¿Cuántos somos ya?

11 de abril de 2013

Never let you go. {158}



Justin, sal ya –le grité aporreando la puerta por tercera vez.
—Ya salgo.
—Dijiste lo mismo hace cinco minutos.
—¿Y qué son cinco minutos para Justin Bieber?

—Una eternidad para ___ ___ -le di una patada a la puerta- ¡Sal ya!
—Está bien, calma gatita –dijo cuando salió del baño. Besó mis labios- No pienso pagar el mobiliario que rompas por culpa de tus impulsos agresivos.
—Eres un exagerado y un tardón. Peor que Julia para ir a una fiesta.
—Julia tarda mucho en alistarse –dijo sentándose en la cama y centrándose en su móvil.
—Por eso –respondí mientras rebuscaba en mi estuche algo de maquillaje- A propósito, Pattie te llamó antes.
—¿Y qué le dijiste?
—Que estabas ocupado acicalándote.
—Acicalándome –repitió la palabra entre carcajadas, como si le hubiese causado risa- Avisa cuando acabes.
—Ya –grité, dándole vueltas al mango del brillo labial para cerrarlo- No soy como tú.
—Nadie es como Justin Bieber –le dio un pequeño golpe a mi trasero cuando pasé por su lado a coger el móvil y la cartera.
—¿Te has levantado un tanto creído o es mi imaginación? –pregunté retóricamente- Oh, olvidaba que eres así siempre.
—Andando, niña tonta –dijo riendo.
—Espera –me miré por última vez el atuendo {http://www.polyvore.com/cgi/set?id=75142147&.locale=es} y él resopló- ¿Qué? Yo al menos no me tiro quince minutos encerrado en un baño sólo para mantener mi pelo en orden.
—Tienes envidia de mi pelo –masculló cerrando la puerta del hotel con llave para después guardárselas en el bolsillo delantero del pantalón- Envidioso.
—Madura –le seguí el juego.
—Cuando tu dejes de envidiarme.
—Qué cretino –reí, apretando el botón del ascensor.
—Encima vas feísima, que lo sepas.
—Más quisieras tú ser como yo –lo miré de arriba abajo, con aires de superioridad. Entramos al cubículo cuando las puertas de metal se abrieron.
—Esa falda es horrible.
—Tu cara también es horrible y nadie ha pedido que te la cambies –y silbó indicándome que le había dejado mal- ___ uno, tú cero.
—No por mucho tiempo señorita, remontaré.
—Ya lo veremos –le guiñé un ojo y esperé a que el ascensor llegara a la planta baja, la recepción.

Salimos del hotel para encontrarnos con un coche amarillo aparcado delante de nosotros. Era el taxi al que habíamos llamado minutos antes. Nos subimos a él y le dimos la dirección del hotel donde estaba hospitalizaba Avalanna.

—¿Te he dicho alguna vez que te pones sexy cuando te picas? –me 
susurró en el oído.
—No, creo que esta es la primera vez –le respondí en el mismo tono de voz, sonriéndole de lado- Tú también por cierto.
—Anoche estuviste más sexy aún.

Le di un codazo en las costillas, haciéndolo callar. Las mejillas se me tornaron color salmón y miré mis manos avergonzada cuando sentí la mirada del conductor clavada en nosotros.

—Eres idiota.
—Pero así me quieres –besó mi mejilla y rio entre dientes- Eres adorable.
—Y tú un inoportuno para sacar este tipo de temas. ¿No podrías haberlo dicho en el ascensor?
—No –se negó riendo, otra vez- Anda, admítelo.
—¿Admitir el qué?
—Que te ha hecho gracia.
—Oh sí, mira cómo me río –le dije sarcásticamente- Prácticamente lloro de la risa.
—Amo cuando estás siendo sarcástica.
—¿Qué no amas? –le pregunté riendo.
—Los cristales, los odio.
—Eso es porque eres tonto y siempre te chocas –le expliqué acariciando su cabello, perfectamente peinado.
—Ellos chocan conmigo, quieren estar cerca de Justin Bieber –dio un golpe seco en su pecho y me hizo reír- Creo que hemos llegado.
—Sí, ya estamos en el hospital –afirmó el conductor- Serán veinte dólares.

Saqué el dinero antes que Justin y abrí rápidamente la puerta del coche antes de que pudiera decirme nada. Cuando los tacones pisaron el asfalto, corrí, haciéndolos resonar, hasta reunirme con Justin, al cual agarré del brazo para llegar juntos a las puertas principales, que se abrieron automáticamente.

—¿Por qué has pagado?
—Porque me apetecía.
—Oh, muy bien –negó con la cabeza y caminó hasta el ascensor, al cual llamó apretando al botón- Sabes que no me gusta que pagues las cosas cuando yo voy contigo.
—Tengo dinero suficiente, Justin.
—No me importa eso –dijo mirándome seriamente.
—Hemos hablado mil veces de esto. Algunas cosas las pagas tú, otras yo. Depende de lo rápida que sea o lo flexible que tú estés ese día.
—Te amo horrible, cabezona irritante –masculló contra mi boca para después darme un casto beso.
—Gracias –dije sonriente como una niña pequeña que jamás había roto un plato.

Entramos a otro ascensor y esperamos a que éste nos condujera a la planta de Avalanna. Una vez ahí, buscamos su habitación y cuando entramos a esta, ella estaba despierta, hablando con sus padres.

—Hola, Avalanna –habló Justin con voz calmada cuando la vio, haciendo que la niña se girara a verlo y sonriera como nunca.
—¡Justin! –sonreí feliz, él también lo estaba, así que yo lo era con sólo verlo- ¡Y ___!
—Hola cielo, me alegro de verte.
—Estáis aquí –exclamó contenta.
—Sí ángel, estamos aquí –Justin se sentó en la cama a su lado y cogió sus manitas- ¿Cómo te encuentras?
—Aburrida.
—Pero para eso hemos venido aquí –respondí yo, apoyada detrás de Justin- Para que se te quite el aburrimiento y el de más niños.
—Jugué con ellos esta mañana, pero son más grandes que yo –respondió apenada la bebita.
—Eso no importa –contesté encogiéndome de hombros- Igual, ¿te vienes con nosotros a la sala de juegos?
—¿Mami? –preguntó Avalanna con dulce voz, aguda como siempre recordaba.
—Claro.
—Andando –Justin cogió a Avalanna en brazos y caminamos juntos, sus padres incluidos, hacia la sala de juegos. Ahí estaban Ana y Bella, al vernos sonrieron- Hola –saludó Justin.
—Mamá, mamá, son Justin Bieber y ___ ___ -susurró Ana a su madre, con mofletes colorados.
—Hola Ana –abracé a la niña y le di un apretón de manos a Bella- ¿Cómo estáis?
—Bien, gracias –sonrió la mujer- Encantada Justin.
—Saluda, Avalanna –dijo Justin riendo, sacudiendo la manita de la niña con cuidado, haciéndola saludar a la mujer.
—Hola –saludó la bebé que Justin sostenía.
—¿Y Clary? –pregunté por la sobrina de Bella.
—Oh, le diré que venga –la mujer se levantó y miró a su hija- ¿La vigiláis por mí un segundo? Sólo tengo que llamar a mi sobrina y a mi hermana para que vengan y así vosotros darle la sorpresa.
—Ningún problema, ves tranquila –le aseguré poniéndome de cuclillas en frente de Ana y sonriéndole- ¿Qué canción te apetece que cantemos?
—Boyfriend.

Miré a mi novio.

—No armaremos mucho escándalo, ¿verdad amor? –le pregunté, él jugaba con Avalanna a algunos puzles- No queremos que nos echen.
—Por supuesto. Un par de canciones, jugamos con los niños y Avalanna y nos vamos a cenar algo.
—¿Podrás cantar “ordinary girl”? –me preguntó Ana.
—Por supuesto –le aseguré, acariciando su melena castaña- Tienes un pelo muy bonito, ¿te lo han dicho alguna vez?

Ella se sonrojó y cogió las puntas de su cabello para enredarlo en sus finitos dedos.

—Una vez papá me lo cortó. Me hizo daño cuando lo hizo. Cogió unas tijeras de la cocina y me tiró fuerte del pelo. Cayó al suelo y yo lloraba mucho, quería ponerlo otra vez largo…. Pero no se podía hacer nada. Estaba corto –fruncí el ceño- Él ya no vive con mamá ni conmigo. Se fue.

Justin me miraba ahora, sabía que la niña había pasado por lo mismo que yo. Su padre la maltrataba. Suspiré y acaricié la mejilla de la niña.

—Pero tú eres una chica muy fuerte, ¿verdad? –le pregunté con una sonrisa llena de cariño.
—Y mamá también –aseguró asintiendo con la cabeza.
—Clary, quiero presentarte a unos amigos –oí la voz de Bella a mis espaldas, así que me giré para darle cara a la niña, al igual que Justin.
—Oh Dios mío –masculló la pelirroja abriendo la boca de golpe, y tapándosela. Sus mejillas estaban rojas como su pelo y sus ojos acuosos, azules, igual que su camiseta- No me lo puedo creer.
—Hola –saludamos Justin y yo, haciéndola reír- ¿Sabes quiénes somos?
—¿Qué si sé quiénes sois? –repitió, anonadada- ¡Sois Justin Bieber y ___ ___! No puedo creer que esté en la misma sala que vosotros. ¿Cómo los conociste, tía Bella?
—Bueno, están de visita a Avalanna.
—¿Avalanna? –inquirió con sorpresa- ¡Oh, Avalanna!
—Hola –saludó la niña sonriente- ¿Tú también eres belieber?
—Sí, hermana –y Clary se puso a llorar.
—Oh, no, no llores –Justin se levantó, dejando a la bebé en el suelo, a mi lado. Abrazó a Clary y ella rodeó su espalda fuertemente- Tu tía nos ha dicho que sufres de apendicitis.
—Sí, me operaron hace dos días.
—¿Y ya te dejan salir de la habitación? –pregunté sorprendida- A mi primo no le dejaron hasta pasados cinco días.
—Ella es una chica fuerte, ___. Es una belieber, parece mentira que lo preguntes.
—También soy fan tuya –dijo mirándome- Amo tu música, te amo a ti, ___. Eres mi ídola.
—Gracias cielo –dije sonriéndole- Es un honor tener gente como tú en mi familia.
—¿Sabes? No hemos venido aquí para hacerte llorar. De hecho, estamos aquí para ver a Avalanna, pero también para entreteneros un poco –explicó Justin.
—¡Eso es genial! ¿Vais a cantar?
—Si tú quieres eso, cantaremos –aseguré, riendo- Vamos, siéntate con nosotros.

Justin y Ana se sentaron en la alfombra colorida. Las mujeres se apoyaron en la pared, observando la escena mientras sus hijos se acercaban a nosotros. Empezamos a cantar y acabamos llamando la atención de varias personas más; como enfermeras, niños, adultos, y un largo etcétera de gente.

—¡Otra, otra! –chilló Avalanna, sonriéndole abiertamente a Justin, quien acababa de cantar “fall”.
—Que cante ___ -pidió Wendy, una niña que tapaba su cabeza con un pañuelo. Le sonreí.
—¿Y qué quieres que cante?
—No sé, lo que quieras.
—Un cover, ¿qué os parece? –les pregunté- De mi Miley, ¿alguna de vosotras es smilers?

Tres niñas alzaron sus brazos muy rápidamente, haciéndome sonreír.

—Bien, cantaré “the climb”. Porque es una canción que me encanta y que ahora me hace recordar mucho a vosotras. ¿Sabéis por qué? –ellas negaron con la cabeza- Porque la canción habla de luchar, de seguir lo que queremos. Y vosotras estáis aquí, luchando por manteneros sanas. Sois unas luchadoras, sois mis fighters. ¿Y verdad que vale la pena intentarlo? ¿Verdad que vale la pena estar aquí, soportar la asquerosa comida y los insistentes medicamentos? Vale la pena, yo lo sé. Para que después de un tiempecito, volváis a estar más sana que nunca. La vida es escalar, pero la vista es genial.

I can almost see it
That dream I am dreaming
But there's a voice inside my head saying
"You'll never reach it"
–oí a una de las niñas sollozar, cosa que me hizo sonreír de orgullo. Ellas estaban luchando contra su enfermedad y lo estaban haciendo con todas sus fuerzas, hasta el final. Mis luchadoras.

Every step I'm taking
Every move I make feels
Lost with no direction
My faith is shaking

But I gotta keep trying
Gotta keep my head held high

There's always gonna be another mountain
I'm always gonna wanna make it move
Always gonna be a uphill battle
Sometimes I'm gonna have to lose

Ain't about how fast I get there
Ain't about what's waiting on the other side
It's the climb

The struggles I'm facing
–Bella, ella me estaba grabando. Y sonreía mientras me oía cantar, sobre todo cuando su sobrina alzaba los brazos, como todos los demás, moviéndolos al compás de la canción. De un lado al otro.
The chances I'm taking
Sometimes might knock me down
But no, I'm not breaking

I may not know it
But these are the moments that
I'm gonna remember most, yeah
Just gotta keep going

And I, I got to be strong
Just keep pushing on

'Cause there's always gonna be another mountain
I'm always gonna wanna make it move
Always gonna be a uphill battle
Sometimes I'm gonna have to lose

Ain't about how fast I get there
Ain't about what's waiting on the other side
It's the climb, yeah!

There's always gonna be another mountain
I'm always gonna wanna make it move
Always gonna be an uphill battle
Somebody's gonna have to lose

Ain't about how fast I get there
Ain't about what's waiting on the other side
It's the climb, yeah!

Keep on moving, keep climbing
Keep the faith, baby
It's all about, it's all about the climb
Keep the faith, keep your faith, whoa
–oí a Avalanna cantar conmigo, al igual que Justin, y al igual que todos los niños. Entonces, juntos, terminamos la canción. Los enfermeros aplaudían, las madres miraban sonriente a sus hijos, quienes se habían emocionado y habían acabado llorando conmigo. Porque sí, también me había emocionado.

***

—¿Estás seguro que no quieres venir conmigo al Starbucks? –le pregunté.

Era nuestro segundo día en Nueva York y Justin insistía en pasar tiempo con Avalanna. Y no me importaba en absoluto, la verdad, porque me encantaba verlo con ella. Era feliz estando ahí, haciéndole sonreír, jugando con ella, haciéndole cosquillas, dejándose maquillar o pintar, cantándole canciones. Su felicidad era mi felicidad. Y la verdad, a mí tampoco me importaba pasar tiempo con la niña, pero me apetecía irme a tomar un café, un muffin. Algo, despejarme.

—No. ¿Te molesta?
—Para nada –besé sus labios- Llámame si necesitas algo.
—Claro –besó mis labios él ahora, haciéndome sonreír- Te quiero.
—Te amo.
—Oh, te amo también –reí.
—Chao, tontín.
—Adiós vida.

Me dirigí a la tan famosa y conocida cafetería. Ahí tomé un batido y un muffin de chocolate. Llamé a todo el mundo, prácticamente. A Janet, comentándole que quizá nos quedábamos uno o dos días más; a Julia, quería saber qué tal le iba todo por ahí y si conseguiría un puesto fijo en la revista; a Lucas y Adriana; mis abuelos, tíos y primos. A todo el mundo. Me llegará una buena factura telefónica este mes. Más tarde, después de haber estado hablando con un par de fans que se me acercaron tímidamente, decidí irme ya que llevaba bastante tiempo parada sin hacer nada. Además, quería ver a Justin y saber cómo estaba Avalanna. Justo cuando cruzaba el camino de piedras decorativo que conducía al hospital, un chico salió disparado de las puertas giratorias. Era Justin. Vi lágrimas en su rostro y eso me preocupó muchísimo, así que corrí hasta alcanzarlo.

—¡Justin! –chillé a dos metros de él- ¿Qué pasa?

Y vi una sonrisa, haciendo desaparecer cualquier sentimiento relacionado con el malestar y la preocupación. Todo lo malo se esfumó, sobre todo cuando me cogió y abrazó fuertemente, sujetándome de la cintura. Estaba alzada del suelo unos cinco o seis dedos.

—Eh, ¿qué pasa? –pregunté, tomando su rostro entre sus manos una vez que me dejó.
—Es Avalanna, le han dado el alta. Está mucho mejor –y lo abracé en cuanto oí aquello. Estaba feliz por ella, por su familia. Pero sobre todo por Justin, que lo había estado pasando mal estos últimos días- Puede salir del hospital esta misma tarde.
—Eso es fantástico –exclamé emocionada, sonriéndole.

Justin rio, destensándose, y me besó. Correspondí aquél bonito gesto y apreté su rostro entre mis pequeñas manos, para darle más ímpetu al beso. Cuando nos separamos, miramos a nuestro alrededor, fijándonos en las miradas llenas de curiosidad de los paseantes. Cogió mi mano y corrimos juntos hacia el hospital, para ver a Avalanna.

***

—Pues, no quiero irme –le comenté a Justin mientras volvíamos a hacer las maletas, dejando tan solo la ropa que nos pondríamos al día siguiente para volver a Atlanta.
—Yo tampoco, estamos tan bien los dos aquí. Solos –remarcó esa palabra haciéndome reír- ¿De qué te ríes?
—En casa también estamos solos.
—Lo sé, pero aquí todo es diferente.
—Ya –me encogí de hombros y cerré la maleta- Pero tenemos que volver.
—¿Qué tal la boda?
—Va bien, la verdad –respondí, dejando el equipaje en una esquina de la habitación- Thomas y mamá están emocionados.
—Tú también –no era una pregunta. Lo estaba, sí.
—Me alegro de que haya podido rehacer su vida con un hombre que sí vale la pena.
—Recuerdo que cuando conocí a tu padre, este no parecía una mala persona.
—Todos cambiamos –dije en un susurro, mirando al suelo- Pero dejemos este tema, sabes que no me gusta hablar de él. Lo importante es que mamá es feliz con Thomas, y yo soy feliz si ella lo es. Me alegro muchísimo por los dos.
—¿Ya lo llamas papá? –bromeó.
—No, me siento incómoda haciéndolo.
—Es normal. Yo a la mujer de mi padre no la llamo “mamá”. Madre solo hay una.
—Sí, pero en mi caso, mi padre, el biológico, ni siquiera se merece ser llamado, eso, padre.
—Te comprendo –dijo acariciándome el dorso de la mano- Ahora, ¿sabes que el disco pronto saldrá a la venta, no?
—¡Claro que lo sé! ¡Cuento los días como si fuera una belieber! –exclamé entusiasmada, poniéndome de rodillas en el colchón- Estoy deseando que sea ya diecinueve de junio.

Justin carcajeó, me gustaba su risa. Era el sonido más hermoso del mundo.

—Me gusta que fangirlees de esa manera.
—La Bieber Fever es poderosa –me encogí de hombros, volviéndome a sentar correctamente en la cama, esta vez apoyando la espalda en el cabezal. Palmeé un costado del colchón para que Justin se pusiera a mi lado. Gateando se acercó- Falta poco para nuestro segundo aniversario.
—Lo sé –murmuró Justin, apoyando la cabeza en mis piernas, mirándome. Incliné la cabeza hacia él y besé su frente- ¿Qué quieres que te regale?
—Nada –arrugué la nariz, molesta- No quiero que me regales nada, con tu presencia me basta.
—Pues yo he visto unas Supra… -solté unas risotadas.
—¿Indirecta, Bieber?
—No, en realidad no necesito ningunos zapatos. Con tenerte a ti, me basta –sonreí embobada- La baba, ___.
—Tú tienes la culpa, estúpido.
—¿Estúpido, a tu novio?
—Ajá –acaricié su cabello, sin peinar, casi parecía que lo tuviera como años atrás, como el hairflip. Él agarró uno de mis mechones y fue enredándolo en su dedo, dando vueltas al mismo tiempo que yo disfrutaba de la suavidad de su pelo- A veces me pregunto cómo he sido tan suertuda.
—¿Suertuda?
—Ya sabes, encontrándote.
—Es el destino, ya te lo he dicho muchas veces –dijo él- Nos quiere juntos.
—¿Para toda la vida? –pregunté yo, alzando las cejas.
—Sé que somos jóvenes, pero espero que así sea. Yo quiero que seas la primera y única mujer en mi vida. Jamás me he sentido tan correspondido con otra persona que no seas tú.
—Yo también quiero que así sea, Justin –le apoyé- Pero, por si alguna razón de la vida, no continuamos juntos, me gustaría que pudiéramos seguir contando el uno con el otro.
—Está claro eso, cielo –besó mis manos y las dejó reposar sobre su pecho- El primer amor no se olvida, y nosotros no nos olvidaremos. Aunque estemos con otras personas, siempre nos tendremos en mente, ¿verdad?
—Verdad –respondí, mirándolo.  Se levantó, apoyando el peso de su cuerpo en un codo, el derecho. Bajé la mirada un poco y acorté los escasos centímetros que separaban nuestros labios. Los unimos, muy delicadamente. Cuando nos separamos, volví a robarle un beso- Haremos que nuestro ocho tumbado sea eterno.
—Siempre.


| Un par de semanas más tarde. |

—No llegamos, no llegamos –me repetía Carol una vez más.
—No entiendo para qué quieres hacer cola a comprar el disco, ¡te lo puedes sacar gratis!
—La emoción de estar esperando horas y horas para obtener el cedé es emocionante para cualquier belieber. Salir de la tienda con el disco en las manos, observar cómo te miran, ojos envidiosos posados en ti… Esa sensación es única, en serio.
—Ya, ya. Pues vamos –la empujé levemente por la espalda y entramos a mi coche.
—Bien. Repasemos el plan. El centro comercial abre a las nueve –asentí con la cabeza-Esperaremos las dos fuera hasta que abran las puertas, y como dos muertas de hambre, correremos hacia la tienda de discos, ¿queda claro? ¡Y hay que ser rápidas o llegaremos las últimas y se acabarán!
—Sigo pensando que es peligroso –insistí, parándome en un semáforo en rojo- Las chicas se me tirarán encima.
—Son las fans de tu novio, y muchas también son tuyas.
—¿Y qué tiene? Yo si viera a mi ídolo también querría tirarme encima. Más si está haciendo cola para comprar el disco de otro de mis ídolos. ¡Es que prácticamente me matarán ahí, avalancha contra ___!
—Deja de ser tan exagerada.
—Está bien, pero como salga en las noticias “___ muere por culpa de fans que se le tiran encima tras el lanzamiento de Believe”, te atormentaré en mi forma de espíritu hasta que enloquezcas y decidas suicidarte.
—¡Vale, vale, acepto! Ahora arranca el coche, está en verde.

Le hice caso y el vehículo volvió estar en movimiento. Ambas nos quedamos calladas, tan sólo se oía el débil murmullo de los locutores del programa de radio que estábamos oyendo.

—Además, no sé de qué tanto te quejas si tú también quieres comprarte el disco –rompió Caroline el silencio. Enrojecí, aunque al final acabé soltando unas carcajadas, al igual que ella- ¿Miento o no?
—No.
—Tendríamos que ir a la firma de discos de la semana que viene.
—¿Para qué? Si podemos pedirle el autógrafo a Justin cualquier día, lo vemos siempre.
—Pero a darle una sorpresa, ¿no crees que eso sería genial?
—Yo creo que estás loca, en serio.
—Vamos, imagínate que fuera al revés. Tú en una firma de discos, asfixiada hasta la sociedad, con la mano molida, y ves a Justin y a los chicos pintados con tu nombre en la frente y brazos, chillando como posesos mientras sacuden el disco sobre sus cabezas y te piden sexo o matrimonio. ¡Yo lloraría y todo!

Reí.

—A tu madre le faltó oxígeno durante el parto, definitivamente.
—Dime que no es una buena idea y dejo de insistir en el tema –permanecí callada durante unos segundos- Dilo.
—Es una buena idea.
—Entonces ya tenemos plan para la semana que viene –dijo dejándose caer en el respaldo del asiento, sonriendo orgullosa. Rio y me miró, yo la miré a ella de reojo y acabé uniéndome a sus risas- Esta canción me encanta, súbele el volumen.

Hice lo que me pidió y cantamos a pleno pulmón la canción que en ese momento estaba sonando. Cuando llegamos al centro comercial, vimos que un grupo bastante numeroso de beliebers esperaban a que las puertas fueran abiertas.

—Te dije que las ocho de la mañana sería tarde.
—Sí hombre, bastante tengo yo con levantarme cada día a las siete para ir al estudio.

Nos desabrochamos los cinturones, no sin antes ponernos nuestras gafas y gorras, para evitar ser reconocidas y montar un escándalo. Salimos del coche y nos sentamos cerca de las puertas, atentas para cuando el guardia de seguridad las abriera y dejara paso a una avalancha emocionada de fans en busca de su preciado y esperado disco “Believe”.

Esperamos una hora, hablamos con algunas chicas que al final acabaron descubriendo quienes eran pero por suerte no chillaron ni hicieron nada que nos delatara. Nos fotografiamos un par de veces y compartimos alguna que otra carcajada. Cuando las puertas fueron abiertas, finalmente, Caroline me cogió de la mano y corrimos a la primera tienda de discos a comprar el de mi novio. Cogimos los dos primeros del estante y nos acercamos al mostrador, donde una dependienta de más o menos mi edad, observaba como el establecimiento se llenaba de chicas eufóricas en busca de un cedé.

—¿___? ¿Eres ___ ___? –preguntó divertida mientras colocaba el dinero en la caja y buscaba la cantidad exacta que me debía de cambio.
—Sh, es un secreto –dije riendo- Ella es mi amiga, Caroline.
—Hola, ¿me das mi disco ya? Quiero ver si me ha tocado el Golden Ticket –la chica frunció el ceño y le dio su disco a mi amiga- Gracias por su consideración.
—¿Para qué quieres que te toque el Golden Ticket si Justin puede llevarte de M&G cuando quieras? –pregunté, guardándome el billete de cinco pavos en el bolsillo, abrí el disco por curiosidad y formé una o con mi boca, sorprendida- ¡Oh Dios mío me ha tocado el Golden Ticket!
—¡¿Qué?! –exclamaron todas las chicas, mirándome- ¡Pero si eres ___!

Los guardias que aguardaban en la entrada de la tienda prestaron atención por si la situación se descontrolaba. Todas las beliebers que ya tenían su disco y miraban decepcionadas como no habían tenido la misma suerte que yo, suspiraron debatidas y frotaron sus ojos ya aguados.

—¿Para qué quieres que te toque el Golden Ticket si Justin puede llevarte de M&G cuando quieras? –me imitó Carol, con voz irritada- Encima va y le toca a la novia, no te fastidia.

Miré el ticket dorado, que tanto sueños haría cumplir a la chica que le hubiese tocado, en lugar de a mí. A lo lejos, una belieber lloraba aunque su novio la consolara. Me acerqué a ella, esquivando a las que aún continuaban mirándome como si fuera un bicho raro. Bicho raro no, pero la novia de Justin Bieber a la que le había tocado el premio y se había puesto a chillar como una loca, sí. Total, que golpeé el hombro de la belieber y cuando esta me miró, un tanto sorprendida, le tendí el billete del M&G.

—Para ti, aprovéchalo.
—Gra-gracias –tartamudeó la chica, tomándolo- Muchas gracias.
—¿Ves cariño? Te dije que lo conseguirías –le sonreí al metro ochenta que la sostenía de los brazos.
—De veras, muchísimas gracias.
—No me agradezcas nada, tú lo necesitas más que yo.

Entonces, se soltó del amarre de su novio y me abrazó a mí. Froté su espalda y sonreí abiertamente a su chico, que ahora me miraba alegre por la acción que acababa de hacer con su novia. Nos separamos y besé la mejilla de la chica.

—Debo irme, mi amiga me espera.
—¡Gracias! –volvió a repetir cuando me alejaba de ella.
—¡No hay de qué! –le correspondí.

Llegue donde estaba Caroline, conversando con unas cuantas hermanas suyas fuera de la tienda. Todas estaban emocionadas de hablar con ella. Cuando llegué, todas estas me miraron con los ojos abiertos, totalmente sorprendidas.

—¿Alguna de vosotras ha sido también la afortunada de conseguir el ticket dorado?
—Sí, yo –respondió una rubia platino con ojos grises. Su belleza era matadora- Pero a mi amiga –señaló una morena que a su lado sollozaba un poco- no, y no sé si vale la pena que me haya tocado cuando vamos a ir juntas.
—Quizá os puedo conseguir uno –dije encogiéndome de hombros- Pero tengo que hablar antes con Justin.
—Oh Dios mío –masculló la pelinegra, asombrada.
—Solo, dadme un segundo y lo llamo.
—Pero está promocionando el disco Los Ángeles –me recordó Caroline.
—Ya habrá terminado –dije desinteresada sacando el teléfono móvil de 
mi bolsillo- Un segundo.

Marqué el número de Justin y esperé a que me atendiera, pero tardaba demasiado. ¿Y si Carol tenía razón y aún estaba trabajando? Pero no, me lo cogió.

—¿Diga? –sonó la voz de mi novio al otro lado del teléfono.
—¿Hablo con Justin Bieber? –pregunté, decidí hacerle una pequeña broma, así que puse voz chillona.
—Sí, ¿quién es?
—¡Oh mi Bieber, soy una belieber tuya! ¡No puedo creer que esté hablando con mi ídolo! ¿Podrías decir swaggy con esa voz tan pornosa que tienes, por favor?
—¿Qué?
—¡Cásate conmigo!
—Espera… -se calló uno o dos segundos- ___, eres tú.
—Hola mi amor –las chicas soltaron unas carcajadas- ¿Qué tal?
—Estaba en McDonald’s con el equipo. Nos han dado unos minutos de descanso.
—Guay –me limité a decir, sonriendo aunque supiera que no podía verme- Oye, tengo que pedirte un favor.

En eso, Karla y Mara, que así se llamaban las dos amigas que querían asistir juntas al Meet and Greet, sonrieron agradecidas.

—Dime.
—¿Tú no podrías darme un pase a uno de tus M&G?
—¿Para qué?
—Pues, estoy aquí en el centro comercial con Caroline y un par de beliebers, que acabamos de comprar “Believe”, y una de las chicas no le ha tocado el pase, y a su amiga sí. Y pues claro, quieren ir juntas. ¿No serías tan chachi piruli y buena persona de darme uno?
—Claro –aceptó. Les hice un gesto a las chicas de que había dicho que sí y se abrazaron para celebrarlo- Espera, ¿has dicho que tú y Caroline os habéis comprado el disco?
—Sí, ¿por qué?

Oí como Justin reía y le decía a todo el Team lo que le acaba de contar. A continuación, todos ellos también reían. Carraspeé la garganta para volver a llamar la atención de mi novio y, como esperaba, la obtuve.

—Eres de lo que no hay, ___.
—Que sepas que me había tocado el Golden Ticket.
—Júralo –pidió.
—Lo juro –y volvió a hacer lo mismo que antes: se lo dijo a los chicos- Pero se lo di a una belieber que no le había tocado.
—Qué buena persona.
—Lo sé –oí como reía- ¿A qué hora estarás aquí?
—Volveré a la noche. Me han invitado a una fiesta y pues, quiero ir. No te importa, ¿verdad?
—Para nada. Así puedo montarme una fiesta de pijamas en casa de Caroline.
—¿Quién ha dicho que te vaya a invitar? –preguntó ella, mirándome, después de haberme oído decir aquello.
—Recuerda que vamos en mi coche y puedo dejarte aquí tirada.
—Me lleva Christian.
—Está con su familia visitando a unos tíos, dudo mucho que venga a buscarte.
—Estás invitada a pasar la noche a mi casa, señorita ___ -dijo entre dientes.
—Gracias –sonreí.
—¿Shawty? –oí a Justin.
—Estoy aquí, negociaba con Caroline.
 —Sí, lo escuché.
—Bueno, gracias por lo del M&G. Las chicas están aquí muy emocionadas, eres un sol.
—No hay de qué –dijo él.
—Nos vemos.
—Claro, te quiero mil.
—También te quiero –contesté- Y te extraño.

En eso las chicas exclamaron un exagerado “aw”, lo que me hizo enrojecer y soltar un par de carcajadas.

—Y yo a ti, ___ -suspiró y eso me hizo suspirar a mi también- Nos vemos a la noche.
—Seguro, chao.
—Adiós –pi, pi, pi.

Me había colgado. Guardé el teléfono en el bolsillo de donde lo había sacado anteriormente y le sonreí a las chicas. Las demás estaban emocionadas hablando entre sí, pero Karla y Mara, en especial, parecían las más entusiasmadas de todas.

—Dame tu dirección, Mara –le pedí- Así cuando Justin me de tu pase, te lo envío por carta.
—Anda, enróllate –me codeó Caroline. La miré extrañada- Ves tú misma y con Justin a dárselo.
—Oh,  pues es verdad –asentí, apoyando la idea de mi amiga- Cuando vuelva, iremos los dos a tu casa, ¿te parece bien?
—Oh Dios, esto es increíble –susurró tapándose la boca- Muchas, muchas gracias. En serio, eres la mejor.
—Vamos, no las des –le sonreí. Le tendí el móvil para que me anotara la dirección de su domicilio y cuando acabó me retornó el teléfono. Miré donde vivía y asentí con la cabeza, no estaba muy lejos de lo de Justin- Bien. Nos pasaremos mañana o pasado, ¿te viene bien?
—Claro.
—Intentaremos que sea por la tarde, sino, vendremos al día siguiente.
—Genial –y Mara me abrazó, sorprendiéndome ya que me había pillado desprevenida, pero al final le correspondí al gesto.

Estuvimos hablando un rato más con ellas, hablando, sacándonos fotos y más cosas. Pasamos la mañana en el centro comercial y luego nos fuimos a comer Caroline y yo. Prácticamente nos tiramos el día entero juntas, además de pasar la noche en su casa, claro. Me gustaba pasar tiempo con ella. Era mi mejor amiga además de Julia, claro. Caitlin, bueno. No es que no fuera mi amiga, pero estos últimos meses la hemos pasado bastante separadas. Ya que está con el novio, la carrera, los viajes con las amigas, etcétera. Y las de España… las extraño y las quiero muchísimo, pero el tiempo y la distancia hacen que pierdas el contacto.

Los días pasaban, y con él las semanas, y con ellas los meses. Y el tour mundial de Justin empezaba. ¿Qué significaba eso? Decirle adiós por un tiempo. Habíamos estado más que genial estos meses. A pesar de la última pelea que tuvimos, que desató un revuelo en redes sociales y canales de televisión, incluidas también las revistas de cotilleo, todo lo habíamos hecho juntos y en ningún momento nos separábamos. Caroline y yo nos habíamos presentado de improvisto en su firma de discos y la habíamos liado un poquito allí con las beliebers. Tanto, que fuimos trending topic durante varios días en Twitter. Julia había decidido aceptar el puesto de trabajo que le coincidía New York Times, y por lo tanto, no podría ser más miembro del Team. Al menos no mientras estuviera currando en la revista, ella sabe perfectamente que cuando quiera volver, tendrá un sitio libre. Su lugar lo había ocupado Melanie, una londinense de veinticuatro años bastante atractiva y que me había causado más de una discusión con Justin por culpa de mis celos. Ellos se habían llevado muy bien y eso a mí no me agradaba demasiado. Pero con un poco de comprensión, paciencia y algunos minutos de relación, supe comprender que entre ellos jamás habría nada; principalmente porque la chica estaba comprometida con su novio con el que llevaba saliendo desde los dieciséis años.

En fin, resumiendo. Estaba pasando un momento depresivo porque pasaría las noches, las mañanas y los mediodías sin Justin en casa. Temía decirle adiós temporalmente, y no era lo mismo que una pequeña gira, no. Él estaría viajando por todo el mundo durante dos años. ¡Dos años! Hasta los veinte. Quién lo diría, ¿eh? Believe Tour era un mundo de ensueño para todas las beliebers afortunadas, era un reto para todo el Team y sobre todo para Justin, pero para mí era un motivo para separarme de él y no es que me agradara mucho.

Me encontraba en la estación, donde el bus oficial de Believe Tour, donde todos viajarían, esperaba a entrar en movimiento por todos los estados de América. Ya que primero empezaría por los territorios de alrededor, luego viajaría cruzaría el océano y volvería para finalmente estar en países Latinos. Así, hasta los veinte. Para poder descansar durante un buen tiempecito y estar finalmente con su chica. O séase, conmigo.

—Te llamaré todos los días –me repetía, acariciando mi cabello.
—Y yo a ti –le prometí.
—¡Pac me ha mordido! –chilló Alfredo, sujetando al hámster de Justin.

Él y yo soltamos unas carcajadas que nos destensaron por breves segundos, pero nada más, volvíamos estar angustiados por el tema que tanto nos había preocupado estos últimos días. La separación.

—Y haz eso que te dije en los conciertos.
—A mamá no le agrada mucho la idea de que actúe prácticamente semidesnudo en todo el Tour.
—Tú has crecido, tus beliebers también. Se merecen un claro ejemplo de lo que es madurar.
—Que esté empezando a hacer efecto las horas de gimnasio no significa madurar, significa estar más bueno.
—Vale don ego, relájate que te veo alteradito –le dije riendo.
—Te echaré de menos –bajó sus manos hasta mi cintura y me acercó a su pecho- Mucho, muchísimo.
—Yo también, cariño –hice un puchero de esos que tan mal le hacían sentir a Justin.
—No podré quedarme por mucho que pongas esa cara.
—Tenía que intentarlo –me encogí de hombros y él aprovechó para besarme, cogiendo mi cara entre sus grandes manos. Me puse de puntillas, ya que no llegaba y la posición me incomodaba un poco. Me sujeté firmemente a sus brazos, pues estaba perdiendo el equilibrio de su grandioso beso de despedida- Señor.
—Hasta dentro de unos meses –estaba empezando con un nuevo disco y no tendría la oportunidad de viajar con él en los primeros conciertos, tendría que esperar un poco.
—¡No!
—¡___, no me hagas ninguna estupidez! –pidió Justin riendo, intentando librarse de mis piernas que ahora rodeaban su cintura y mis brazos, que tenían preso su cuello- Vamos mi princesa, debo irme. Scooter me está mirando mal.
—No, tómate tu tiempo –gritó el hombre con sarcasmo, dando unos golpecitos a su reloj con el dedo índice.

Me bajé del cuerpo de mi novio y suspiré. Me alcé sobre mis pies y besé su boca una vez más. Pero incrementé el beso, abriendo la boca y dándole acceso libre a su lengua.

—Llámame –le pedí, y volví a besarle- Y twittea mucho que si no me aburro –beso otra vez- Y nada de conducir como enfermo que te multan –otro besito- Y olvídate de Lil Twist que es un mierdas, me cae mal –él puso los ojos en blanco. Lo besé- Lo digo en serio –beso de nuevo- Y dedícale el primer concierto a Avalanna –esta vez lo besé con más dulzura, ya que recientemente, la niña había fallecido.


| Flashback. |

Dos de la mañana. Justin y yo dormíamos, como es normal, en nuestra cama, después de haber tenido una larga y cansada sesión de besos, caricias y demás. Ya sabéis. Su móvil, sonó, asustándome. No le di importancia ya que atendió al segundo. Se levantó de la cama y me abracé a la almohada, caliente y con restos de su perfume totalmente embriagador. Caminó durante toda la casa, oía sus pasos. Pero seguía ahí, tan a gusto tumbada. Estaba cansada, merecía dormir, ¿no? Pero un estruendo me sorprendió. Me erguí, quedando sentada en el colchón, tapándome el pecho con las sábanas ya que iba desnuda cintura para arriba. Otro ruido más, y esta vez más tronante, más desesperado. Fruncí el ceño.

—¿Qué mierda pasa? –me pregunté a mí misma.

Y de nuevo, volvió a suceder. Comprendí lo que era. Vajilla. Me puse de pie y busqué mi camiseta por el suelo. Me la puse al mismo tiempo que corría hacia la cocina, ya que podía ver la luz de esta encendida. Clavé los talones en el suelo, yendo lo más rápido que podía. Llegué ahí y Justin había perdido totalmente el control, había enloquecido. Había lágrimas en sus ojos y el suelo estaba lleno de pedazos rotos de platos, vasos y demás cosas que no me paré a analizar. Sus nudillos, rojos y ensangrentados, apretados y blancos por la fuerza que empleaba en apretar los puños me hizo pensar en detener aquello que estaba haciendo.

—¡Justin! –bramé asustada, cuando un trozo de cristal impactó cerca de sus pies desnudos. Lanzó un puñetazo a la nevera y me asustó- ¡Justin, mi amor, vamos, detente!

No paraba. Gritaba escandalizado mientras lloraba y destrozaba todo lo que se encontraba su alrededor. No me lo pensé dos veces y me situé delante de él, impidiéndole hacer cualquier tontería más sujetándolo de los brazos.

—Eh vamos, deja de romper cosas. ¿Qué ha pasado? –pero forcejaba, intentando librarse de mi amarre. Lo acorralé contra la encimera y cogí su rostro con mis manos, brindando suaves y tranquilizadoras caricias a su piel- Dime que ha pasado, vamos. ¿Qué ha ocurrido? ¿Quién te ha llamado?
—Los padres de Avalanna –solté un grito ahogado, temiéndome lo peor- ¡Ha fallecido! ¡Ella ha muerto! ¡Nos ha dejado!

Y se libró, aprovechando que estaba en shock y había dejado de emplear fuerza contra él para relajarlo e inmovilizarlo. Dio una patada a la mesita donde yacía la cesta de las frutas, haciéndola caer en el suelo. Se sentó en una silla y apoyó los codos sobre sus rodillas, tapándose el rostro y sollozando como jamás antes lo había oído. Me acerqué a él y rodeé su espalda con mis brazos, frotándolo para hacerlo relajarse. Besé su cabeza varias veces, susurrándole cosas.

—Lo siento, Justin –repetí- Lo siento mucho.

Me arrodillé en frente de él y sujeté su cara, haciéndolo mirarme. Acaricié ambas mejillas y retiré las lágrimas que mojaban su piel, al mismo tiempo que también apartaba el cabello de su rostro, ahora empapado y pegado a su frente. Besé sus labios, sus mejillas, sus párpados, su frente. Recorrí su rostro con mis labios con extrema lentitud y delicadeza.

—Escúchame –le susurré- Avalanna ha luchado todo lo que ha podido. Para mí, para ti, para su familia, para todos, es la chiquita más fuerte que el mundo ha logrado tener.

Él sollozó, partiéndome el alma. No me había dado cuenta hasta ahora que también estaba llorando.

—Eh, Justin –alcé su rostro con un leve toque que le había dado en la barbilla con mis dedos índice y corazón- La tierra ha perdido una luchadora pero el cielo se ha ganado un ángel.

| Fin del flashback. |


—Ella será mi primera one less lonely girl –me dijo, sonriendo.
—¡Justin, vamos, sé que es duro despedirse de ___, pero tenemos que irnos! –gritó Scooter desde el autobús.

Ambos nos miramos y nos besamos por última vez, susurrándonos todo lo que nos queríamos, extrañaríamos y demás.

—¡Espera! –lo llamé. Él se giró y volvió hacia mí. Se detuvo enfrente de mí y suspiré- Estoy embarazada.
—No cuela. La última vez hiciste lo mismo y retrasaste mi avión. Debo irme, en serio. Te amo.
—Bueno, tenía que…

Me interrumpió besándome por última vez.

—Intentarlo, ya. Pero de todas formas, y aunque me desagrade admitirlo, no iba a funcionar –el bus pitó y vimos a Scooter hacerle señas a Justin otra vez, impaciente- Me matará si no voy.
—Ves.
—Te amo mil.
—Te amo también, Justin.

Besó mi frente y giró sobre sus talones, dándome la espalda. Caminó hacia el gran autobús que también les haría de casa, y se subió en él. El enorme vehículo arrancó y la ventana del final se abrió, apareciendo en ella un Alfredo alocado tratando de hacerme reír, meneando un pañuelo blanco y haciendo el que lloraba. Justin se asomó, a su lado, y me lanzó un beso, haciéndome sonreír. Cuando el bus se perdió entre las calles, una mano se posicionó en mi hombro. La cogí sin girarme, conocía perfectamente los dedos largos y finos de mi madre. Además, el anillo de compromiso resaltaba.

—Ais, el amor –suspiré y miré a la mujer que me dio la vida- Supongo que no querrás pasar las noches solas a partir de ahora, ¿verdad? Con lo miedica que eres, aceptarás con gusto la invitación a venirte de nuevo a vivir conmigo y Thomas.
—Está claro –contesté, pasándole un brazo por los hombros, y ella rodeando mi cintura- Serán unos meses largos y con lo obsesionada que soy yo por las películas de miedo, capaz me imagino que hay un fantasma viviendo conmigo.
—Por eso lo decía, mi niña. Además, se te extraña.
—Lástima que no esté Julia.
—Pero Caroline y Caitlin pueden ocupar su lugar muchas noches, todas las que quieras.
—Gracias mamá.

Nos subimos al coche y condujo hacia el piso de Justin. También el mío, 
pero estaba más acostumbrada a decir que era suyo. Ahí hicimos las maletas, llenándolas con mis cosas. Cerré con llave la puerta del domicilio y volvimos a la que meses atrás había sido mi hogar permanente. Ahora lo volvería a ser seguramente por dos largos años. Después, volvería Justin y ocuparíamos de nuevo el anterior pisucho agradable y acogedor.

Suspiré por la ventana y cerré los ojos cansada de reprimir las lágrimas. Estaba empezando a sonar Be Alright. Ya lo extrañaba y no había pasado ni un día sin él. Esto iba a ser difícil; muy difícil.

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1 comentario:

  1. OH MY GOODNESS, ¡JUSTIN SE VA! ¡NOOOOOOOOO! MINA, ME ENCANTO EL CAPITULO, COMO LLORE EN LA PARTE DE AVALANNA Y ESCUCHAR 'MORE THAN THIS' DE ONE DIRECTION, NO AYUDA EN MUCHO :(((((((. Mi pregunta es, ¿como habra reaccionado Justin con la muerte de Avalanna {que en paz descanse}. Bueno todas mis hermanas y yo la extrañamos, pero como dicen, la tierra perdio una luchadora pero el cielo gano un angel:') me tengo que ir, siguela. Un beso
    CHAUUUUUUUU (?

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