nevera estaba casi vacía, así que se limitó a encogerse de hombros y a asentir con la cabeza, porque además, Isabella era muy cabezona y sería difícil hacerle cambiar de opinión.

Esperó apoyado en la pared, al lado de la puerta, a que la pelinegra apareciera a su lado. Miró la hora y vio que se retrasaba cinco minutos. Suspiró y pensó en lo que alguna vez le había dicho su madre. Un suspiro es un aire que te sobra por alguien que te falta. Le faltaba ella, Pattie, su madre. Pero también le faltaba Isabella. Y como si el cielo hubiese escuchado sus plegarias, apareció ante él.

―¿Nos vamos? –preguntó sujetando unos  libros, los cuales estaba a punto de caerse.
―Dame eso, anda –se ofreció a llevar Justin todos aquellos libros- ¿Para qué son?
―Para leer –obvió la chica, él chasqueó la lengua.
―¿Algún trabajo?
―Simple lectura nocturna –respondió ella encogiéndose de hombros- ¿Llevas esperándome mucho tiempo?
―Unos cinco minutos.
―Lo siento.
―No importa, si se me hizo largo, es porque estaba deseando que aparecieras.

Ella le miró, anclada en el suelo por sus palabras. Éste notó su reacción y sonrió de lado, orgulloso de cómo la chica respondía a sus comentarios. Alargó el brazo y le rodeó los hombros, sabiendo que todas las miradas eran acaparadas por aquella acción. El instituto entero mirándolos. Los chicos comentando lo cabrón que era Justin por llevarse a todas las tías. Las chicas envidiando a Isabella por estar bajo los brazos de tremendo semental.

―Entonces, ¿en tu casa o en la mía? –le preguntó Justin con voz juguetona, refiriéndose si al final comían en la casa de la pelinegra o en la suya.

Nightmare lo miró, alzando la cabeza hacia él pues era más alto que ella. Juró que sus pestañas eran las más largas jamás antes vistas. Sonrió y negó con la cabeza, evitando reírse de la broma de su compañero.

―En mi casa –respondió para que después Justin, entre carcajadas, le frotara los hombros con cariño.

Llegaron al aparcamiento y Justin dejó los libros y las mochilas en el maletero. Se subió al asiento del copiloto e Isabella arrancó el motor, poniéndolo en marcha y dejando atrás al instituto, a sus respectivos alumnos y profesores, y dando paso a un fin de semana libre de tareas y estudios.

Justin estaba deseando llegar ya al hospital, ver a su madre, sostenerle la mano, presentarle a Isabella, decirle lo mucho que esa chica le había ayudado, lo bien que se llevarían, lo mucho que las quería, a las dos, a las únicas personas que llenaban el vacío de su corazón.

Mientras su cabeza se llenaba de pensamientos, los ojos de éste se paseaban de la carretera a Isabella, de Isabella a la carretera, de las manos de ésta agarrando el volante, a su perfil. De sus labios, curvándose hacia arriba de vez en cuando, a sus ojos, oscuros y fijos hacia el frente. De su cabello cayéndole por los hombros a su pecho subir y bajar con regularidad.

―Deja de mirarme tanto, estás intimidándome –habló Isabella, con la voz elevada unas cuantas octavas.

Él carcajeó, pero continuó mirándola.

―Lo digo en serio, Justin –y él no paró- ¡Justin!
―¿Qué? –preguntó entre risas, inocente, divertido, encantador.
―Que dejes de mirarme, eso.
―Pues deja de ser tan guapa.
―Oh, ¿estás flirteando conmigo? –preguntó la pelinegra riéndose, aunque estaba nerviosa.
―Mhm, ¿eso crees que hago?
―Conociéndote, sí.
―¿Conociéndome?
―Eres el rompecorazones del instituto.
―Pero ya no, he madurado.
―Ah, ¿sí? ¿Y desde cuándo?
―Desde que llegaste tú.

El coche se paró justo delante del apartamento de Isabella y ésta miró a Justin antes de abrir la boca para decirle algo. Pero nada salió, nada se le ocurrió. ¿Qué estaba haciéndole ese chico? ¿Y por qué? Se suponía que solo debía encargarse de que nada malo le pasara, y lo único que estaba consiguiendo era que se encaprichara de ella. Y eso no podía ocurrir. No debía dejar que eso pasara. Pero le era imposible alejarse de él, y más ahora, que dependía tanto de su presencia. Los dos dependían del uno del otro, aunque no tuviesen los ojos lo suficientemente abiertos para verlo.

Se bajaron del vehículo y Justin fue a por las cosas mientras Isabella abría la puerta del portal. Ambos entraron y esperaron a que las puertas del ascensor se abrieran.

―Es bonito –dijo Justin observando el portal. Blanco, encerado, con los buzones plateados y alguna que otra plantita decorativa.

El ascensor se abrió ante ellos y Justin le dejó primero el paso a Isabella, la cual al entrar presionó el botón de la quinta planta. Estos estaban atrapados entre cuatro metálicas paredes y el ambiente se tensó tanto que casi podía cortarse con unas tijeras. Parecía que por cada segundo que pasaba, las puertas iban apretándose más, y sus cuerpos se juntaban, y se juntaban, y se juntaban. El trayecto hacia la quinta planta le pareció eterno, y más cuando uno de los dedos de Justin rozó la palma de la mano de la morena. Justin o salía ya de ahí, o le arrancaba la ropa de tirón.

Se abrieron las puertas y por fin respiraron aliviados. Llegaron a la puerta en dos grandes zanjadas y el pequeño apartamento de Isabella quedó expuesto ante Justin. Éste pasó junto a la morena y cerró la puerta tras su paso, observándolo todo. Todo ordenado, todo limpio, todo… todo muy Isabella. Los muebles eran de un marrón chocolate y tanto las paredes como el suelo y el techo, eran blancos.

―Ven, dejemos esto en mi habitación –dijo Isabella tomando la mano del chico y guiándolo hacia esa zona de la casa.

Justin se dejó llevar y disfrutó del calor que emanaba la mano de Nightmare. El trayecto hacia el dormitorio se hizo demasiado corto, quería seguir sostenido de su mano. Para siempre. Que fuera ella quien lo levantara de todas sus caídas.

―¿Aquí? –preguntó sosteniendo las dos mochilas cerca de la cama. Isabella asintió y éste las dejó caer sobre el colchón- Es bonita.
―Todo te parece bonito, Bieber –dijo Isabella haciéndose una coleta- El portal, la habitación…
―Tú.
―Hoy estás muy capitán Pescanova.
―¿Capitán Pescanova? –preguntó él confundido, aunque con las carcajadas resonando por la estancia.
―Ya sabes, muy tira cañas.

Él estalló a reírse e Isabella se contagió de ellas, de sus carcajadas. Pronto estaban los dos limpiándose alguna que otra lagrimilla que corría de sus ojos.

―Vale, venga, ayúdame a preparar la comida –dijo Isabella tirando de la tela de su camiseta y echándole de la habitación.

Cruzaron el salón, que era espacioso y grande. Tenía un sofá y dos butacas, una mesa en el medio de madera y una televisión. Justin leyó a lo lejos el título del libro que estaba tendido sobre el sofá, con un punto de libro entre las páginas. Era Halo. El libro del ángel y el humano. De ese amor imposible, de esas fuerzas paranormales que amenazaban con destruir el mundo.

Justin negó con la cabeza. ¿Quién podría leer tal cosa? ¿Quién podría imaginarse tal cosa? ¿Quién, quién, quién? Pero, ¿y si el libro no fuera tan irreal como Justin creía?

***

La comida no había sido nada comparado con prepararla. Para empezar, cuando Isabella le pidió a Justin que pusiera el agua a hervir, este casi hace caer la olla por el suelo. Llena de agua. Hirviendo. Por suerte Justin fue rápido y la cogió al mismo tiempo que ésta escapaba de sus manos, aunque un par de gotas quemaron su piel e Isabella tuvo que aplicar una crema sobre ésta. Después de haber cocinado y limpiado todo, se sentaron en el sofá a ver la televisión, pues el horario de visita en el hospital era de cinco y media a diez menos cuarto, y tan solo eran las cuatro menos diez.

Justin pensó entonces en su madre, en lo pálida que lucía, en lo delgada que estaba y en cómo el camisón del hospital le quedaba de grande. Pensó en su cabello largo y oscuro caer en cascada por la almohada. En la máquina que retransmitía los latidos de su corazón, su pulso. En las flores seguramente apunto de marchitarse en la mesita de noche. En el rosario colgando del cabecero de la cama. En las lágrimas que él había derramado en esa habitación.

―¿Cómo va tu mano? –preguntó Isabella despegando la vista del televisor. El programa había acabado y ahora los anuncios estaban ocupando la gran pantalla.
―Va.
―¿Te duele o qué?
―Qué.
―¡Justin!
―¡Isabella!
―Oh, eres irritante.
―Y sin embargo aquí estoy, en tu sofá, viendo la tele, con cuidados intensivos y…
―Te echo de mi casa como sigas.
―No serías capaz –habla Justin sonriendo ladinamente- Estamos hablando de Justin Bieber. El guapo Justin Bieber, ¿de verdad querrías echarme de tu casa?
―Oh, claro que sí.
―Piensa en lo que este cuerpo podría darte –dice señalándose a sí mismo, haciendo reír a la pelinegra- Piensa en cuanto placer podría darte y…
―¡Cállate!

Él soltó una carcajada y cogió a Isabella del brazo para acercarla más a él. Mucho más a él.

―Hay que ver lo roja que te pones cuando te toco, cualquiera pensaría que te gusto.

Y cuánta razón tenía. Si Isabella tuviese la libertad de mantener con él el tipo de relación que ella quisiese, si lo que ambos sentían no estuviese prohibido, habría aceptado el beso que Justin estaba dispuesto a darle. Porque sí, sus labios se acercaron tanto, que su aliento quemaba sobre la boca de ella. Y el pulso se le aceleró tanto, que no tuvo el control suficiente para apartar a Justin por el pecho.

―Creo que deberíamos ir yendo al hospital –habló la pelinegra cerca de su boca. Tan cerca, tan pero tan cerca… y a la vez tan lejos.

Justin apretó la mandíbula, confundido y por un momento ido. Era la primera vez que una chica le rechazaba, que le hacía la cobra. Aunque lo peor no era eso, sino que aquella chica había sido Isabella. Se mordió el interior de la mejilla y asintió, levantándose al mismo tiempo que ella para ir a buscar las chaquetas y las llaves. Salieron y el exterior era frío, pero la calefacción del coche lo solucionó todo. El trayecto hacia el hospital fue sumido en un sepulcral silencio que únicamente fue interrumpido por el rugido del motor y alguna que otra canción que Isabella tatareaba.

El vehículo frenó ante el edificio, enorme y colosal. Las puertas giratorias estaban atestadas de gente y los puestecitos de flores, revistas o bollería estaban abiertos. Isabella arrugó el entrecejo, no le gustaban los hospitales, pero le gustaba Justin, y solo quería lo mejor para él. Salieron del coche y Justin se fijó en las bonitas margaritas que asomaban del puestecito que tenían a su derecha.

―Acompáñame, quiero compararle unas flores a mi madre.

Isabella aceptó y juntos fueron a por las flores que Justin quería regalarle a Pattie. Salían caras, pero no le importó. Entraron al hospital y buscaron el primer ascensor. Ambos pensaron lo mismo al estar encerrados entre cuatro paredes de metal. El olor de las flores, el tamborileo de sus corazones, y el ansia que estaba haciéndoles estallar, no favorecía la situación. Y mucho menos el hecho de tener que juntarse el uno contra el otro en cuanto más gente se metía en el ascensor.  No cabían, el espacio era muy reducido, y el ambiente estaba tan tenso que podía cortarse con un cuchillo.

Justin resopló. Quería salir de ahí, porque, como bien antes pensó en el ascensor de su casa, si hubiese estado unos segundos más, le habría arrancado la ropa ahí mismo.

Las puertas se abrieron y con ellas, su liberación. Isabella siguió a Justin por los amplios, largos e inacabables pasillos de la quinta planta. A medida que iba acercándose a la habitación, su caminar se volvía más lento, como si perdiera el valor a entrar. Su espalda se erguía, sus puños se apretaban y las flores eran sujetadas con más fuerza. Vio como apretaba la mandíbula y las tensas líneas de su silueta se contraían y contraían con rapidez. Respiraba con más intensidad, haciendo más largas sus inhalaciones. Vio sus ojos cerrarse por unos segundos antes de abrir la puerta, debatiéndose entrar o dar media vuelta y largarse. Isabella le miró y comprendió el dolor que le suponía tener que ver a su madre tan vulnerable, enchufada a decenas de máquinas.

Justin se percató de lo débil que estaba siendo ante Isabella y se obligó a ser fuerte, como muchas veces había estado siendo. Porque exteriorizaba una imagen de tiarrón duro e insensible, pero por dentro sufría, lloraba, le dolía estar separado de su madre. Echaba de menos sus cariñosas palabras, sus carcajadas, incluso sus regañinas. Le mataba que su padre fuera tan cabrón, que los hubiese abandonado, que dejase en ese estado a la mujer que le dio la vida. Le jodía que la vida fuese tan injusta.

Le dolía todo.

Entraron, y la habitación era blanca, inmaculada, silenciosa excepto por el regular pitido de las máquinas y la artificial respiración de la mujer. A Justin se le ensombreció el rostro al ver a su madre así. Por un momento, dejó de ser el hombre de dieciocho años que tenía que buscarse la vida él solo, para pasar a ser el niño de nueve años que corría a la habitación de su madre en noches de tormenta, buscando el cobijo de las mantas y el arropo de su madre. Se sentó en la butaca, por un momento olvidando la presencia de Bella, y con la mano libre acarició la mejilla de Pattie.

―Hola mamá –su voz pendió de un hilo, e Isabella sintió su corazón quebrarse, las piernas flaquearles y el pulso temblarle. Aquella imagen de su Justin sufriendo por la ausencia de su madre le mataba. Se apoyó contra la pared, pues dedujo que estaba perdiendo el equilibrio.
―Te he traído estas flores –Justin las alzó y sonrió débilmente- Son tus favoritas.

Sacó las marchitas del jarrón y las substituyó por las nuevas y frescas. Volvió a atender a su madre y cogió su mano mientras que apartaba un par de oscuros mechones de su rostro.

―Sé que hace días que no vengo a visitarte, pero créeme, no he podido.

Pi, pi, pi. Esa era la única respuesta que Justin recibía. El monitor señalando sus pulsaciones estaba estable.

―He conocido a una chica –el corazón de la pelinegra dio un vuelco- Se llama Isabella, y me ha salvado el cuello muchas veces.

Ella sonrió.

―Pero es una poco rara.

Ella carcajeó.

―Aunque aún así me gusta.

Y ella, oh, ella se emocionó.

―Creo que se ha dado cuenta, porque me comporto como un bobo cuando estoy a su lado. Pero no importa, creo que se hace la tonta –Isabella se acercó a Justin y le apretó el hombro cariñosamente- Ella te caerá muy bien cuando salgas de aquí, mamá.

Porque si Justin tenía fe en alguna cosa, era en la salud de su madre, la cual prosperaría. Y sí, saldría de aquél hospital junto a su hijo, volverían a cenar juntos todas las noches, a rezar –Justin a regañadientes- también antes de dormir, a acompañarla a misa, a ver la televisión juntos y a reír por los absurdos programas que ésta emitía. Justin lo creía así, y sabía que podría conseguirlo siempre y cuando tuviese fe en ello.

―Es muy responsable, muy guapa, muy lista. Y es muy religiosa, como tú. A mí a veces intenta convencerme de que Dios existe y me quiere, y me ayuda, y esas cosas, pero no lo consigue. Sabes cómo soy de susceptible respecto a estos temas.

Isabella carcajeó.

―Podríais ir juntas a misa los domingos, así no tendría que levantarme yo –él sonrió y apretó la mano de su madre más fuertemente- Bueno, pensándolo mejor, iría de todas formas.

Más pitidos, más respiraciones artificiales irrumpiendo el silencio, más lágrimas amenazando con desbordase de los ojos. Más obligaciones internas a mantenerse fuerte.

―Te echo de menos, mamá –susurró Justin con un hilo de voz- Te extraño, y te quiero conmigo. No sabes lo difícil que es tener que vivir sin ti. Por favor, mamá. Vuelve pronto. Te necesito.

Y no lo aguantó más, no reprimió el llanto. No pudo y no quiso. Le dio igual estar delante de Isabella, le dio igual romper los esquemas de tipo malote y chulesco. Así era él, una persona que sufría por los que quería, que amaba y sentía. Era un humano, con sentimientos y emociones, con altibajos, su vida era como una montaña rusa. Podía ser feliz unos segundos, pero cuando la imagen de su madre en una camilla de hospital atisbaba su mente, toda felicidad se esfumaba. Y podía estar depresivo e ido toda una tarde, pero en cuanto Isabella aparecía ante él, todo cambiaba.

Eran esas dos mujeres su fuente de luz y calor. Patricia e Isabella iluminaban y emborronaban sus días. Lloró, lloró sosteniendo la mano de su madre enferma mientras era abrazado por la pelinegra, que también sentía ganas de derramar algunas lágrimas. Ésta se aferraba a la espalda de su amigo, de su compañero, de su protegido, de su amor. Le besaba el cuello y los hombros una y otra vez, sabiendo que esto no acarrearía buenas consecuencias.


Pero lo único que le importaba ahora, era él, Justin.


___________

Chikkkkkks. Este es el peor capítulo que he escrito en lo que llevamos de novela, pero la poca inspiración, las nulas ganas y el estado en el que me encuentro no me han favorecido mucho al respecto. Pero bueno, ya llevaba dos semanas sin subir y no iba a retrasarme más, os lo debía y os lo merecíais. 

Y como no tengo muchas ganas de estar más tiempo frente al ordenador, os pido que seais sinceros y me digáis si el capítulo ha valido la pena de leer. En fin, no os entretengo más. Un beso y un abrazo a todas, os quiero. 

¡Muacsssssssss!

23 comentarios:

  1. AWWWWWWW MINA HE LLORADO JOER. EL FINAL HA SIDO TRISTE Y BONITO A LA VEZ.
    A ver que me relaje..
    "Justin, que al mirar atrás, no vio a su chica, alargó el brazo y le cogió la mano, tirando de ella y sacándola de ahí."
    No vio a SU CHICA. AHÍ ME HA DADO UN ALGO LO JURO.
    Solo se me ocurre decir ay ay ay ay ay.
    Es que no puedo eh, no puedo de perfección jooo.
    A Justin le mola Isabella y a Isabella le mola Justin. Hay amor, que lo sé yo.
    Ueno, espero el siguiente kjhgfdsfghkjl.
    - avonxshawy

    ResponderEliminar
  2. OMG, esto fue escrito sin inspiracion!? Imaginate lo que haces cuando estas inspirada! sjhglai, no sé, yo lo ame ♥ contuve las lágrimas en la última parte, y tipico, releí varias partes.
    La espera valió la pena, woo!

    ResponderEliminar
  3. PERO SI HA SIDO GENIAL
    El final ha sido tan triste y emotivo ;_;
    Lo de mpactnte sosia ha sido la ostia xD

    ResponderEliminar
  4. Mina soy sincera.. me encanto nose como lo pudistes ver mal la amo estoy adicta a la novela ame el capitulo justin e isabella solo ellos ♥.♥
    Espero que la sigas pronto y ningun capitulo es malo
    Que estes bien y gracias por emocionarme el dia
    By: swag

    ResponderEliminar
  5. ¿EL PEOR CAPITULO? SRSLY? OMFGGGG MINA NO SABES LO QUE HE LLORADO CON EL FINAL. EA DEMASIADO ASJFJSKKDJDKS. DIOS JUSTIN...QUIERO QUE PATTIE DESPIERTE..
    PUTA VIDA TETE.
    CADA DIA TE SUPERAS MAS. UN BESAZO

    ResponderEliminar
  6. La empece a leer hace poco y ahora es mi adiccion TOTAL !! GOSHH esta
    H - E - R - M - O - S - A *-* Yo se que isabella y justin se aman , I know It!!
    Esta parte fue de AZKLSDJKKSJ : ''Ésta se aferraba a la espalda de su amigo, de su compañero, de su protegido, de su amor'' <---- lo AMA ♥.♥
    Espero que la sigas pronto , ya quiero leer el siguiente capitulo :D

    ResponderEliminar
  7. Ay no me hiciste llorarr, tattatatata amo como escribis y amo esta novela, es demasiado adictiva. No se que decirte asi que lo unico que voy a pedirte es que subas lo mas pronto que puedas :). Besoo

    ResponderEliminar
  8. Me encanto el capitulo me ha hecho llorar esta muy bonito! Siguela please!

    ResponderEliminar
  9. Ohh sii cariñoo!! Este capitulo me a encantadoo,,,y te pido porfavor que pases mas horas frente al ordenadorrr jejjeje me desespero cuando no subess :'( ...graciias por seguir escribiendo capitulos,eres la mejor! :)
    Atte: Génesis ( Fan number 1# de la novela.XD)

    ResponderEliminar
  10. Una pregunta: ¿cómo diablos puedes crear tanta perfección y juntarla en esta novela?

    ResponderEliminar
  11. Realmente amo esta novela, gracias por crearla es de lo mejor. Síguela pronto

    ResponderEliminar
  12. He llorado con el final, ha sido precioso. Me da mucha pena Justin, espero que su madre despierte pronto

    ResponderEliminar
  13. Jesús yasmina !! como vas a escribir tal capitulo!!?!?!!?!?!
    no te imaginas las ganas de llorar que me vinieron ! me encanto confirmado que me encanto y a mi gusto estuvo mejor que los otros ... pero ta cada uno ! saludos seguilaa

    ResponderEliminar
  14. Me ha encantado, haber si sobre el siguiente pronto :D

    ResponderEliminar
  15. Me has hechos lloraar :(((( es peefecto como todos preciosa ♡♥♡♥ cuidate

    ResponderEliminar
  16. ME DESESPERO! necesito qe subas cap<3

    ResponderEliminar
  17. Mina, te sigo diciendo que eres una tonta sin caso, yo, aún teniendo toda la inspiración del mundo no podría escribir capítulos tan buenos cómo los tuyos.
    Y sí, valió la pena leerlo, me encanto, y esas partes en el ascensor eran muy Christian Grey, ¡lo que me encanta! ¿te mencioné que estoy obsesionada con ésa saga de libros? Ya leí los tres primeros, me comentaron que había un cuarto, pero no me sale por PDF... ¿me salí del tema verdad? Bueh, no importa, Mina. Hoy, estaba en casa, y mi mamá me dijo "Voy a ir a casa de tu abuela, ¿vienes conmigo?" Y yo esaba tipo "Ugh, no, mamá, no me dan ganas" y después pensé "Seguro Mina subió un nuevo capítulo" Y entonces, acepte venir con mi mamá a casa de mi abuela, y aquí estoy ahora. Bueno, el capítulo fue excelente. Siempre me dejas sin palabras.
    PD: Te quiero

    -@ShishaBiebs

    ResponderEliminar
  18. Hola Emm.... soy nueva lectora buenoo soy de hace tiempo pero nunca me di a conocer hjvfdbj y te quiero decir que subas capitulo no ves que me quede con la intriga o: eres une exelente escritora no se de dondee sacas tanta inspiracion. me haces llorar :( y asi dices que este es el peor capitulo ._. bueno sube pronto :D

    ResponderEliminar
  19. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  20. COMO BELLA LE HAGA LA COBRA OTRA VEZ JURO QUE ME MATO

    ResponderEliminar
  21. OSEA, ¿¿¿QUIEN LE HACE LA COBRA A JUSTIN??? CASI ME DAN GANAS DE ESTAMPAR EL ORDENADOR.
    PD: perdon por no comentar antes :(((

    ResponderEliminar

¿Por qué no me sacas una sonrisa con un comentario tuyo? Vamos, es gratis.