¿Cuántos somos ya?

30 de diciembre de 2013

«Ángel; capítulo catorce»

- creí que te perdía
+ vas a tenerme a tu lado dando por culo mucho tiempo, señorita
{x}


La casa de Mark Goutenberg, un alemán de veintinueve años que acababa de inaugurar un bar en las calles más conocidas de Seattle desde hacía dos semanas, estaba forrándose con la cantidad de dinero que dejaba la gente en bebida. Esa noche había hecho una fiesta. El tema era el viejo oeste. Camareras escasas en ropa se paseaban con las bandejas en alto para repartir el alcohol en sus respectivas mesas y bailarinas exponían sus cuerpos mientras danzaban con una sensual música, exhibiéndose con escandalosos movimientos sobre la barra del bar. Los hombres y no tan hombres disfrutaban de la buena vista ahí. Un grupo selecto de adolescentes de entre diecisiete y diecinueve años vitoreaba a una rubia con tetas operadas que se abría de piernas.

Justin llegaba con su mochila y Sean a su lado. No había venido aquí a beber, ni a fumar, ni a disfrutar de un sexo fogoso en los baños con alguna borracha o bailarina que se le cruzara. Había venido a salvarse el cuello de facturas, deudas y neveras vacías que amenazaban con matarle de hambre.

―Asegúrate de promocionar bien, véndeselas al público diciendo que los efectos son instantáneos y mucho más duraderas que las otras, ¿de acuerdo? –le recordó Justin- Y si están interesados me buscas en el aparcamiento.
―De acuerdo.

***

―Gracias por cuidar de los niños, Isabella –le agradeció Fancy Carraway, una mujer alta y rubia, delgada pero con curvas, de nariz aguileña y dientes blancos como la cal.
―No es problema, señora Carraway.
―Oh por favor, llámame Fancy, me haces sentir más vieja –dijo la mujer soltando unas carcajadas.
―No creo que lleguemos más tarde de las once –le avisó William Carraway mientras se colocaba su reloj de plata en la muñeca derecha.
―Mi número está apuntado en un post-it de la nevera. Las tarjetas sanitarias y el dinero de emergencia están en un tarro marrón junto al microondas que puede usar por si…
―Cielo, vamos a cenar, no de viaje a las Bahamas. Solo serán unas horas, ¿qué puede pasarles a los niños?
―Sí, perdóname cielo –contestó la mujer avergonzada mirando a la mujer- Sé que estarán a buen recaudo contigo. La cena solo tienes que calentarla. Que vean un rato la televisión y a las nueve y media los mandas a la cama.
―Máximo a las diez, mañana Louis tiene partido de básquet.
―Bien, todo apuntado –dijo Isabella dándose un toque en la sien, como si quisiera decir que todo estaba ahí dentro, en su cabeza- ¿Algo más que deban decirme? ¿Algo que no deban comer? ¿Normas?
―Nada más, Isabella.
―Entonces, que disfruten de su cena.
―¡Llámanos si ocurre algún percance!
―¡No se preocupen! –les tranquilizó la pelinegra antes de cerrar la puerta. Los Carraway se marcharon y en la casa solo quedaron ella y los dos niños. Louis y Jeremy estaban tirados en la alfombra mullida que había en el centro del salón. Isabella, acercándose a ellos, dio una palmada para llamar su atención y les sonrió- Bien, ¿quién se apunta a una partidita al parchís?

La noche tanto para Justin como para Isabella pasó larga, aburrida… solitaria. Isabella pronto se vio durmiendo a los niños, pues éstos, tras haber cenado, estaban que se morían de sueño. Y Justin, hablando con un grupo de chavales de entre veinte y veintitrés años, solo había conseguido vender lo suficiente como para obtener cien pavos. Además de que estaba muriéndose de frío, Sean tampoco corroboraba con hacer publicidad. O era eso, o que a la gente no le interesaba probar nada nuevo.

Dieron las once y media y los Carraway no llegaban. Isabella había sacado un balde de agua para ver dónde estaba exactamente el lugar al que había ido Justin a “festejar”. Sabía de sobras que la mochila que llevaba con él estaba atestada de pastillas, aunque le preocupaba más el hecho de que le pillara la policía o se metiera en líos, que el vender droga al público.

Se levantó las medias hasta un par de dedos debajo de la rodilla y sacó una de sus gamas con forma de estrella. La rascó contra la mesa y de ella sacó un fino polvo que esparció por el recipiente lleno de agua. Tal y como esperaba, el líquido transparente fue cogiendo un color azulado y mientras se completaba la transformación se colocó bien la ropa.

―Quiero ver a Justin –dijo cuándo el agua se volvió totalmente azul, lista para ser usada.

Pronto el centro empezó a clarearse, y una especie de onda transparentó el agua, dejando una imagen oscura, nocturna y agitada noche de un bar en Seattle. Su interior estaba a reventar de gente, bailarinas con poca ropa se movían y contoneaban al ritmo de una música que no llegaba a los oídos de Isabella. vio en la barra a un afroamericano que tenía los brazos alrededor de los hombros de una rubia pechugona y con vestimenta corta y escotada. Era Sean. Y si él estaba ahí, Justin no tendría que estar lejos. Las aguas siguieron los pensamientos de Isabella y transportaron la visión hasta la parte externa del local, donde un aparcamiento tenía lugar. Ahí varios grupitos de personas se fumaban un cigarro, hablaban, bebían e incluso los más atrevidos se escondían entre las penumbras de la noche para tener un momento caliente y fogoso.

En una de las esquinas estaba Justin fumándose un pitillo y hablando con unos jóvenes que sacaban de sus bolsillos dinero. Justin lo cogió, lo contó y entonces abrió su mochila. Sostuvo, con precaución de no llamar mucho la atención, una bolsa con cinco pastillas en su interior. Los chicos se sonrieron entre sí y la cogieron, despidiéndose de Justin con unas palmaditas en la espalda.

Siete metros a su derecha un cartel de neón ofrecía al público el nombre del bar, la dirección y el horario de apertura.

Bingo.

Solo faltaba esperar a que los Carraway llegaran, le dieran su dinero y se subiera al coche en busca de Justin. Los susodichos no tardaron en aparecer. Sonreían y se cogían de las manos, felices de haber tenido ese pequeño momento de intimidad para hacerse al día en asuntos de pareja. Cuando llegaron, la casa estaba en silencio, las luces levemente encendidas y todo en orden. Isabella había tenido la modestia de limpiar la cocina y recoger el salón. Aquello fascinó a Fany Carraway.

―Los niños están dormidos desde hace una hora y media o así, han visto la televisión muy poco rato; les he entretenido jugando a unos juegos de mesa.
―Es raro, siempre están enganchados a esa pantalla –dijo William riendo.
―Muchas gracias por haber cuidado de ellos –le agradeció Fancy- Si necesitamos una canguro otra vez no dudaremos en llamarte a ti.
―Será un placer –sonrió la chica.
―Veo que vas vestida para salir –comentó la señora Carraway observando el atuendo de Isabella- ¿Adónde tienes pensado ir?
―Oh, a un bar que acaba de abrirse hace apenas una semana.
―Will, dale veinte dólares más a Isabella, se lo merece.
―Oh no, señora Carraway, no hace falta.
―Insisto Isabella –dijo William sacando de su billetera setenta dólares. Sí que tenían dinero, sí, porque pagarle casi cien dólares a una canguro por haber estado tan solo tres horas…
―Bueno –se resignó la pelinegra, aceptando el dinero- Muchas gracias, señor Carraway. Llámenme si necesitan que cuide de nuevo a los niños.
―No te preocupes, lo haremos –le sonrió Fany entregándole el abrigo a la chica- ¿Lo tienes todo?
―Sí, gracias.
―Ten cuidado, está oscuro ahí fuera.
―Buenas noches –se despidió la pelinegra cerrando la puerta tras su paso.

Fuera hacía más frío de lo que creía, y no iba precisamente bien vestida para el tiempo que ocasionaba. El abrigo era grueso y aterciopelado por dentro, pero las piernas solo estaban cubiertas por unas oscuras medio transparentes medias que le realzaban la figura. La falda le llegaba hasta dos dedos más arriba de las rodillas y la camisa era sin mangas {x}. Por suerte llevaba puestos unos guantes y una bufanda en el bolso que había decidido ponerse nada más salir de la casa de los Carraway. Hasta en el coche, y con la calefacción puesta, seguía castañeando los dientes. Miró la hora que marcaba su reloj de pulsera y pensó que podría estar en el bar en menos de veinte minutos.

Con Justin, la noche estaba siendo fría y aburrida, no había habido ningún cambio, excepto cuando vino Sean corriendo. Pensó que le había venido una manada de adolescentes en rabia queriendo más pastillas con las que mezclar esa noche, pero se alarmó cuando de la boca del afroamericano salió el nombre de Isabella.

Por poco se le sale el corazón de la garganta. ¿Qué hacía ella aquí? Este no era un lugar adecuado para estar sola. No le había dicho dónde se organizaba la fiesta, ¿cómo es que había conseguido venir? Corrió hacia el interior del local con la mochila golpeándole la espalda a cada paso que daba. Le daba miedo dejar a Isabella sola, desprotegida y con tanto hombre intentando aprovecharse de su inocencia y humildad. Este no era un lugar para ella, debía llevarla a casa. Dejarle a salvo.

La encontró sentada en un taburete de la barra bebiendo una Coca- Cola. La imagen de una chica como ella, vestida así, como una niña pequeña,  en un bar donde lo único que se hacía era fumar, beber alcohol y bailar con desconocidos, lo descolocó. El contraste de sensaciones que ella emanaba a comparación con la de la estancia en general impactaba. Se acercó hasta Isabella, recibiendo empujones e insultos por parte de todo aquél con el que se chocaba, pero cuando llegó hasta ella, lo único que le importó fue…

―¿Qué mierda estás haciendo aquí?

La chica por poco se ahoga con su refresco.

―Justin –dijo ella limpiándose la boca con la manga- Hola.
―¿Hola? Te dije que esta no era una fiesta adecuada para ti.
―Oh vamos Justin, acabo de llegar de casa de los Carraway. Me han dado setenta pavos y quería estar contigo, beber algo juntos…
―¿Cómo sabías la dirección de la fiesta? –le interrumpió sacudiéndola del brazo.
―Me llegó propaganda al buzón –respondió, abriendo los ojos.
―Ya, pues tú, la propaganda y esos setenta pavos vais a arder en una hoguera como no salgas de aquí cagando leches.
―¿Por qué te pones así? –le preguntó- No estoy haciendo nada malo.
―No es lo que tú hagas, sino lo que te puedan hacer a ti. ¡Mira a tu alrededor! Está lleno de depredadores que aprovecharán la ocasión en cuanto te encuentres sola.
―Entonces quédate conmigo y no estaré sola –susurró. Y a pesar de la música estridente, Justin logró escuchar lo que sus labios decían.

Respiró y, con resignación, arrastró un taburete alto hasta él y se sentó a su lado. Isabella sonrió y apoyó la cabeza en su hombro, orgullosa de haber conseguido su propósito. Mantener a Justin a su lado y alejarlo de peleas o líos que pudiesen ocasionarse en este bar. No tenían por qué marcharse, podrían disfrutar juntos de la noche, pero al margen de los problemas.

―¿Por qué has venido, Isabella? –le preguntó, apretándole la cintura para tenerla más contra él.
―Ya te lo he dicho.
―Esa respuesta no me sirve.
―Estaba preocupada por ti –se sinceró.
―¿Preocupada por mí? –preguntó él, alejándola un poco para que pudiesen mirarse a los ojos- ¿Por qué ibas a estarlo?
―Mira a tu alrededor –le imitó ella como segundos antes había dicho él- Y mírate a ti. “Problemas” y “Justin”, vais cogidos de la mano.
―No es verdad –se quejó, poniendo morros.
―Tienes razón, quien va cogida de tu mano soy yo –la chica buscó sus dedos y los entrelazó con fuerza, sintiendo el calor de ambos fluir por sus venas.

Justin la miró y ésta se apoyó de nuevo en su hombro, respirando su aroma a colonia de hombre que tanto le gustaba de él. Justin le soltó la mano y le abrazó por la espalda, la chica contra su pecho, con los ojos cerrados, ajena al ruido de la gente, el tintineo de las copas al chocar, las carcajadas y los comentarios obscenos, el chirriar de las puertas del baño al abrirse y cerrarse… todo pareció evaporarse a su alrededor y como si el tiempo pasara lento, se quedaron abrazados durante mucho, mucho rato.

Justin se dio cuenta de que Isabella no es que fuese especial con él, es que lo era en sí. Isabella era especial, era diferente, era única. Jamás de los jamases había conocido a una chica como ella. Jamás de los jamases creyó que tendría tanto autocontrol con una persona del sexo opuesto. Cuando alguna tía se le acercaba de esta manera, él atacaba y se la llevaba al baño. Pero con Isabella, simplemente, disfrutaba de su cercanía, de la suavidad de su piel y de su presencia. Su mera presencia le bastaba. Quizá quería algo más de ella, quería sus labios y sus caricias, su intimidad y su posesión. Pero con este gesto, con este simple gesto, el abrazarla, tenía suficiente para toda la eternidad.

―Tengo que ir al baño –dijo Isabella separándose de Justin.
―¿Entro contigo?
―Ya está aquí el Justin pervertido que yo conozco –rio ella bajándose del taburete- Vuelvo en un segundo.
―Ten cuidado.
―Puedes vigilarme desde aquí, hay buenas vistas hasta el baño.

Le guiñó un ojo y se perdió entre la multitud. Era alta, pero en comparación con las personas que ocupaban la pista del bar, se sentía la más diminuta. Se topó con los feroces ojos de los hombres, que la seguían con la mirada hasta adentrarse en los servicios femeninos. Ahí, se echó agua en la nuca y se encerró en un cubículo particular. Cuando acabó, limpió sus manos y las secó con las servilletas de papel que había en una caja de al lado. Al salir se encontró a uno de los hombres que prácticamente se la había devorado con la mirada. Éste era grande, dos veces más grande que Justin. Grandes brazos, grandes piernas, grandes torso y espalda. Grande, enorme, gigante.

―Hola, preciosa.
―Mhm, hola –le saludó ella algo incómoda. Buscó la mirada de Justin a lo lejos sobre ella, pero ésta estaba sobre el vaso medio lleno de Coca Cola que había dejado sobre la barra. Sostuvo el bolso con una mano, que sin saberlo, estaba temblando.
―¿Estás sola?
―No, estoy con…
―¿Tu novio? –preguntó él, sonriendo. Tenía los labios magullados, seguramente de alguna reciente pelea- Déjame decirte algo, monada. Con o sin novio, podemos pasarlo bien juntos.

No le importó la mirada de asco que Isabella estaba intentando reprimir, el hombre se inclinó hacia ella y atacó contra su boca. Por un momento esos apestosos labios a alcohol y crema para llagas la aturdió, pero luego una mano izquierda se impactó contra su mejilla. El guantazo y el empujón de Justin lo hicieron tambalearse hacia una mesa de atrás y tirar las bebidas al suelo.

Justin, con la respiración agitada, miró al individuo que ahora intentaba limpiarse el alcohol de su ya sucia camiseta. Éste se levantó, y con intenciones de devolverle el golpe, alzó su puño.

―¡Eh, grandullón, venga, cálmate! –el barman había salido de la barra y sostenía al hombre del brazo para evitar que chocara su puño contra la nariz de Justin.

Isabella, asustada por el reciente beso que ese mugroso alcohólico le había robado, se aferró a Justin y éste le pasó un brazo por los hombros mientras ésta rodeaba su cintura y se escondía. ¿Desde cuándo temblaba, desde cuándo sentía miedo, desde cuándo se sentía tan… vulnerable?

El hombre pareció relajarse, pero clavó su oscura mirada sobre la de Justin, advirtiendo problemas, amenazas, diciendo que eso no quedaba ahí. Sean vino corriendo hacia la escena de la pelea, preguntando qué había pasado. Pero ninguno de los dos respondió. Estaban mirándose, buscando algún indicio de daños. No, estaba todo bien. Menos la boca de Isabella, que había sido profanada.

―¿Estás bien? –le preguntó Justin sujetándole el rostro entre las manos. Ella asintió con la cabeza- Me había asustado.

La abrazó y por una vez su miedo se acopló a ella. Justin temblaba, y bien podía ser por el temor que había sentido hacia Isabella, o por la rabia interna que estaba deseando exteriorizar con ese imbécil que se había atrevido a tocarla.

―Ese puto borracho ha tenido más suerte que yo –dijo separándose de ella y sonriendo.
―Si te refieres a lo del beso, créeme, ha sido horroroso.
―Eso es porque no he sido yo quien te ha besado –rio él, destensando la situación, revolviéndole el pelo a Isabella.

Volvieron los tres a la barra, hablando y riendo sobre distintas situaciones en las que se habían visto engatusados por tipos así de grandes y amenazantes. Isabella no pintaba nada en aquella conversación, pero escuchaba atenta las miles de veces que se había metido Justin en peleas.

Justin, que continuaba al acecho del hombre de antes, lo buscaba con la mirada y lo encontraba siempre mirándolo, apoyado en un taburete cerca de la salida, sosteniendo una copa de licor. El hombre reía, amenazándolo, retándolo con la mirada. Sus ojos divagaban entre Justin e Isabella, y cuando estaban sobre éstas, hacía gestos con su mano, imitando cómo su pene se ponía erecto. Eso cabreó a Justin y, dejando su copa sobre la barra de manera brusca, se levantó.

―Ahora vengo –dijo limpiándose la boca con la manga de la sudadera.
―¿Adónde vas? –le preguntó Isabella confundida, haciendo el ademán para ir junto a él.
―Que se quede aquí, Sean –le pidió Justin sin siquiera girarse a verlos.

El afroamericano sostuvo a Isabella por los hombros y le dijo que Justin volvería en seguida. Éste suponía que iba a vender alguno de sus lotes a alguien, pero rechazó ese pensamiento de su cabeza cuando vio que se marchaba sin la mochila. Una rubia despampanante se sentó al lado de Sean a pedir una bebida, y éste, con ojos del halcón, la acechó con la mirada hasta que la chica, sintiéndose observada, se giró y lo saludó. Isabella quiso darse golpearse la cabeza contra la fría y metálica barra. Fuera, el hombre de antes le esperaba con una sonrisa siniestra.

―Así que la nenaza por fin se ha dignado a acabar lo de antes –dijo Hank, que así se llamaba, lanzando su vaso ya vacío. El cristal se esparció por el suelo, salpicó sus pies con las últimas gotas de la bebida y el estridente sonido del impacto resonó en la calle oscura, fría y desolada.
―¿Por qué eres tan feo, tío? –se dignó a decir Justin, intentando molestar a Hank.
―¿Y por qué tu novia es tan zorra? –Bieber apretó la mandíbula.
―Fuiste tú quien puso su boca sobre la de ella.
―Olía a polla, por cierto, seguro que se la estaba chupando al de la mesa de al lado.

Justin lo cogió del cuello y le dio un empujón hacia atrás, haciéndolo tropezar con una botella de cristal vacía. Sabía que Isabella no había hecho nada de lo que ese cerdo había dicho, pero que se refiriera a ella con tan poco respeto le quemaba la sangre. Isabella no era ninguna fresca.

―Como vuelvas a tocarla juro que…
―¿Qué, llamarás a tu papi? –preguntó, riéndose de él- Eres un niñato que va de hombre y ni siquiera sabes atarte los cordones.
―Al menos yo no llevo la bragueta abierta como un niño de tres años.
―Si la llevo bajada es para que a tu zorrita no le cueste mucho sacarme la polla y comérmela.

Primer puñetazo. La herida del labio que estaba apunto de sanarse se abrió y empezó a chorrear sangre que le manchó el cuello de la camisa. Hank se limpió la boca con la manga, ensuciándosela del líquido escarlata que bajaba por su mandíbula. Se enzarzaron así en un duelo de puñetazos y cabezazos. Justin se reventó los nudillos, pero Hank lo hizo el doble al tener más fuerza y resistencia. La cara de Justin era un poema. De su ceja salía sangre y lo más posible era que los puntos de hacía unas semanas se hubieran abierto. Siguió luchando, pero cuando Hank sacó una navaja del bolsillo, lo dio todo por perdido. No cerró los ojos, pero el último pensamiento que quería llevarse era el de su madre sonriendo. Y a Isabella.

―La próxima vez te lo pensarás dos veces, maricón de mierda.

Alzó la navaja, con el ademán de rasgar la piel de su cuello e introducir la afilada hoja en él. Pero algo evitó que eso sucediera. Hank se desplomó hacia adelante, soltando la navaja y desparramándose en el suelo con millones de trozos de cristal que llegaron a cortarle la cara y las manos tras la caída. Isabella apareció detrás de él, sujetando la botella de cristal que antes había hecho tropezar al hombre que ahora yacía en el suelo, tapándose la boca y más sorprendida que Justin. Y éste, creedme, ya lo estaba bastante. Se levantó del suelo, pues al ver que Hank se inclinaba hacia él, sin saber que era para desmayarse, había decidido apartarse con rapidez, cayendo de culo al frío y húmedo asfalto. Corrió hacia Isabella y esta soltó la botella, terminándola de romper, al mismo tiempo que rodeaba el cuello de Justin con sus brazos.

Los de él se moldearon en la cintura de ésta casi como una pieza de rompecabezas. La chica, con los ojos en lágrimas, apretó con fuerza a Justin. Hundió la cara en la curva de su cuello y plantó mojados besos en su piel, con el vello erizado por el miedo que había sentido segundos antes. No supieron cuánto tiempo permanecieron así, pero fue Sean quien los interrumpió.

―Mhm –dijo incómodo al ver la escena de su amigo y la neoyorquina-, la chusma está aquí.

Los ojos de Isabella se abrieron de golpe, miró el cuerpo inerte en el suelo y la tensión se disparó a las nueves, igual que su corazón latiendo a toda prisa. Observó a la rubia de antes al lado de su amigo y con una mirada amenazante le dijo que no era tiempo de coquetear. El afroamericano, captando el mensaje de Isabella, miró a su acompañante.

―Rebecca te llamo luego, venga adiós -le dio un empujoncito en la espalda y la chica le dio un beso en los labios antes de regresar al bar tambaleándose- Pásame las llaves del coche –le pidió Sean. Viendo el estado en el que estaban sus dos amigos, no le quedaba otra que conducir.

Isabella se las pasó sin siquiera preguntar y, cogiendo la mano de Justin, corrió tras el afroamericano que ya estaba abriendo las puertas del vehículo cuando lograron alcanzarle. Éste se colocó en al siento del piloto, y Justin e Isabella detrás. Ambos aferrados a la puerta que había a su lado, con un enorme espacio entre los dos.

―Tío, ¿pero tú estás loco? –le regañó Sean cuando doblaron la esquina y empezaban a dejar el bar atrás- ¡Ese capullo era dos veces más grande que tú, podría haberte matado!

Justin no protestó, sabía que su amigo tenía razón y que podría haber sido así sino fuera por Isabella.

―Manda cojones, socio, eres un jodido suicida. ¡Sabías que ese tío iba a darte la del pulpo y te has metido en esa pelea solo para marcar territorio! –continuó, reprochándole y echándole en cara su actitud de niño pequeño- Todo el mundo sabe que Isabella es tuya, al tío ese le quedó claro en cuanto te vio, pero te incitó a empezar una pelea y tú como un niño seducido por un montón de chuches fuiste a por él chupándote los dedos.
―Habló mal de Isabella.
―¿Y qué más da, tronco? Ese tío no volverá a ver a tu chica en la vida, ¿qué más da lo que hubiese dicho de ella? Seguramente a Isabella no le importó. ¿A ti te importó, Isabella? –preguntó Sean girándose a ver a la chica, que parecía distante observando la ventana de su izquierda.
―¿Ah? No, no –respondió distraía.
―¿Los ves, tío Justin? Son ganas de meterse en más problemas. Rézale a Dios para que nadie te haya visto o hayan apuntado la matrícula, porque como la chusma te pille estaremos en más de un lío gordo.

Isabella estaba aterrada con lo que acababa de pasar. No solo casi matan a Justin, sino que ella misma casi mata a Hank. Por suerte el impacto no lo hizo fallecer del todo. Sintió su corazón latir contra el pecho, su aliento chocar contra el suelo. No estaba muerto, pero el hecho de haberlo dejado ya en esa situación le acarrearía problemas con la Corte Celestial. Mañana o pasado la llamarían para una reunión a explicar lo sucedido. Y entre eso y su “relación” con Justin, estaría destinada a convertirse en un ángel caído tras arrancarle las alas.

Se mordía las uñas cuando Justin alargó el brazo para tocarle el hombro. Ésta se asustó tras su tacto, pero se relajó al ver el rostro de Justin entre la oscuridad de la noche. Le hizo un gesto con el dedo para que se acercara a él y ella apoyó la cabeza en su regazo mientras sentía como las manos de Justin desenredaban su cabello.

―No has matado a ese tío, Bella, no te preocupes.

Ella no dijo nada. El silencio fue testigo del miedo que ambos sentían en ese momento. Ella por él, él por la influencia que estaba ejerciendo sobre ella. ¿Tanto se preocupaba? ¿Tanto le importaba? ¿Desde cuándo una persona era tan atenta con él? ¿Desde cuándo se arriesgaban el cuello por el suyo? Porque bien Bella podría haber fallado con la botella y Hank darle un golpe de los mil demonios. Su mandíbula se apretó al imaginarse eso. Isabella sintió lo tenso que se ponía y, girándose para mirar hacia arriba, alzó la mano y pasó los dedos por su mandíbula y garganta.

―Creí que te perdía.

Justin bajó la mirada, disfrutando con el tacto que los dedos largos y delgados de la chica le proporcionaban. Se inclinó y con su aliento chocando contra su boca, susurró:

―Vas a tenerme a tu lado dando por culo mucho tiempo, señorita.


Y besó su frente, depositando en ella un inflamable y cariñoso gesto que podría estallar en cualquier momento. Ese simple beso había hecho arder la sangre de la chica y sabía que, como Justin terminara de prenderle fuego con otro de sus besos, de sus caricias o de sus simples palabras, estallaría como una bomba. 


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Los pedos de Justin son una maravilla en comparación a la mierda de gif que he hecho, pero es lo único que me ha salido en referente a la pelea. Es lo que hay, no puedo dar más. Espero que os haya gustado el capítulo y vuestros corazones no estén cardíacos por el casi beso del capítulo anterior. Al menos en este hay besito... en la frente. Es un avanNO ME MATÉIS YO NO TENGO LA CULPA. 

Y nada chochis, mañana no subo, sacabao. Este es el último capítulo del año y por si mañana no puedo felicitaros ni nada, feliz año nuevo y esas cosas, no se me da bien esto, no me gusta. Lo siento chics. Yo que sé, mhm, no sé qué más deciros que ya  no sepáis. Que muchas gracias por todos los comentarios y visitas y ¡bienvenidas las nuevas lectoras! Gracias por seguir apoyándome y permanecer a mi lado después de todo este tiempo, sois increíbles.

Un beso a todas, y de nuevo, que tengáis un próspero y feliz año nuevo -esta vez ma quedao más currao xd-. ¡Os quiero mucho, mucho, mucho♥!

24 comentarios:

  1. Es que no se que decirte, ya por twitter te lo digo todo JAJAJAJA.
    Me gusta muchísimo la novela, en serio, Cada día me enamoro máaaaaaaas y máaaaaaaaaas y A VER CUANDO SE BESAN OYE.
    jkhgfdsfdfghj no hay prisas eh (unas pocas si pero bueeh)
    Chao kjhgfd<3 -avonxshawty

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  2. mina me encanto a ti nada te queda mal el capitulo fue qwertyuiop ahh bueno esperaba que subieras el dia de mi cumple pero veo que no bueno estare esperando el otro año con asias los demas capitulos y tambien FELIZ AÑO que la pases bien y que el otro año sea bien para ti y tu familia y la gran imaginacion que tienes BESOS!
    Desde COLOMBIA
    by: swag
    GRACIAS POR ESTE AÑO DE EMOCION CON LAS 2 NOVELAS
    TE QUIERO

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  3. Mina enserio, este capítulo ha estado mas que genial(:
    Sigue subiendo pronto porfavor que me has quedado con ganas de seguir leyendo, jouch.
    Un besoo

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  4. ¡HAHAHAHA! ¡no paraba de reír con eso de "aliento matutino". Sí, ¿qué puedes hacer tú? Isabella es un ángel, aún no puede besar a Justin, y eso me cabrea mucho. Aunque, al mismo tiempo me gusta, porque, ¡cuando se besen por primera vez será intenso!
    Me gusto todo acerca de estos capítulos, ¡diablos, a mí siempre me gusta todo de los capítulos que tú haces! ¿Qué puedo hacer?
    Bueno, whateva'', espero que tengáis un próspero y feliz año nuevo.


    Besos, desde Venezuela.
    -@ShishaBiebs

    PD: Si te dejo mi nombre de usuario en twitter es por algo, ¿no crees?

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  5. AYYYYYYYY. QJÑUE BONITO. JO. YO QUIERO BESO YA. YA SE K SOY IMPACIENTE JEJEXD
    POS EL GIF ME HA GUSTADO, IDK.
    FELIZZZZ AÑO MINAAAAAAA. TKKKK

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  6. PERFECTO, igual que siempre Mina.....Bueno nose en el futuro me veo comprando tus libros fsghjagd, y respecto a este capitulo me encanto es tan asadsfgdgadg<3 hermoso*-* es que amo tu novela.
    Besos & Feliz prospero año nuevo (:

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  7. ¡ME CAGO EN TU CHUMINO, MINA! QUIERO UN PUTO BESO YA. FUCK. AAAAAAAAAAAH. ESTOY INDIGNADA. :CCCCCCCCC
    PERO BUENO, ME HA GUSTAO' , ME HA GUSTAO'.
    Un besi.
    @lookinglikeudo.

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  8. Me encanta tu novela!! Es una de los mejores que he leido, estoy deseando leer el prox.

    Feliz Año Nuevo

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  9. DIOS ME CAGO EN LA PUTA. ¿POR QUÉ SE ME HACEN LOS CAPÍTULOS TAN PUTOS CORTOS?
    Es que tío no hay derecho joder, no lo hay. Es que me ofusco. Y pos me enfado. Y y y y y. :''''''''''''(
    Bueno, los capítulos han sido de los más ''>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>> ºº'' ¿VALE? ES QUE YO IM LOVE WITH JUSTIN DE ÁNGEL. ES QUE ES TAN PERO TAN TAN TAAAAAAAAAAAAAN ADORABLE, MONÍSIMO Y DE TODO JODER.
    Simplemente no puedo.
    Ya está.
    Hay que aceptarlo.
    P O R F A V O R:
    MINA, ALÉGRAME LA VIDA Y SUBE, POR DIOS. TE LO RUEGO.
    PD: ¡FELIZ AÑO, CERRRRRRRRRRRRRRRRRRDI! <3 <3 <3

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  10. Ha estado asjfbhsadfyuighrfbsd. Me encanta. Por cierto, cómo haces para unir los gifs?

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  11. Enserio me encanta tu novela es la mejor de todas las que he leido. No se como puedes escribir tan bien y tener tanta imaginacion.Me encanta tu novela,en cada capitulo nos sorprendes con algo nuevo me encanta enserio.Siguela porfavor.Un besito,siguela porfiss:))

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  12. SIGUELA
    SIGUELA
    SIGUELA
    SIGUELA
    SIGUELA
    es la mejor que he leido en mi vida siguela porfavor

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  13. Siguela, por favor.
    Escribes bastante bien, felicidades.

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  14. SIGUELAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA POR FAVOR, REAMO LA NOVELA BOLUDA.

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  15. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  16. sigueeeeeeeeeeeelaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!! porfa me ENCANTA!!!!!!

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  17. Holiwii^^ soy una nueva lectora enamorada eternamente! Jajajaja me llamo Rocio pero me llaman Roxii
    que sepas que tu nove me encanta y que espero que la sigas pronto
    Kisses
    Roxii;)

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  18. 19 diass sin tu novelaa ;( me quieres matarr!! Porfavorr!! Subeeeee!!!

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  19. siguelaaaaaaaaaaaaaaa!! porfaaaaaaaaaaa es hermosaa porfavor no dejes de escribirlaaa me muerooo jajaja

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  20. aah si pueden pasen por mi novee porfaa les agradeseria muchisisimo :) http://novedejustinbieberytuforever.blogspot.com.ar/2013/01/as-long-you-love-me-personajes-narra-la.html#comment-form

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  21. Vas a seguir subiendo?

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  22. Minaaaa de hace tiempo que no subes :(( dejaras a novela :( ?Sube pronto por favor extraño tus capitulos

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