¿Cuántos somos ya?

4 de octubre de 2013

«Ángel; capítulo cuatro»


"i'm not a fucking damsel in distress"
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 Un par de horas más tarde, cuando el sol rompía contra la ventana y sus rayos calentaban el rostro de Justin, molestándolo, se levantó con un horrible dolor de cabeza que le impidió recordar todo lo sucedido en la fiesta de la noche anterior. Se incorporó en el sofá y frunció el ceño al darse cuenta que no sabía cómo había llegado hasta ahí. Su cuerpo estaba cubierto por una manta, la cual tampoco adivinaba como había acabado tapándolo. Sin duda, había fumado o bebido de todo en casa de Theresa, y esas cosas traían consecuencias: una temporal amnesia.

Quiso coger el móvil y llamar a Sean para que le explicara exactamente qué hizo en la fiesta, pero no encontró el móvil. Ni las llaves. Se frotó las sienes, frustrado y cansado, tratando de recordad cómo había llegado a casa. Si no tenía llaves, ¿cómo había podido abrir la puerta? No tenía ninguna de repuesto guardada en el felpudo o en la maceta de la entrada. Y de ser así, estarían por el salón, cosa que no, no había ni rastro de ellas.

Suspiró harto de que su cerebro no le permitiera una leve ráfaga de imágenes para recordar lo que había hecho, o cómo había llegado a dormirse en el sofá. Lo único que veía con claridad era una repentina sensación de mareo y el chocar contra el frío y duro asfalto. Se había caído, concluyó, pero no sabía cómo ni quién –si es que le había ayudado alguien- le había traído a casa.

Localizó en la mesa de enfrente un vaso de agua y una pastilla. Se la tomó y ayudó que el líquido incoloro e insípido la ayudara a bajar por la garganta. En unos minutos empezaría a hacer efecto y la cabeza dejaría de dolerle.

El timbre de la puerta sonó, haciendo que pegara un pequeño brinco. Se despojó de las mantas y con pies descalzos caminó hacia la entrada. Miró por la mirilla y se encontró a su amigo afroamericano vistiendo con una chaqueta de sudadera y unos pantalones anchos y rotos. Le abrió la puerta y éste le sonrió.

—¿Resaca? –le preguntó Sean sin siquiera pedir permiso para pasar, directamente entró y se sentó donde anteriormente Justin yacía dormido.
—¿Qué haces aquí? –Justin cerró la puerta y caminó hacia su amigo.
—Anoche cuando llegaba a casa con Britney me encontré a Isabella.
Bieber se sorprendió al oír su nombre.
—¿Qué hacía por ahí?
—No lo sé, dijo que justo pasaba por mi barrio… pero yo creo que me estaba siguiendo, no lo sé –negó con la cabeza como si ese punto no fuera lo más importante del tema- El caso es que me dio tu móvil y llaves. Te las habías dejado en casa de Theresa.
—Oh.

Sean sacó las pertenencias de su amigo y se las entregó. Justin comprobó el estado y el saldo de su teléfono. Todo estaba correctamente; la batería, los contactos no habían sido borrados… nada.

—Le daré las gracias más tarde –contestó más para sí mismo que para informar a Sean.
—Me sorprendió mucho, tío –le dijo el afroamericano. Justin lo miró pidiendo una explicación- No sé, mucha casualidad que pasara por mi barrio a darme tus cosas cuando el lunes te las podría haber entregado ella personalmente.
—La verdad, mucho mejor que te las hubiese dado esa misma noche, no habría podido salir ni estar en contacto con nadie.
—En eso tienes razón pero… no sé, sabes que me rayo mucho.
—Bueno, déjalo. Lo importante es que ha sido maja y no se ha quedado mis cosas –Sean asintió dándole la razón- ¿Y cómo fue con Britney? ¿Te la tiraste?
—Qué va, estaba demasiado borracha. Me gusta que mi mujer esté consciente y sensible, ya sabes.
—Eres un tío legal –Justin le pegó un puñetazo en el hombro juguetonamente.
—¿Y tú con Marcie, qué?
—No me acuerdo –se frotó la nuca riéndose, al igual que su amigo- Pero lo más seguro es que sí -se tocó los bolsillos traseros en busca de la cartera. La abrió y buscó los condones. Había ido a la fiesta con cinco; le quedaban tres- Sí, me acosté con ella.
Ambos chicos rieron.
—Oye, ¿y con Nicole?
—¿Qué pasa con ella? –Justin se encogió de hombros.
—Vinimos con ellas a la fiesta, ¿no estuvisteis juntos?
—No lo recuerdo.
—Britney me contó que la besaste antes de irte, era cuando no estaba borracha y recordaba –Sean sonrió- A saber qué más hiciste por ahí, ligón.
—No lo sé, pero necesito a alguien que me lo diga. Quiero saber cómo llegué aquí –dijo señalando el lugar en el que estaba; su casa- Te lo juro, no recuerdo nada. Solo sé que de camino me mareé y caí al suelo. Esta mañana he aparecido tumbado, tapado y con una pastilla y un vaso de agua en frente para que me lo tomara.
—Entonces es que alguien te ha ayudado a venir.
—Sí, ¿pero quién? –se preguntó a sí mismo, intentando recordar o pensar un nombre.
—Marcie –propuso Sean encogiéndose de hombros.
—Ni de coña, ella solo me ayudaría si obtiene un polvo a cambio –respondió negando con la cabeza. Después de unos segundos en silencio indagando nombres en su mente, precedió a hablar- A tomar por culo, me da igual. Solo espero que no haya sido un pedófilo de mierda que se haya aprovechado de mí estando inconsciente.
—Bueno, a pesar de haberte violado, te ha tratado bien. Con mantita, cojines y pastilla para el dolor de cabeza. Solo faltaba el chocolate debajo de la almohada.
—Cállate capullo –le pidió riendo dándole un puñetazo en el hombro.

***

El lunes por la mañana, Justin no tenía gana alguna de ir a clase y soportar las aburridas y poco interesantes clases. Lo bueno es que podría ir y preguntarle a alguien si lo vio salir de casa, si alguien le acompañaba y qué hizo. Necesitaba respuestas y las iba a obtener. Por otra parte tenía que agradecerle a Isabella el haberle dado sus cosas a Sean, cualquiera podría habérselas quedado y ella hizo bien en devolvérselas. Le habría gustado que fuera personalmente a él, pero, algo era algo.

Marcie iba, como siempre, enganchada a su cintura. Ella creía que lo que tenían era una amorosa relación, aunque lo único que había era sexo desenfrenado y algún que otro beso cariñoso de por medio. Pero nada más, Justin tenía las cosas claras: no estaba enamorado de Marcie, solo sentía una física y sexual atracción hacia su amiga.

—¿Te acuerdas de algo en la fiesta de Theresa? –le preguntó mientras esperaban a Sean y Murray. Cassandra estaba sentada en las escaleras de la puerta principal leyendo un libro, como siempre.
 —Solo sé que llegué a casa y vomité en la alfombra que le gusta a mamá –Marcie se encogió de hombros y sonrió- ¿Y tú?
—Solo que nos acostamos –la chica sonrió de lado con malicia-, y que de camino a casa me desmayé.
—¿Y eso?
—Seguro me metí de todo –comentó como si fuese lo más normal del mundo, algo habitual y poco raro.
—¿Y cómo llegaste a casa?
—Alguien tuvo que llevarme, porque me había dejado las llaves y el móvil.
—¿Quién fue?
—Pregunté a los vecinos este fin de semana, pero estaban todos durmiendo y nadie vio nada.
—Qué extraño –murmuró frunciendo el ceño- Ya me enteraré, sabes que soy la reina de los cotilleos.
—Sí, lo sé –puso los ojos en blanco y sus dos amigos llegaron entonces, justo cuando sonaba la campana- ¿Se os han quedado las sábanas pegadas?
—Sí –respondieron ambos soltando un bostezo- Anda vamos, paso de llegar tarde y que me regañen.

A primera hora la clase de Religión le suponía a Justin una dura tortura. Tener que soportar a la señora Miller hablar de las parábolas era lo mismo que oír a Cassie hablar de sus libros favoritos. No entendía ni le interesaba nada. Lo bueno, si es que se podía decir así, era que compartía asiento con Isabella, y aunque no fuese muy habladora, le gustaba su simple presencia. Entraron antes de que el último timbre sonara, y la vio ahí sentada. Hoy lucía casual pero arreglada. Como hacía algo más de calor, se había puesto una camiseta de manga corta blanca, básica y simple. Unos tejanos azules desgastados tapaban sus largas piernas y unas manoletinas del mismo color que la prenda superior calzaba sus pies. El pelo, el largo y azabache pelo estaba suelto, golpeando su espalda como una cortina de satén, una cascada de chocolate negro, tentativo y dulce.

—Isabella Nightmare –la llamó Justin con una voz burlona, como si se estuviesen presentando por primera vez. Dejó la mochila en el suelo y acercó su silla hasta sentarse. La miró y sonrío.

Todo un casanova, pensó Isabella. Le sonrió de vuelta, aunque sin tener que ser falsa. Le alegraba también tener a Justin a su lado ya que eso suponía no tener que vigilarlo por si se metía en problemas.

—Hola Justin, ¿qué tal tu fin de semana? –en realidad no hacía falta que le preguntara, Isabella había estado espiando todos sus movimientos y contactos, alerta por si necesitaba ayuda.
—Algo amnésico, pero bien.
—¿Perdón?
—Venga, se acabó la cháchara.

Era la profesora de religión, acababa de entrar en la sala y los comentarios relacionados con los planes hechos estos días de fiesta quedaron ahogados para sumirse en un profundo silencio. Algunos continuaron su charla entre susurros, otros por gestos, el resto simplemente esperó a que ésta se despistara para seguir hablando.

—Confío es que hayáis pasado un buen fin de semana, pero ya se ha acabado y hay que volver a la rutina. ¿Habéis hecho todos los deberes que mandé la semana pasada?

Hubo un revuelo de ‘sí’ y ‘no’. Isabella miró a su izquierda, hacia la libreta limpia de Justin. Estaba en blanco y el ejercicio mandado no estaba ahí, ni siquiera el enunciado se había dignado a copiar. Negó con la cabeza y sacó un bolígrafo rojo de la mochila para corregirlo.

—Bien, el trabajo que os pedí fue analizar los pasajes de San Marcos que leí en la clase anterior –paseó la mirada por la clase y todo el mundo agachó la cabeza para intentar pasar desapercibido- ¿Justin?
—¿Qué? –él se balanceó en su silla sin ninguna apariencia alguna de interés en la clase. Isabella sonrió de lado- Oh, ¿los deberes?
—Sí, los deberes –la señora Miller asintió con cansancio en su voz y un deje de molestia- ¿Los tienes?
—Pues no –algunos de las mesas de enfrente rieron, Justin sonrió complaciente.
—Llevamos tres clases y ésta es tu quinta falta, ¿cómo argumentas eso?
—¿Porque me tienes manía? –preguntó sentándose ahora correctamente, poniendo cara de niño bueno.
—No, ¿pero sabes qué? Si al menos no vas a hacer nada limítate a no molestar en mi clase.
—¿Puedo dormir?
—Haz lo que quieras –contestó la profesora desviando la mirada del asiento de la última fila, donde Justin ya escondía la cabeza entre los brazos para echarse una pequeña cabezadita de más de una hora.

Pasados los últimos minutos de clase, todos los alumnos que impartían Religión procedían a recoger sus pertenencias y guardarlas en la mochila para dirigirse a su siguiente clase, pero la profesora mandó a sentarlos todos para anunciar un nuevo trabajo.

—Quiero que busquéis un personaje bíblico, y no importa si es del antiguo o nuevo testamento. Me importa el hecho de que hagáis una breve redacción de su vida señalando los hechos que marcaron en el cristianismo y algunas de sus citas. ¿Alguna pregunta?

Justin fue el único en alzar la mano y eso fue, sin duda, lo más sorprendente de toda la clase. Isabella se giró a verlo y dejó el bolígrafo que había estado usando para apuntar toda la información necesaria para el proyecto.

—¿Es obligatorio?
—Claro que es obligatorio, ¿para qué querría mandar un trabajo que solo presentarían dos personas?
—Me refiero a si es muy importante.
—Todos los trabajos son importantes –respondió cruzándose de brazos la señora Miller, acabando con la paciencia y buena intención de Justin- Si preguntas por cuánta nota cuenta, yo te digo que la mitad del trimestre. A no ser que me apruebes el resto de los exámenes con un nueve, tendrás la asignatura suspendida.
—A tomar por culo –exclamó Justin bufando.
—Isabella –la clase entera miró a la pelinegra- Me gustaría que fueras la pareja de Justin, más que nada para asegurarte de que hace el trabajo. No quiero que se lo hagas tú, solo que lo ayudes.
—Está bien –aceptó Nightmare con la cabeza.

Aquella idea le gustó. No por el simple hecho de tenerlo cerca, sino porque no necesitaría estar espiándolo para saber si se mete en líos o no. Estarían en una misma casa, bajo el mismo techo, haciendo lo mismo y con la misma compañía. Sonrió para sus adentros, quizá así podría ganarse plenamente la confianza de Justin, hacerse su amiga y así evitar que se metiera en problemas y por ende salvarle la vida. Sí, definitivamente que la profesora la escogiera como su pareja había sido un golpe de suerte.

—Bueno, ¿en tu casa o en la mía? –preguntó Justin inclinándose hacia Isabella una vez que la clase finalizó definitivamente.
—No me importa el lugar, solo cuándo. No suelo dejar las cosas para último momento, así que si puede ser hoy mismo mucho mejor.
—Hoy no puedo, tengo que hacer algo.
—¿El qué?
—Una partida de billar –respondió colgándose la mochila en el hombro y saliendo de clase en compañía de la pelinegra. Marcie, que los vio salir juntos, apretó los puños.
—¿Y una partida de billar es más importante que hacer el trabajo que te costará gran parte de la nota trimestral? –preguntó ella arqueando una ceja.
—Sinceramente, sí –soltó una risita y lo miró- La partida no empieza hasta las nueve, pero he de estar a las siete ahí.
—Podemos matar el tiempo preparando la información del personaje.
—El local no es… el apropiado –comentó frunciendo el ceño, preocupando a Isabella.
—¿A caso es el típico bar de mala muerte que está alejado de la mano de Dios donde se reúnen toda la gente peligrosa de la ciudad?
—Pues algo así –se encogió de hombros y siguieron caminando juntos, sin apenas darse cuenta de que eran centro de atención de todos los pasillos, hasta la siguiente aula.
—¿Y dónde está ese sitio? –preguntó la chica con retintín, haciendo reír a Justin.
—Vas de lista si crees que voy a decírtelo.
—Bueno, bueno, si no tienes ganas de estar conmigo solo dilo, no hace falta que pongas este tipo de excusas.
—Créeme, tengo ganas de estar contigo, pero no en ese sitio. Me gusta más la privacidad.

Justin le guiñó un ojo y dejó a Isabella plantada en mitad del  pasillo, analizando sus palabras y buscando un remedio para lidiar con la situación. Sabía que Justin tenía planes y que no estaba incluida en ellos, pero tenía que hacer algo para evitar que Bieber se quedara solo con ese grupo de busca líos. Podía preguntarle a Sean o a Murray dónde estaba ese lugar, pero seguramente éstos se lo dirían a Justin y el  plan se iría a la mierda. Podría seguirlo, pero Justin no dispone de coche y se notaría mucho que un vehículo desconocido fuera siguiéndolo todo el rato. Tendría que hacer algo, y pronto.

***

Cuando Isabella llegó a casa lo que hizo fue usar las gamas en forma de estrella para visualizar en el agua del balde dónde estaba el local al que se dirigía Justin. Empezaron a crearse unas suaves ondas que fueron cobrando formas, paisajes. Se vio un cielo oscuro, encapotado de nubes cargadas de fría y mojada lluvia; una carretera desierta y un bar en mal estado. Un cartel de neón mostraba el nombre del bar: Coyote Ugly Saloon. Su estructura era de madera simple, oscura y algo desgastada. Había varios vehículos aparcados a su alrededor y una tenue luz salía de las ventanas sucias, tanto de las del primero como las del segundo piso. Se oían las risas roncas de los hombres, la música alta, el chocar de las copas al brindar, el ruido de las sillas al arrastrarse. La mera presencia de Justin también se notaba, e Isabella la notó algo inquieta, revuelta, como si estuviese nerviosa. Justin lo estaba, estaba nervioso.

Ahora ella estaba con el coche aparcado a un lado del bar, no directamente enfrente de la puerta de la entrada. Suspiró y miró a través de la ventana las siluetas que lograban verse. Eran sombras oscuras que se movían rápidas y bruscamente. La música hacía retumbar las paredes del coche e Isabella frunció el ceño; la idea de que Justin estuviese aquí no le agradaba nada.

Eran pasadas las nueve, así que la partida ya habría empezado. Isabella abrió la puerta del coche y salió de él, pisando el asfalto. Alzó la vista y sintió la brisa fresca y helada mover sus cabellos. Olía a tormenta.

Justin estaba mirando los fajos de billetes amontonados en la esquina de la mesa de billar los cuales pensaría coger nada más acabar la partida. Porque sí, porque estaba seguro que ganaría y todo ese dinero sería suyo. No era el suficiente para pagar las facturas atrasadas, pero sí alguna parte y al menos no se quedaría sin luz ni agua en casa. El casero estaba hasta los huevos de esperar el alquiler y como tardara tanto le echaría a la calle. Scott le pisaba los talones, pero Justin no tiraba la toalla ni perdía las esperanzas. Notó la mirada de uno de los jugadores clavada en él, quemándole con los ojos. Si Justin perdía, tendría que devolverle los setenta pavos a Vincent, el que le escudriñaba con la mirada, y no tenía tanto dinero encima, por no decir nada. Eso quería decir que, o ganaba, o ganaba. No había más. Miró la bola de la verde superficie y se concentró. Deslizó el taco entre sus dedos, golpeando la blanca. Frunció el ceño esperando a que una reacción en cadena de esferas diera resultado, haciéndole ganar. Pero no. No sucedió nada de eso. Jeff carcajeó fuertemente y le dio una calada a su puro, Scott sonrió triunfante y procedió con su jugada, dando paso así al final de la partida, pues había quedado ganador. Recogió el fajo de billetes de la esquina y los contó.  Vincent apretó los puños y miró a Justin.

—¡Maldito cabrón, me has hecho perder todo el dinero que llevaba encima!

Se abalanzó sobre la mesa para así tirarse encima y coger a Justin. Lo agarró del cuello de la camisa pero éste consiguió escaparse y lanzarle un golpe de puño en la nariz. Vincent se bajó de la mesa y corrió tras Justin, alcanzándolo y arrinconándolo contra la pared más próxima que tenía. Le empezó a lanzar varios golpes en la cara, dejando al muchacho con la cara entumecida y adolorida. Dos hombres intentaron detener la pelea, pero lo único que consiguieron fue crear más bullicio. El camarero que atendía detrás de la barra sacó su escopeta y lanzó una bala hacia la nada, rompiendo un par de botellas de cristal que hicieron enfurecer a varios hombres que empezaron a pelearse. Justin logró esquivar el puñetazo de Vincent y se lo devolvió el doble de fuerte. Alzó la rodilla hacia la altura del estómago y le golpeó con fuerza.

Isabella dio un paso al interior del bar y los hombres del primer piso se la quedaron mirando algo impactados por su tan juvenil y poco común belleza. La lámpara que había sobre su cabeza se movió, la miró y prestó atención. El piso de arriba era un auténtico ring de boxeo, al parecer. Desvió la mirada hacia la ventana y vio su coche con las luces puestas, así que dio marcha atrás para apagarlas. El cielo ahora estaba negro azabache y lanzaba descargas eléctricas que lo iluminaban cada pocos segundos. Tormenta.

El camarero, habiendo localizado a los causantes de la pelea en su bar, cogió a Vincent y a Justin y los empujó escaleras abajo para que salieran de ahí y que el barman del piso de abajo se ocupara de ellos.

—Hijo de puta, moroso. Me vas a pagar todo ese dinero con cada una de tus muelas.

Le dio el último puñetazo y lo cogió de la camisa, empujándolo contra la ventana y rompiéndola. Justin cayó al suelo, duro y frío, ahora mojado pues las nubes se habían roto y las gotas de agua habían empezado a caer. Isabella soltó un grito ahogado y se giró a ver el cuerpo de Justin tendido en el suelo. Tosió, y un hilo de sangre colgó de la comisura de su boca.

—¡Justin!

Se arrodilló a su lado y se maldijo a sí misma por haber llegado tan tarde. Le dio la vuelta y éste se quejó del dolor. Su rostro estaba amoratado y sangrando. Los pómulos y las cejas estaban rotos y de sus labios colgaba un largo hilo de sangre.

—¡Justin, por Dios!

Lo levantó, haciéndole pasar sus brazos por los hombros. Éste con dificultad logró aguantar su peso y mantenerse en equilibrio. Isabella abrió la puerta del copiloto al mismo tiempo que se abría la del bar y salía Vincent de ella con un puño americano en los nudillos. Isabella sintió su garganta secarse.

—¿Qué haces aquí? –preguntó Justin con voz ronca.
 —Salvarte –cerró la puerta del copiloto con llave y dejó a Justin ahí para acercarse a Vincent, el cual la escudriñó con la mirada al darse cuenta que había estado protegiendo a Justin, y por tanto, de su parte- Vengo a pedirte que lo dejes en paz.
—¿Eres su novia? –ignoró el comentario de Isabella. No esperó a que contestara- Te diré algo, mantente alejada de los problemas financieros de tu novio. El muy cabrón me va a pagar todo lo que me debe con sus dientes y dedos.

Isabella frunció el ceño y sacó la cartera del bolsillo trasero de su pantalón.

—¿Cuánto te debe?
—Más de lo que vale él, tenlo por seguro.
—Solo tengo esto –sacó doscientos dólares y se los tendió- Tómalos y déjale en paz. No vuelvas a prestarle nada, ni a apostar con él. Nada en que el dinero esté relacionado.

Vincent tomó el dinero y lo contó, después sonrió.

—Ha sido un placer negociar contigo.

La lluvia caía en cascada encima de Isabella, empapándola hasta las trancas. Vincent se giró y entró de nuevo al bar, donde el bullicio había cesado y ahora el único ruido que se escuchaba era la música country de la máquina de discos algo anticuada. Se cruzó de brazos y tiró de su chaqueta para sí misma, aunque de nada valía pues estaba demasiado mojada como para que ese simple acto le hiciera entrar en calor. Abrió la puerta del piloto y se metió en el vehículo, puso la calefacción y frotó sus manos antes de ponerlas sobre el volante y empezar a conducir. Justin movió la cabeza hacia ella y la miró. Ésta clavó sus ojos en él y suspiró. Isabella sacó un botequín de la guantera y de él extrajo unas vendas las cuales mojó en alcohol. Presionó las heridas de Justin con éstas y chasqueó la lengua ante el escozor. Él abrió la boca para hablar.

—¿Cómo supiste que estaba aquí? –preguntó.

Isabella no supo qué contestar.

—¿Me seguiste?

Silencio.

—Responde Bella, por favor.

Y volvió a llamarla Bella. Su corazón se aceleró, más delo que ya estaba, y cerró los ojos disfrutando de tal armonioso sonido. Los volvió a abrir y se topó con su rostro, con el de Justin, hecho polvo; fruto de una reciente e intensa pelea. Al pobre le dolían hasta los huesos de tantos golpes que había recibido.

—Sí, te seguí –mintió. No podía decirle que había usado sus pocos recursos de Ángel Guardián para saber dónde estaba.
—¿Por qué lo hiciste? –preguntó incorporándose.
—Porque… estaba preocupada por ti –admitió- Este no es un buen sitio.
—Acabas de darle los doscientos pavos que yo no tenía para darle a Vincent, ¿cómo voy a hacer para devolvértelos a ti?
—No hace falta que lo hagas, tómatelo como un favor.
—Yo no te he pedido ningún favor.
—Lo sé, pero me da igual –Isabella arrancó el coche y éste rugió- Debería llevarte al hospital, has caído de mala manera cuando ese tipo te ha lanzado contra la ventana. Puedes haberte roto una costilla.
—Sólo llévame a casa.
—Soy yo la que conduce, y por tanto marco el camino. Iremos al hospital a que te miren.

Justin solo apretó la mandíbula con fuerza y se calló. Durante varios minutos ninguno habló, la radio no sonaba, las respiraciones eran lo más silenciosas posibles y lo único que se oía era el gotear de la lluvia chocar contra el coche.

—Supongo que he de darte las gracias –rompió Justin el silencio.
—No tienes por qué.
—Creo que sí –por un segundo, Isabella apartó los ojos de la carretera para fijarse en Justin- Gracias.

Sonrió y volvió a centrarse en su labor de conducir. Llegaron al hospital e Isabella aparcó el coche en la plaza más cercana a la puerta que había. A Justin le costó salir y caminar, pues por cada paso que daba notaba una cuchilla clavársele en las costillas. Isabella tenía razón, se había las había roto tras la caída. Entraron a la amplia sala donde una mujer despachaba detrás de un escritorio con una etiqueta en la que podías leer ‘recepción’. Ambos se dirigieron a la gordita y poco amigable mujer, la cual dejó su revista del corazón a un lado y los miró. Adolescentes, pensó después de ver la hora que marcaba el reloj. Eran las diez y cuarto pasadas, casi y veinte.

—¿Sí?
—Necesitamos que mi amigo reciba atención médica, le han dado una paliza. Creo que se ha quebrado un par de costillas y necesitará puntos, se ha cortado con unos cristales.

La señora Vernon miró a Justin, el cual sujetaba las vendas con la mano, presionándolas contra las heridas para así parar la sangre. Lo inspeccionó con la mirada y vio que lo del chico era grave, pero no le importó lo más mínimo. Tendría que llamar al doctor Dripet, pero la idea de alargar el brazo le causaba agujetas.

—Siéntense y esperen al doctor –anunció con su voz fría y aguda.
—Veo que no me ha entendido –habló Isabella inclinándose hacia la mujer. Su cabello estaba pegado a las sienes, algunas gotas de agua mojaron la portada de la revista que la señora Vernon anteriormente leía. Isabella clavó los ojos en los de la mujer, produciendo así un intenso contacto visual- Justin necesita que un médico le atienda urgentemente así que va a coger el teléfono y va a llamar a quien quiere que sea para que le cure las heridas, ¿me ha oído?

Las pupilas de Isabella se dilataron, al igual que las de la señora Vernon, y su cerebro se colapsó durante un segundo, parado en estado de shock con el eco de  las palabras de Isabella resonando en su mente fuertemente. La señora Vernon salió del extraño trance y lo único que su cerebro le mandó a hacer fue coger el teléfono para marcar el número de la secretaria que atendía la planta donde el doctor Dripet trabajaba. Hablaron durante unos segundos y después colgó el teléfono.

—Diríjanse a la sexta planta, al fondo del pasillo, a mano derecha, se encuentra una pequeña sala donde el doctor le curará las heridas –dijo dirigiéndose a Justin. Éste asintió y miró a Isabella algo confuso- Que tengan una buena noche.

Isabella sonrió satisfecha y cogió a Justin del brazo para conducirlo hacia los ascensores. Una vez dentro de la caja de metal, apretó el botón con el número seis y la máquina empezó a ascender hasta dicha planta. Justin miró a la pelinegra y frunció el ceño.

—¿Qué ha sido eso?
—¿A qué te refieres?
—A cómo le has hablado a esa mujer. ¿Cómo… cómo lo has hecho?
—Simplemente le he repetido lo que quería que hiciese, no me iba a quedar de brazos cruzados mientras tú te desangras porque a ella no le ha dado la gana marcar un simple número de teléfono.
—No, no. Pero ha parecido que… no sé, ha sido extraño y…

Justin balbuceó, buscando las palabras perfectas, porque ni él mismo sabía qué había sucedido. Lo único que sabía era que Isabella se había puesto insistente con la mujer y ésta, como algo en trance y shockeada, le había hecho caso finalmente. Decidió a callarse, porque sus argumentos eran inválidos y lo único que harían era hacerle parecer tonto. Isabella frunció los labios intentando formar una sonrisa, pero estaba demasiado tensa para eso. Salieron del ascensor cuando éste llegó a la sexta planta y siguieron las instrucciones que la señora Vernon les había dado para llegar a la sala donde se encontraba el doctor Dripet.

El doctor resultó ser amable y educado, todo lo contrario que la señora Vernon. Al final Justin no se quebró ninguna costilla, solo hizo falta unos movimientos que las dislocaran. Desinfectó todas las heridas tanto de pómulos, ceja y diferentes zonas causadas por el impacto y cristales rotos de la ventana que rompió. Le recetó una pomada que tendría que aplicarse hasta que las heridas cicatrizaran y se marcharon. Isabella paró en una farmacia de guardia antes de llegar a casa de Justin y dejarle ahí.

—¿Qué vas a hacer?
—Ir a comprarte la pomada que te ha recetado el doctor –respondió quitando las llaves del contacto.
—No –se negó Justin.
—¿Cómo que no?
—Mira no necesito que hagas de mi enfermera, sé cuidarme yo solo. No voy a dejar que estés pagándomelo todo, salvándome el culo todo el rato.
—No seas ridículo –le pidió Isabella haciendo una mueca.
—Ridículo no, joder. Pero no soy una puta damisela en apuros. No necesito tu ayuda, tu dinero para comprarme medicinas y tus rescates de último momento. He llevado esta vida antes de que aparecieras tú y sigo vivo. Tu presencia no va a cambiar nada.

Justin abrió la puerta y se bajó del coche, pero antes de cerrarle a irse, se inclinó, mojando el asiento con las repentinas gotas que habían empezado a mojarle nada más salir.

—Y sobre lo del trabajo, olvídate. No hace falta que hagas que me ayudes. No pienso hacerlo.

Dio un portazo y desapareció entre la lluvia y las calles oscuras, soamenteo iluminadas por la tenue luz de las farolas. Isabella se dejó caer contra el respaldo del asiento y cerró los ojos, tapándose la cara con las manos. Quiso llorar de rabia porque esto de hacer de Guardiana le estaba resultando más difícil de lo normal. Contuvo las lágrimas e intentó calmarse. Estaba mandando a la mierda todas las oportunidades que tenía con Justin y eso no le gustaba nada. Cada paso que daba hacia él la retrocedía dos más y no era nada bueno. Veía su muerte aproximarse cada vez más rápida y eso le hacía flaquear las piernas, le hacía temblar por completo; porque no era el simple hecho de que fracasara y dejara marchar una vida, sino porque Justin Bieber estaba despertando nuevos sentimientos en Isabella que ésta nunca había sentido jamás.


____________

Pues nada bitches, aquí os dejo el capítulo cuatro. No es gran cosa, pero era lo que tenía escrito. El cinco ya lo tengo acabado y depende de cómo vayan los comentarios lo subo entre semana. Ahora muchas se pondrán 'ah, te copiaste de Hush Hush porque Patch también jugaba al billar', pero bueno, no voy a decir que me he copiado porque la idea es totalmente distinta, aunque sí que me basé bastante en esa escena del libro para hacer este capítulo. He recibido varias quejas en Ask sobre lo que es la novela en sí, que si es rara, que si es una aburrmiento, que si s una mierda..., en fin, de todo. Yo digo que no es la gran cosa, no me considero JKR, Cassandra Clare o Stephenie Meyer, pero no creo que la novela sea tan mala como para quitarla. En mi opinión creo que está gustando bastante y la trama es interesante. Así que para la que diga que esta novela es una mierda..., bueno, siento que no sea de tu agrado, pero si no te gusta, pues no la leas, porque no voy a quitarla, es obvio xd. Y ya está, nada más que decir, solo agradeceros los comentarios del capítulo anterior. 

Me gustó ver también que el gif os pareció bueno ajsdhkajd para haber sido de mis primeras creaciones, pues me subió bastante la moral. No sé qué os parecerá este, pero lo veo adecuado al capítulo. En fin, ahora sí que me voy. 

Comementad y dadle RT al tuit, ¿okis?

Okmmmmmmm<3.

34 comentarios:

  1. SOY LA PRIMERAAAAAAAAAAAAAAAAA JHGFDSAFGHJHGFSDFGHJ Bueno, pues que me ha encantado.
    El final ,d i o s. Y el gif es genial
    SIGUELAAAAAAAA

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  2. Bah las que te hayan dicho que la novela no está bien y todas esas cosas no saben nada, a mi me encanta, es totalmente diferente al resto de novelas que leo y he leido, y me encanta
    Espero impaciente el siguiente capitulo :)

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  3. ME ENCANTA. O SEA ASDFGHJKL. ES GENIAL. Y JUSTIN GRRRRRRR. ME ENCANTA.
    SIN PALABRAS EN SERIO.
    Cris.<3

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  4. Ésta novela es perfecta, no hagas caso a lo que te digan <3 La amo en serio Mina, siguela pronto, un beso cielo.

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  5. está increíble tu novela, no le hagas caso a los demás

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  6. Me encanta esta puta novela*-*<3es tan asdfghjkl.

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  7. QUE PUEDE DECIR PUES CADA CAPITULO ES AUN MEJOR QUE EL ANTERIOR OMG ASKJDKLSJA- Tina @osnapitzchanel

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  8. Ouuuuuuuch, pobre Isabella.
    En fin, no entiendo a las que dicen que no les gusta la novela, a mi me parece muy buena y original.
    Sube proooonto, pls pls pls.
    mmuuuuua<3

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  9. ME ENCANTA y no es una mierda...todo lo contrario
    sube enseguido porfaaaa y tmbn m encantan tus gif
    :)

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  10. ME ENCANTA y no es una mierda...todo lo contrario
    sube enseguido porfaaaa y tmbn m encantan tus gif
    :)

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  11. HELOOWW...Dias sin comentar. La nove está magnifica
    No la quites por nada del mundo. Que no tengan importancia las
    demás opiniones porque simplemente ,o único que importa es como
    te sientas con lo que haces... SIGUELA pronto que sino te mato. Adios.

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  12. No hagas caso a lo que digan, al que no le guste pues ajo y agua, pa' gustos los colores, me ha gustado mucho el capítulo, me gusta como escribes, sigues así, no eres JKR pero un día de estos podrás llegar a ser como ella, no lo dudes, ''nothing it's impossible''. pues eso, siguiente por favor, un beso bonita.

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  13. npo te digo q es cuando no tengo computadora q subis ?!?!?!!?? ajajjajajjaja mi madre le borro el wifi a la computadora y estoy desde una q por suerte pude hacer q ande pero es mas lenta q tortuga obesa en el espacio XD pero bueno lo pude leer wuju me gusto muchisisisisisisimo el capitulo va AMO esta novela es de las mejores q lei ...!!!!

    bueno ta eso y q no le hagas caso a los hijos de re mil puta envidiosos de mierda pajeros la concha de su madre q se rascan la pelvis todo el dia y solo saben criticar sin sentido por q tienen la mente 10000 veces mas choca q la de homero simpson !!

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  14. a y seguila y tambien me gusto el gift !! alallalaalalallalla

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  15. aaaaaaaaaaah odjfhoshg por Dios! La felicidad que me dio cuando entré a blogger y vi el capítulo ♥

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  16. Siguela pliss me encanta quiero saber que pasa después

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  17. Justin me mata, que no te interese la mala crítica de los demás, tú escribes bien muy bien, me encanta tu novela.

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  18. mina esto es ASDFGHJKL todo esta perfecto siguela pronto ahhh los comentarios malos solo ignoralos y no te revajes a tan poca gente m emociono y me siento mal comentar ahora ash ya que pero bueno besos de colombia

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  19. ¿podrías subir más seguido, por favor?

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  20. Sube yaaa me encanta como escribes, para publicar una novela valla:)
    un beso

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  21. SEGUILA CONCHADELMONO!"!!! NO AGUANTO MAS ... SUBI EL 5 Q YA LO TENES ECHO!!

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  22. asdfghjkllñ ame el cap siguela pronto dos que buena escritora eres asdfghjklñ :*

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  23. Ooooow! ami me encanta*-* y vale, puede que tenga algo parecido con Hush Hush, pero la trama es totalmente diferente! #lc99

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  24. LALALALALALA SIGUELAAAA LALALALALA

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  25. seguila mina
    necesitamos el siguiente yaaa

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  26. Wismichu te ordena que subas capítulo.

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  27. SUBEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE

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  28. siguela quiiillah que nos dejas con las ganas de más, iaputa! <3

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  29. Los putos esos que dicen que tu novela es mala, son unos retrasados. Tus novelas nunca podrìan ser malas. No he terminado de leer la novela anterior, pero cuando tenga Internet la voy a terminar de leer. Estoy obsesionada con tu imaginaciòn. Eres mi escritora favorita. Muchas personas haràn novelas buenas, pero tu eres la mejor escitora de novelas. Te quiero, mucho. Besos. -@Alex1DBiebs

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  30. Pobre Isabella :(
    PD:Siguiente cuando puedas. (: , me encanta como escribes :D

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  31. Dios de mi vida, qué capítulo más... no sé, ha tenido de todo (??)
    Me ha encantado, y se me ha hecho cortísimo, me he quedado con muchas ganas de más.
    O sea, he visto que acabado y mi cara ha sido flipante,
    POR QUÉEEEEEEEEEEEEEEE.
    No quiero que estén así, jo. Quiero que empiece ya lo sdfghjhdfashsdf plsplspls.
    Bueno, Mina, siento comentarte muy tarde. Pero es que el bachiller me tiene ya....pf.
    Sube pronto poh favoh.
    <33

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