¿Cuántos somos ya?

22 de diciembre de 2013

«Ángel; capítulo doce»

"she forgot Jacob, Lierna, archangels and all the world ... unless the man who held her and breathed against her neck"
{x}


―¿Y qué hay de Megan? –le preguntó Isabella- A ella también le tiraste los tejos, por lo que he oído.
―Pero eso fue porque…
―Porque eres un mujeriego, Justin Bieber –reía la pelinegra.

Habían dejado el llanto de lado para pasar a las carcajadas. No sabían cómo, pero de pronto estaban contando los numerosos líos amorosos, o no tan amorosos, que Justin había tenido estos dos últimos años. Isabella se sorprendió por la extensa lista que el ojimiel tenía.

―Mamá, no hagas caso a esta mujer, está malditamente celosa –se inclinó Justin hacia la inerte mujer, para 
después darle un beso en la frente.
―¿Celosa? –preguntó ella riéndose de pronto- Más quisieras.
―Lo quiero, créeme.

La puerta de la habitación se abrió y las risas cesaron cuando una enfermera entró, sonriendo al chico y a la chica.

―El horario de visita ha terminado por hoy, deberíais marcharos y volver mañana –avisó la mujer de unos veintinueve años de edad, rubia y bajita.
―De acuerdo, danos unos minutos y nos vamos –habló Justin levantándose y planchándose con la mano las arrugas de la camiseta.

La chica sonrió y cerró la puerta de nuevo para dejarles un par de minutos de intimidad. Isabella se levantó y se colocó el abrigo mientras Justin le besaba la mejilla y la frente a su madre, susurrándole cosas y pidiéndole que por favor se recuperara pronto porque le echaba mucho en falta. A Isabella volvió a encogérsele el corazón. Ver al Justin vulnerable no le sentaba bien, le dolía, le mataba; pero a la vez le demostraba que tenía sentimientos como cualquier persona y que al final del día acababa sintiendo igual o más que incluso el más de los sensibles.

―Bueno, iremos a visitarte pronto, mamá –le dijo antes de colocarse la gorra y sonreírle- Te quiero.

Se alejó de la cama y esperó a Isabella, que se había quedado mirando a la mujer que tenía los párpados cerrados. Dormía, y soñaba con algún lejano lugar que no correspondía al de ésta realidad. Su mente seguía viva y estaba convencida de que ella también. Bella apretó la mano de la mujer con fuerza y le sonrió, enviándole la calidez de su persona. El ángel guardián le transmitió fuerzas al cuerpo inerte que, por un segundo, respondió al contacto con el ser celestial. El monitor mostró que el pulso de Pattie se había acelerado, pero éste había sido breve. Breve pero intenso. Justin corrió hacia la cama de su madre y la cogió de la otra mano.

―¿Mamá? Mamá, ¿puedes oírme? –el chico miró a Bella, que se había quedado patidifusa por lo que su simple gesto había provocado- Hay que llamar a la enfermera.
―No creo que eso sea necesario…

Pero su comentario había sido en vano. Justin salió corriendo de la habitación en busca de alguien que pudiese ver el cambio que había experimentado las pulsaciones de su madre. Bella, aprovechado la soledad con la mujer, se arrodilló frente a la cama y cogió el rosario que colgaba del cabezal.

Empezó a rezar, rápida y en una lengua que no correspondía al inglés americano que usaba con Justin o las demás personas. Sintió cómo las palabras que salían de su boca emanaban una fuerza poderosa hacia la mujer, que las oraciones que le dedicaba le ayudarían. El rosario temblaba entre sus manos y empezó a sentirse caliente. Pero dejó de rezar antes de que llegara un agitado Justin acompañado de una confundida enfermera, la que anteriormente había venido a avisarles de que debían ir marchándose.

―¡Se lo juro, el monitor ha empezado a pitar rápidamente! –le decía, señalando la pantalla que había a la derecha de la cama, junto a un par de máquinas más.

Bella, que ya estaba de pie junto a Pattie, miró la pantalla que señalaba Justin. El pulso volvía a estar normal, estabilizado, sin signos de un próximo despertar. Como si no hubiese ocurrido nada. La enfermera se acercó y lo analizó durante cinco o seis segundos.

―Si hay alguna mejora en tu madre ten por seguro que vas a estar avisado desde el primer momento, peor de momento me temo que no hay nada nuevo. Es normal que tengo algún signo, pero son estímulos. No significan nada.

Las palabras de la enfermera desanimaron tanto a Justin que el poco brillo que quedaba en sus ojos se extinguió como fuego en mitad de una tempestad. Su ánimo cayó en picado. O subía hacia el tope, o bajaba hasta estar en penumbras. No había punto intermedio. Era una jodida montaña rusa llena de altibajos, pero sobre todo de bajos.

Se marcharon del hospital sin nada que decir. En el ascensor no se volvió a sentir esa electricidad entre ambos y las miradas ya no eran tan intensas ni intimidantes como al principio. Se habían apagado, los dos. En el coche, la calefacción calentó un poco el ambiente, pero solo en cuanto a temperatura. Justin e Isabella seguían igual de fríos.

―¿Quieres que ponga un poco de música? –le preguntó Bella para intentar suavizar la situación.
―No –se negó él.

Quizá no había sido buena idea pedir que me acompañara, pensaba Justin. No esperaba que los médicos le dieran buenas noticias de su madre, que le informaran de que había muchas posibilidades de que despertara, pero tampoco imaginó que le arrebatarían la poca esperanza que le quedaba. No quería pagar su mal humor con Isabella, porque la pobre no se lo merecía. Todo lo contrario, se había comportado tan bien que no sabía cómo agradecérselo. Desde que se conocieron, ella siempre había estado para él y lo único que recibía a cambio eran humores de perros por parte de él.

―Yo… -trató de retratarse Justin por la brusca respuesta que le había dado.
―No intentes disculparte, Justin. Realmente no es necesario. Comprendo cómo te sientes. No debe ser fácil tener una madre en coma, un padre al que no le importas y estar solo en una situación tan… complicada como ésta.

Le sorprendieron sus palabras. La miró e intentó sonreírle, pero sus labios no respondieron y se limitaron a fruncirse. Isabella interpretó esa mueca como un intento de sonrisa y arrancó el motor del coche, haciéndolo rugir bajo el silbido de lo que parecía ser una ventisca.

A mitad de trayecto, el cual estaba siendo tan silencioso que incluso irritaba, Justin se dio cuenta que se había dejado el móvil en casa de Isabella. Antes de todo, decidió asegurarse mirando por todos los bolsillos de su chaqueta y pantalones. Cuando vio que no estaba en ninguno, lo buscó por el coche.

―¿Se te ha perdido algo?
―Creo que el móvil, pero supongo que me lo habré dejado en tu casa.

Isabella dio un volantazo brusco, pues había estado conduciendo en dirección al barrio de Justin. Éste, sorprendido por la repentina infracción de la pelinegra en el volante, resopló divertido. Llegaron al departamento de Nightmare en media hora y en el ascensor renació aquella extinguida chispa, pero no con la misma intensidad de antes. Llegaron al interior de la vivienda y en el salón encontraron el teléfono móvil de Justin.

―Las nueve –anunció él, mirando la hora de su pantalla.

Isabella, que estaba asomada a la ventana, frunció el ceño cuando vio a la ciudad en penumbras siendo iluminada por un relámpago color azul eléctrico. Tormenta. Podía oler la lluvia desde el salón, podía sentir el agua mojarle, empaparle el pelo y pegársele a las sienes, pesarle la ropa… recordó la última vez que había caminado bajo la lluvia. El coche se había quedado sin gasolina y ella y Justin tuvieron que empujarlo hasta la gasolinera más cercana. Después, en casa de éste, ella durmió con él vestida con su ropa, oliendo a su ropa, disfrutando del aroma que desprendía, de la suavidad de las telas… de su compañía.

―¿Quieres quedarte a dormir? –le preguntó de pronto, girándose hacia él.
―Bella, Bella, Bella –rio Justin- Y yo que creía que eras una chica difícil… ¿tan pronto me quieres en tu cama?

Ella puso los ojos en blanco y se acercó a él, le tiró de la manga y lo arrastró hacia la ventana. Éste, al ver la que caía fuera, frunció el ceño y miró a la pelinegra, que estaba cruzada de brazos mirándolo como diciendo ¿y bueno?

―Dime, ¿es porque no tienes ganas de coger el coche y llevarme hasta casa, o simplemente aprovechas el momento para tenerme cerca de ti esta fría noche de tormenta?
―No seas idiota, Bieber –le pidió ella- La última vez me ofreciste mi casa, y yo estoy devolviéndote el favor. Desde luego no voy a volver a conducir, tengo los pies cansados –Justin alzó una ceja- Sí, pisar el acelerador me cansa.
―Eso es nuevo, Isabella Nightmare.
―¿Vas a quedarte o prefieres caminar bajo la lluvia durante una hora? Porque eso es lo que tardarás de ir hasta tu casa andando.

Justin se acarició la barbilla con donaire, estresando a Isabella, que resoplaba y ponía los brazos en jarra. Dio un puntapié a la mesa y Justin rio para pasar el brazo por sus hombros a la vez que acercaba la boca a su oído.

―Calma leona, voy a quedarme, pero más que nada porque parece que si no lo haga vas a morirte –recibió un codazo en las costillas e hizo una mueca de dolor- Está bien, está bien. Era una broma.
―Qué rápido cambias tú de humor, Justin Bieber.
―Es que cuando una guapa morena, con curvas y piernas largas me invita a dormir a su casa, la cosa se alegra un poco.
―¿La cosa? –preguntó Isabella enarcando una ceja- ¿Qué cosa?
―¿De verdad quieres que especifique exactamente qué cosa se alegra de dormir hoy en tu casa, Bella?

Ella negó con la cabeza, tratando de reprimir las carcajadas, pero una sonrisa surgió de sus labios, elevándose hacia arriba. Ese Justin Bieber iba a volverle loca.  

***

Aquella noche no se excedieron cenando. Se bastaron con unos sándwiches y más tarde unas palomitas para ver una película que echaban por televisión. A las once decidieron irse a dormir, ella en su cama y Justin en el sofá. Entendió que ésta no le invitara a dormir con él a pesar de que la última vez descansaron juntos. Si sucedió, fue porque ambos se quedaron dormidos, no porque lo planearon con anterioridad. Isabella le acomodó unas mantas para que no pasara frío y le dio una almohada comodísima.

Por la noche, todo eran truenos, lluvia mojando las aceras, viento chocando contra las ventanas… pero aun así, silencio. Justin se había dormido pronto tras haber estado en una nube de sentimientos, revuelto entre éstos. Estaba el tema de su madre, que parecía no despertar. Las deudas, el señor O’Conaghan pidiéndole su dinero sino quería irse de patitas a la calle, la fiesta del domingo y el lote que tendría que vender, su asqueroso y puñetero padre… e Isabella. Isabella opacó la mayoría de pensamientos durante unos instantes. Pensó en cómo sus ojos le miraban, en los hoyuelos que se le formaban cuando le sonreía, en su manera de apartarse el cabello de la cara, en la elección de sus palabras al hablar, siempre tranquila y clara. En su modestia, en su dedicación a los demás, en sus creencias, en su…, en su todo.

Aquella mujer estaba volviéndole loco.

Y ella, también estaba volviéndose loca. Loca por él.

Dio vueltas en la cama, sabiendo que tenía a metros el humano que tan alterada la tenía respecto a temas sentimentales. El colchón se hundió bajo su peso, crujiendo cada vez que se movía. Pasada una hora y media, consiguió dormir.

Pero algo, horas más tarde, la despertó. No solo fueron los ruidos que venían del salón, los cuales le llegaron a hacer creer que era Justin quien los provocaba, sino un cambio en el aire. Una presión en el ambiente que llevaba sin sentir durante mucho tiempo. Se levantó, pisando el frío suelo con sus descalzos pies. Cruzó la habitación y abrió la puerta con cuidado de no hacerla chirriar. La oscuridad no le permitía ver bien, pero sabía que el bulto del sofá era Justin, dormido y con las mantas encima. Una sacudida en las cortinas la alertó y de nuevo esa familiar sensación volvió a llenarla.

―Mierda de cortinas –la voz era varonil, grave pero suave, llena de molestia y… de Jake.

Isabella cruzó el salón y descorrió las cotinas en un rápido y brusco movimiento que provocó más ruido del necesario.

―¿Qué estás haciendo aquí? –preguntó en un alterado susurro.
―¿Qué estás haciendo tú?
―Antes de que irrumpieras en mi casa, ¡dormir!, como cualquier persona normal haría a estas horas.
―Tú no eres precisamente una persona, ángel.

Isabella miró agitadamente a Justin para comprobar si seguía dormido. Éste acababa de soltar un ronquido mientras se giraba a darle la espalda.

―¿Quieres callarte?
―¿Quieres explicarme qué hace él aquí?
―No lo sé, ¿dormir quizá?
―Se te está pegando el mal humor de los humanos, se supone que debemos ser criaturas agradables y encantadoras.

Isabella puso los ojos en blanco, sabiendo que su amigo no podría verla a causa de la escasa luz. Le parecía extraño que Jacob viniera a visitarla, y más a estas horas. Además, si un ángel no cumplía la mayoría de edad no podía bajar a la Tierra a no ser que fuera por un motivo importante. ¿San Pedro le había dejado bajar a verla a las tres de la mañana? ¿O quizá había hecho la vista gorda? No lo sabía, pero tenía que aclarar las dudas. Por eso cogió a su amigo de la muñeca y lo llevó a su habitación, donde cerró la puerta y encendió la luz. La chica cerró los ojos durante unos segundos por la repentina luz, se los frotó y miró a su amigo, que vestía unos pantalones tejanos y una camisa blanca algo arrugada.

―Ahora enserio, Jacob Waters, ¿qué estás haciendo aquí?
―Lo importante no soy yo, sino, ¿qué está haciendo Justin aquí?
―¡Ya te lo he dicho, dormir!
―¿Y por qué no duerme en su casa?
―¿A qué demonios viene este interrogatorio?
―No maldigas o te quitarán una pluma de tus alas, Isabella –le recordó Jake con cierto toque burlón.
―Jacob, ya, en serio, habla.
―Bien, seré claro –dijo, tomando una bocanada de aire para empezar a hablar- Como sigas con este plan vas a acabar siendo una caída.
―¿De qué hablas?
―Sabes de lo que hablo, perfectamente lo sabes. Lo que no sabes, o al menos no estás teniendo en cuenta, es que ningún ángel puede tener relaciones con humanos.
―Espera, espera, ¿relaciones con humanos? –preguntó frunciendo el ceño- Creo que estás suponiendo mal las cosas, Jacob. Entre Justin y yo la única relación que hay es de ángel guardián y mundano en apuros, nada más.

Pero ella sabía que no era así.

 ―Claro Isabella, claro que sí –le respondió su amigo con ironía- He estado vigilándote estos días. He visto cómo le mirabas, y he visto como él te miraba a ti. Pasáis más tiempo juntos del necesario.
―¡Tengo que ganarme su confianza para que deje la vida que lleva, es la única manera de ponerle a salvo!
―¿Trayéndotelo a casa?
―Oh por Dios, estoy siendo solidaria. Le ofrezco mi casa para dormir, no mi cama para copular.
―Ya, porque sabes que eso está prohibido, que sino poco te habría faltado. Y más con lo salido que están los mundanos a esa edad.
―¡Jacob!
―No me mires así, ¿crees que no me he dado cuenta?
―¿Ah sí? –preguntó cruzándose de brazos- ¿Cómo? Porque ya sabes que no tienes permiso para bajar constantemente a la Tierra para espiarme.
―No necesito bajar, Lierna me hace el favor.
―¿Lierna?
―Ella ha estado usando su poder para vigilarte. Ha visto cómo te quedaste a dormir a su casa la semana pasada, ha visto cómo empleaste tu poder en la recepcionista del hospital cuando Justin estuvo herido… Ha visto cómo casi te besas con él.

Se dejó caer en la cama. Si ella había visto eso, el acercamiento que había tenido con Justin, podría perder sus alas. Su puesto de Guardiana estaba pendiendo de un hilo por culpa de su amorío con el humano.

―¿Lo saben los arcángeles?
―No, me está guardando el secreto. Pero le he dicho que en cuanto hubiese un roce más, que cantara.
―¡¿Cómo puedes hacerme esto, Jake?!
―¿Y tú, enamorándote de un mortal? –preguntó en voz alta- No sé qué es peor, Izzy, que no lo estés de mí, o que sea un simple mundano el afortunado de tener tu corazón.
―¿De qué hablas, Jacob?
―Déjalo, no vale la pena al fin y al cabo.
―¿No vale la pena el qué?
―Ya te darás cuenta. Céntrate en mantener distancias con ese chico porque si los arcángeles se enteran te sacaran del caso y cortarán tus alas.

El hecho de convertirse en un ángel caído le quemaba el alma. Podía imaginarse a ella misma vagando por las calles, corrompida por el pecado y la lujuria, siendo no humana, pero algo parecido a ellos. La idea de parecerse a su padre la llenaba de ira, una ira que hizo esfumar en cuanto la puerta de la habitación se abrió y apareció un Justin confundido.

―¿Quién es éste, Bella?
―Yo… ehm… bueno.
―Jacob, su novio –se presentó su amigo extendiendo una mano hacia el mundano.

El corazón cayó a sus pies, haciéndose añicos, esparciendo sus cachitos por el suelo. Isabella abrió la boca para protestar, pero estaba tan estupefacta por la contestación de su amigo que las palabras no le salieron. Justin, en cambio, apretó la mandíbula e hizo que sus manos se cerraran para convertirse en puños. No le devolvió el saludo.

―La próxima vez que traigas un hombre a tu cama, Isabella, procura que no esté yo en tu casa para presenciar el acto sexual, ¿de acuerdo?
―Justin, él no es mi…
―Da igual, solo no hagas mucho ruido, quiero dormir.
―Pero, Justin, yo…
―Mejor, haced todo el ruido que queráis, como si rompéis el colchón. No os preocupéis por mis horas de sueño porque yo me voy a mi casa.
―Donde deberías estar –zanjó Jacob la conversación.
―¡Jacob! –le regañó Isabella. Y cuando quiso girarse hacia Bieber, éste había cerrado la puerta- ¡Justin, espera!
―No, deja que se marche.
―¡Quien debería marcharse eres tú, ya me has avisado de lo que puede pasarme si sigo enamorándome de él, pero no puedo dejarle abandonado, necesita mi ayuda!

Aquella respuesta no solo dejó a Jacob sorprendido, sino a ella misma por haber acabado aceptándolo. Sí, ya estaba dicho, y si algo de esto salía a la luz, los arcángeles le cortarían sus alas. Jacob la miró y negó con la cabeza, Isabella viendo el dolor en sus ojos, comprendiendo entonces a qué se refería antes. Él estaba enamorado de ella y no solo quería que se alejara de Justin porque sino los arcángeles la castigarían, sino porque estaba celoso y la idea de que se acercara a otro hombre lo mataba.

―Ya nos veremos, Izzy –le dijo antes de plegar sus alas y envolverse con ellas para desaparecer de  la sala, dejando una intensa luz brillando en la habitación que por unos segundos cegó a la pelinegra.

Entonces ya no hubo vida en la casa. Solo lluvia picando contra las ventanas. Su respiración se volvió tan agitada que se encontró buscando aire de forma jadeante. Se acercó a la ventana y la abrió, el agua salpicándole en la cara. Habían unos cuantos pisos debajo de ella, pero podía ver perfectamente la salida del portal del edificio. Justin acababa de cerrar la puerta. Se colocó la capucha y caminó bajo la tormenta.

Isabella no se lo pensó dos veces y estando en pijama, el cual consistía en unos pantalones grises que el colgaban de la cintura y una sudadera roja, bajó a buscar a Justin. Bajó las escaleras descalza, pisando el frío mármol con los pies. Podía haber usado el ascensor, pero este tardaba mucho en llegar a su planta. Salió al exterior y el aire le azotó los cabellos al mismo tiempo que se empapaba. La tormenta era imperiosa y fuerte, y algún que otro rayo quebraba el cielo para resonar por todo Seattle. Buscó a Justin con la mirada, pero no lo encontró, así que corrió tras él. Pasó la esquina de la calle y lo vio caminando a grandes zanjadas bajo la lluvia.

―¡Justin! –lo llamó, pero no se enteraba. O al menos, no se giraba. Podía estar ignorándola perfectamente- ¡Justin!

Se giró a la segunda y se sorprendió al ver a Isabella en pijama, con los pies descalzos, y empapada. Se detuvo y frunció el ceño. Bella dejó escapar un suspiro de alivio y corrió hacia él, pero éste le dio la espalda y continúo caminando.

―Justin por favor, vas a enfermar, vuelve a casa.
―En serio, ¿crees que soy tonto?
―No, no lo creo –le respondió, abrazandose a sí misma para tratar de entrar en calor- Vamos, por favor.
―No –hizo el ademán de girarse y alejarse de ella, pero ésta le tomó de la mano para detenerle- Suéltame Bella.
―No, no voy a soltarte. Porque ninguno de los dos quiere eso.
―Vete con el estúpido de Jacob y déjame tranquilo.
―Él no es mi novio –le explicó. Justin alzó una ceja.
―¿Y qué hacía en tu habitación?
―El muy idiota se ha colado en casa, es amigo mío y tiene una llave –mintió. Se sintió terriblemente mal por mentirle, pero debía hacerlo- Él está… él está enamorado de mí.

Al menos en esa parte no le engañaba.

―Ya veo –comprendió el ojimiel- Entonces, está celoso.
―Algo así.
―Y piensa que entre tú y yo hay algo.
―Sí.

Justin carcajeó.

―¿De qué te ríes?
―De la situación, es graciosa.
―Oh sí, es tan divertida –dijo ella poniendo los ojos en blanco- ¿Vas a subir o no? Empiezo a tener frío.
―Qué bipolar eres, Bella –Justin rio y tomó la mano de la chica- Anda vamos o pillaremos una pulmonía.

Corrieron entre la lluvia, pisando el asfalto mojado, esquivando los charcos y procurando no resbalar. Y todo eso cogidos de la mano, nunca soltándose. Llegaron al portal y cerraron la puerta tras su paso, dejando un regadero de agua en el suelo.

―Vale, aclárame de nuevo lo de ese Jacob –pidió apoyándose en la pared.

Isabella tomó aire y se deslizó también a su lado, dejándose caer en el suelo, cruzándose de piernas. Justin la imitó y se mantuvieron callados durante unos segundos, recuperando el aliento.

―Jacob ha entrado en casa y me ha empezado a sermonear. Está colado por mí y no acepta duermas conmigo.
―Pero si yo estaba en el sofá y tú en la cama, ¿a eso le llama él dormir contigo?
―Ya, bueno, pero nos ha visto más veces juntos y piensa que estoy saliendo contigo.
―¿Te espía?
―Más o menos –dijo encogiéndose de hombros.
―Pero, ¿entre tú y él nunca ha habido nada?
―No, solo somos amigos.
―Entiendo –se limitó a responder.

Permanecieron unos segundos en silencio. El sonido de la lluvia llegaba hasta el portal y eso le relajaba a Isabella. Le gustaban las tormentas, pero no correr debajo de ella para buscar a alguien. Aunque, si ese alguien era Justin, la cosa dejaba de importarle mucho. Haría cualquier cosa por él, cualquier cosa. Justin la miró por un rato, apreciando su perfil, su cabello mojado, la ropa también empapada que le pesaba por el peso del agua, su pecho subir y bajar, el temblor de sus manos por el frío… la abrazó, atrayéndola a su pecho. Ésta por un momento se tensó, pero se dejó abrazar por él hasta quedar apoyada con la espalda en su pecho.

Cualquiera que entrara ahí se sorprendería de ver a dos adolescentes a las tres de la mañana, abrazados y mojados. Pero a ellos no les importaba, no hasta que Isabella estornudó.

―Anda, subamos –habló Justin apartando unos mechones de cabello que se pegaban a su cuello.

Quiso besarlo, dejar un beso húmedo en su piel. Pero se contuvo, tampoco quería aprovecharse. Sabía que Isabella había discutido con ese tal Jacob, lo notaba. Y sabía también que había sido por él, sino, no habría ido tras él a buscarlo. Sin duda, esa chica era una caja de sorpresas. Lo que no entendía era por qué era tan reacia a dejarse llevar, por qué a veces se apartaba o simplemente no aceptaba sus besos. Eso le confundía. Se subieron al ascensor y en un minuto estaban en el interior del piso. Isabella encendió la calefacción y se quitó la sudadera, quedando en una blanca camiseta interior.

―Dame tu ropa, la pondré a secar –le dijo Isabella recogiéndose el pelo en una coleta alta.
―¿Y qué me pongo para entonces? ¿Voy desnudo?
―Mhm…

Isabella fue hasta su habitación y miró qué había en su armario que podía servirle. Vio una camiseta de manga corta de propaganda que le venía dos veces grandes, así que podía valerle. Buscó también unos pantalones y lo único que encontró fue unos de deporte elásticos. En cuanto a ropa interior, no vio nada.

―Esto te servirá –dijo tendiéndole las pizas de ropa- No he encontrado nada… bueno, para que te pongas bajo los pantalones. Me temo que tendrás que ir…
―Ya, no te preocupes –dijo riéndose- Voy al baño a cambiarme, te daré la ropa cuando salga.
―Claro.

Ella aprovechó para quitarse la suya, que pesaba y estaba mojada. Sentía el frío calarle los huesos y ni el calor que desprendían los radiadores le aliviaba el tiritar. Se puso unos leggins y una sudadera gris encima de una de manga corta, pero el frío continuaba penetrándola. Cuando salió de la habitación, se encontró a Justin con su ropa en brazos.

―Dame –la tomó y la metió en la secadora junto a la suya- Supongo que por la mañana ya estará lista.
―No hay prisa –encendió el electrodoméstico y éste empezó a rugir y a hacer sonar su motor.
―¿Te apetece chocolate caliente?
―Sí, ¿por qué no?

Justin le ayudó a la pelinegra a preparar dos tazas de chocolate. El humo que salía del líquido color marrón oscuro calentaba su rostro y su nariz. Se sentaron en el sofá, sin encender la televisión, sin hablar, solo disfrutando del calor de la bebida y de sus cuerpos al sentarse tan cerca el uno del otro. Justin cogió la manta que había usado para dormir y la colocó en sus hombros y en los de ella, tapándose los dos juntos. Pasaron minutos antes de que ella hablara.

―Siento la escena de antes, Jacob puede llegar a ser muy…
―¿Gilipollas?
―Aún así es un gran amigo.
―Ya, no lo conozco, pero tiene pinta de ser el típico celoso posesivo.
―Lo es, aunque nunca lo había visto de esa manera conmigo.
―¿Porque no lo demostraba o  porque tú no querías verlo?

Aquella pregunta le hizo pensar. Quizá Jacob había sido claro en cuanto a expresar sus sentimientos con ella y no se había dado cuenta. Empezó a pensar en las numerosas indirectas que a veces la incomodaban o simplemente la hacían reír. No imaginó a Jacob enamorado de ella, no, nunca lo vio posible. Y ahora se lamentaba por haberle hablado así en la habitación. No es que ella tuviese la culpa de no corresponder su amor, pero quizá habría podido usar otras palabras con él, pues nadie escoge de quien se enamora y Jacob no tenía la culpa de haberse enamorado de ella.

―Ya veo –se limitó a responder, como había dicho anteriores veces- De todas formas, Bella, no sé de qué te sorprendes. Es normal que tu amigo acabe enamorándose de ti.
―¿Vas a elogiarme, Justin Bieber?
―Si quieres que lo haga, sí. Pero en realidad no tienes que oírme decir nada bonito sobre ti, tendrías que saberlo de sobras.
―Oh –ella sonrió y él carcajeó por el repentino rubor que se extendía en sus mejillas- Deberíamos acostarnos ya.
―Bueno, no creí que accederías tan pronto. Incluso pensé que nuestra primera vez sería más bonita pero… no voy a perder esta oportunidad.

Isabella miró confundida a Justin, pues no entendía a qué se refería, pero cuando lo vio quitarse la camiseta, quiso golpearse la cabeza contra la pared.

―Me refería a acostarnos de dormir, no de…
―Ya lo sé, Santa Isabella –rio él tirando de su mano para acercarla a su pecho- Hay que ver lo inocente que eres a veces, y qué tonta.
―Oh, perdóname, señor Justin Bieber –dijo ella sarcásticamente contra su piel, que había entrado rápidamente en calor.
―¿Puedo dormir contigo? –le preguntó en voz baja, acariciando la melena de la chica.
―Justin…

No quería, pero tenía que intentar mantener las distancias con él. Jacob tenía razón, no debía implicarse más sentimentalmente con él o los arcángeles le arrancarían sus alas. No quería ser un ángel caído, no quería ser condenada a arder en el infierno a vagar por la Tierra para toda la eternidad sin sentir nada, vacía como una piedra.

Le costaba alejarse de él, pues deseaba con todas sus fuerzas permanecer a su lado, pero debía hacerlo, tanto por su bien como por el de él. Justin se merecía a… a una persona normal, no a ella.

 ―Por favor, me dan miedo las tormentas –le insistió continuando la tanda de caricias por su espalda y brazos. Ella no demostró signo alguno de querer despegarse de su abrazo, al revés, se aferró a su espalda.
―Pero si hace unos minutos estabas caminando bajo una.
―Pero… pero…
―Justin –se separó de su pecho y alzó la vista- Duérmete, anda. Es tarde y estamos los dos muy cansados.

Sabía que la chica continuaría poniendo resistencia en cuanto a compartir cama con él, así que se resignó a suspirar y a asentir con la cabeza. Era la primera vez que alguien le rechazaba la entrada a su dormitorio, pero siendo Isabella quien lo hacía, no le molestaba. Cuanto más tardaba en abrirse a él, en entregarse y depositar en él su amor y confianza, más incrementaban los sentimientos de ambos.

―Buenas noches Justin –le susurró la morena antes de levantarse del sofá, apagar las luces y encerrarse en su habitación.

Su cama le parecía demasiado grande y fría. Dio vueltas en ellas y no consiguió cerrar los ojos y dormir. En su mente se repartían y distribuían distintas imágenes del día de hoy. Marcie, el bar, Justin en el hospital, Pattie, Jacob declarándose… Justin. Siempre era Bieber quien conseguía volverla loca. Cuando pensaba en él sentía cómo su estómago se contraía y su corazón dolía. Dolía porque lo amaba y lo quería con todas sus fuerzas, pero ese sentimiento tendría que quedarse ahí aparcado, abandonado en una esquina, porque nunca sería suyo. Justin y ella nunca podrían estar juntos.

Tenía que aprovechar esta oportunidad y cuidar bien de él, procurar que nada le pasara, que estuviera a salvo a su lado. Y mientras, aunque no le sirviese de mucho, podría disfrutar de su belleza o de su simple presencia. Aquello le bastaba, saber que lo tendría a su lado sano y salvo.

Se levantó, el anhelo de verlo dormir de nuevo le quemaba por dentro. Deseaba observar sus facciones cernidas en la oscuridad, ver su pecho bajar y subir en una respiración lenta. Ese Justin era el que más le gustaba, porque no sufría, porque parecía el niño de las fotos que había visto en su casa.

Se apoyó en el marco de la puerta y suspiró. El pecho le dolía y se lo tocó, frotándoselo para intentar aliviar el dolor. Pero permanecía ahí, rudo y persistente a quedarse para toda la eternidad. ¿Qué le estaba haciendo ese hombre?

―Sé que estás ahí –la voz de Justin en la penumbra la hizo dar un salto e incorporarse. Vio la hora que marcaba el reloj del salón. Eran las cinco de la mañana. Había estado dos horas dando vuelta en la cama para nada. Y parecía que Justin igual.
―No podía dormir –no mintió del todo, al fin y al cabo.
―Yo tampoco.

Vio a Justin moverse. Abrió sus brazos, extendiendo las mantas. Era una clara oferta a tumbarse a su lado. El sofá no era muy grande, pero perfectamente cabían dos personas en él. Había rechazado dormir con él anteriormente, y había sido esa la razón de su insomnio. Arrastró los pies por el suelo, frío y duro, sabiendo que lo que hacía no estaba bien visto. Pero le daba igual, le daba absolutamente igual porque eso era lo que ella quería. Estar a su lado.

Se tumbó con él, dándole la espalda. La rodilla de Justin encajaba perfectamente con el hueco de la suya, se amoldaron el uno con el otro como dos piezas de puzzle. Justin rodeó la cintura de la chica al mismo tiempo que extendía las mantas hacia ella y la tapa, brindándole el calor de las telas y el de su cuerpo también.

―Duerme –le dijo Justin contra su cabello antes de besarlo.

Y cerró los ojos, sabiendo que ahora si podría disfrutar de unas cuantas horas de sueño. Los brazos de Justin la reconfortaban, pero los quería más cerca de ella. Apretó sus manos contra las de él, entrelazando los dedos. Los de ella fríos, los de él calientes. Sintió la mezcla de temperaturas quemarle la piel, pero era reconfortante. Suspiró y una pequeña sonrisa se extendió por sus labios. Volvió a sentir un beso en su cabeza y se acomodó contra su pecho, que subía y bajaba en una respiración ralentizada.

Se olvidó de Jacob, de Lierna, de los arcángeles y de todo el mundo… menos del hombre que la abrazaba y respiraba contra su cuello. 


_____________

Estoy en depresión post-Hush Hush, con eso os lo digo todo. El tercer libro me aburrió, en mi opinión fue una mierda, y el inicio del cuarto también. Se me estaba haciendo muy largo (me empecé la fucking saga en verano, imaginad) y dije esta mañana "me quedan como doscientas páginas, pero igual esta tarde me lo acabo". NUNCA OS ACABÉIS EL ÚLTIMO LIBRO DE UNA SAGA EN UNA TARDE. NUNCA. De verdad, hacedme caso. Que jartá de llorar me pegao. Ay señor qué vida más triste. Yo es que soy gilipollas, en serio os lo digo. La última vez que hago tal cosa. Ay mi Patch, ay mi Scott, ay mi todo. No os voy a spoilear, tranquilas. PERO NO OS LEÁIS EL ÚLTIMO LIBRO DE UNA SAGA EN UNA TARDE PORQUE OS ARRUINA LA VIDA. Yo quería quitármelo de encima y ahora me arrepiento de haberlo leído tan rápido.

Ay, qué bien me quedao'.

En realidad no sé por qué os cuento esto, pero necesitaba hacerlo.

Respecto al capítulo, bueno, ps aquí lo tenéis. Sé que me he tardado mucho pero entre los últimos exámenes y la poca inspiración no he podido adelantar nada. Me he centrado además en otra novela que no tiene nada que ver con Justin, es una adaptación de la trilogía de películas de La Momia. ¿Alguna la ha visto? Si veo que os interesa, la empiezo a publicar en este mismo blog, no sé, ya veremos. La novela es muy corta, apenas tendrá unos doce capítulos, pero después haré una segunda temporada. Decidme si os interesa, ¿sí?

Y nada darlings, dadle click a la 'x' de debajo del gif y retuitead el tweet. Comentadme a ver qué os ha parecido lo que os he escrito y ver si puedo mejorar algo. Por cierto, estoy viendo que las votaciones respecto a qué os parece la novela van bastante bien. Me alegro que os esté gustando, de verdad, le estoy poniendo mucho ímpetu en este proyecto.

Un besazo a todas, os quiero millones.

11 comentarios:

  1. VALE VALE VALE. STOP TODO EL MUNDOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO. QUE HAN DORMIDO JUNTITOS OTRA VEEEEEEEEEEEEEEEEEZ.
    ME ESTA DANDO ALGO.
    ENTRE ESTO Y LOS JOURNALS JURO QUE ME HABÉIS ECHO LOS DOS LO QUE QUEDA DE AÑO.
    AY DIOS QUE MONIS ES JUSTIN. JOEEEEEEEER YO QUIERO UNO ASÍ.
    ESPERO QUE SUBAS PRONTO.
    ME ENCANTA SRSLY. UN BESOOO -avonxshawty

    ResponderEliminar
  2. Como siempre los capítulos son perfectos, enserio, escribes de maravilla y tienes un buen coco para la creatividad. Adoro las novelas que escribes, siempre me quedo con ganas de leer más.
    Y nada, que sé que te entiendo, yo estoy igual, los últimos examenes siempre te dejan echa polvo jajaja.
    Y ahora la parte rollo, para quien le interese, hace un tiempo creé un blog, estoy escribiendo una novela de Justin en él, os dejo el link: tuhistoriaconjuustinbieber.blogspot.com
    Un besazo y síguela pronto <3

    ResponderEliminar
  3. JOOOOOO QUE MONOSOS.
    AY PERO ES QUE QUE VIDA TAN INJUSTA. YO QUIERO QUE SE BESEEEEEEN Y SUFRO TIO. JO. ME ENCANTA, MENUDO CAPITULAZO MINA.
    SUBE RAPPPIDO PLS.
    UN BESO CIELO

    ResponderEliminar
  4. JODER OK MORI LENTO noooooooooo que ah pasado hay lo mato puto jacob! ojala se pierda okno es tu nove awwwww son un amor los dos *:* please que se besen no importa asi sea pico como sea....
    by. swag
    siguela proto y no hagas que mede un infarto ok?

    ResponderEliminar
  5. Oh que hermoooso *-* amo tu novela & como siempre tus capítulos son únicos & perfectos <33.
    solo te pido una cosa & es que subas mas seguido :((
    ojala que hagas una maratón seria muy asdhjbdhbajsbdjsjabk *-* hermosoo pero por una parte te entiendo que te quedes sin inspiracion & tengas examenes :( pero bueeeno al fin & al cabo tus capitulos siguen siendo PERFECTOS.

    ResponderEliminar
  6. Omg, quiero más de esta novela y ahora!!! Te felicito, es demasiado buena. Sentí un miedito cuando Justin se fue e Isabella salió a buscarlo; creí que se pelearía pero fue demasiado asdfghjklñ. No te tardes en subir el próximos.
    Muchos besos venezolanos para ti, muacks! Dios te bendice<3 Sigue así, llegarás lejos.

    ResponderEliminar
  7. Es Perfectaaaaa! La Amo, sube capitulos mas seguidos(: Saludos de Uruguay.

    ResponderEliminar
  8. Cómo siempre, me dejas sorprendida con lo que ésa poca imaginación tuya puede crear. Creo que me quedare tonta cuándo lea un capítulo en el que te inspires.
    Te quiero, mucho.
    Saludos desde Venezuela.

    -@ShishaBiebs

    ResponderEliminar
  9. Holaa!! Me encanta tu novela!!

    Si quereis podeis pasaros por la mia....la acabo de estrenar hoy....por favor...

    ResponderEliminar
  10. Vale, vale han dormido juntitos otra vez asdfghjklñ*.* Justin es un amor pordios! Me pasó igual cuando acabé toda la saga Hush Hush, solo te digo que, entre Scott y Patch bf, como me lo leí en PDF, tenia el portátil entre mis brazos y yo llorando. Ya te imaginarás, bueno Mina me encanta como escribes, enserio sigue así. Un beso.

    ResponderEliminar

¿Por qué no me sacas una sonrisa con un comentario tuyo? Vamos, es gratis.