¿Cuántos somos ya?

11 de abril de 2013

Never let you go. {157}



| Narra ___. |

¿Qué pasa si te levantas un día con una respiración acompasada en la nuca, unos brazos que te rodean y unos dedos que acarician tu piel segundo sí y segundo también? ¿Y qué pasa si te giras entre esos brazos, abres los ojos lentamente, y te topas con un ceño fruncido, una nariz arrugada, y un pelo revuelto brillando gracias a la luz del sol? ¿Y qué pasa si esa persona, es tuya para siempre? ¿Y qué pasa si esa persona, te dice “buenos días princesa” ¿Sonreirías o no? Serían motivos suficientes para olvidarte de todo y sonreír como una estúpida, ¿verdad? Vale, pensaba que estaba loca y sonreír por eso, era de menos.

—Hacía tiempo que no me levantaba así de bien –dije sonriéndole.
—Hacía tiempo que no me levantaba a tu lado.
—Tienes razón. Pero se acabó, eso se terminó por fin –me incorporé y besé su nariz- Vístete.
—¿Por qué?
—Porque estás desnudo –le expliqué sonriéndole tiernamente.
—Te gusta que esté desnudo.
—Sí, pero también me gustas con ropa.
—A mí me gusta ir desnudo por mi casa.
—Lo sé, Justin –dije poniendo los ojos en blanco- En serio, si alguien supiera de lo tuyo haciéndote los cereales desnudo…
—Ya lo saben –se excusó encogiéndose de hombros.
—¿Cómo que ya lo saben? –pregunté sorprendida.
—Lo hablé en una entrevista.
—Oh, señor –dije tapándome la cara, riendo al mismo tiempo- Lo tuyo no es normal.
—Lo sé, pero mis beliebers me quieren así.

Un maullido proveniente de la puerta me hizo despegar la vista de los ojos de mi novio. Hope se acercaba. De un salto, se posicionó entre mis piernas y ronroneó para que la acariciara.

—Mi reina, hola.
—Sigo pensando que un mono sería la mejor mascota.
—Eres idiota, Justin.
—Pues un hámster.
—Hope es perfecta. Es muy mona.
—Para ti, yo quiero un mono –insistió el muy pesado.
—¿Y para qué quieres un mono si ya te tienes a ti mismo?
—Oh, ahora verás.

Se abalanzó sobre mí e hizo que Hope se marchara de en seguida. Empezó a hacerme cosquillas, quitándome la manta. Me hizo gritar y reír, llorar, pegarle en el hombro, querer que me soltara. Pero nada, él seguía. Cuando le dije que estaba a empezando a dolerme la barriga, me soltó, pero quedó encima de mí.

—Hope se ha ido –dijo sonriéndome. Después bajó su mirada hasta mi clavícula y plantó un beso ahí.
—Por tu culpa, la has asustado.
—Bueno, ya volverá. Del piso no sale.
—¿Y si salta por una ventana?
—Mi amor, los gatos tienen siete vidas.
—Sigo pensando que eres idiota.

Él se encogió de hombros.

—Puede.
—Creo que está sonando tu teléfono.
—No lo creo –dijo.
—Que sí, calla.

Agudizamos el oído y sí, su tono de llamada sonaba desde el salón. Se levantó del tirón sin ni siquiera ponerse algo debajo. Negué con la cabeza mientras oía cómo clavaba los talones al correr. Me puse de pie envolviendo la sabana alrededor. Fui hasta el salón y me encontré a Justin ahí, sentado en el sofá, mirando a la nada y con el ceño fruncido.

—Justin, ¿qué pasa? –le pregunté. Él alzó la mano haciéndome esperar. Asentí con la cabeza y me senté a su lado.
—Claro –dijo él- Ajá. ¿Pero ella está bien? –se quedó callado. ¿Con quién hablará?- Entiendo. No, no. Tranquilo. Cogeré el primer avión, dile que estaré ahí con ella en cuanto pueda. Vale, adiós.
—¿Justin? –pregunté cuando hubo colgado el teléfono- ¿Quién está mal?

Y se puso a llorar. Solté un grito ahogado. No lo veía llorar desde hacía muchísimo tiempo. Y este era un llanto tan distinto, tan desesperado. Rodeé su cuerpo con las mantas, abrazándolo. Apoyó su cabeza en mi cuello y yo me aferré a su espalda. Las lágrimas caían por mis hombros, empapándome. Pero no me molestaba.

—Cuando estés mejor me lo cuentas, cielo. No hay prisas, tranquilo. Estoy aquí, no me iré –le dije, acariciándolo- Desahógate, llora todo lo que quieras.
—Avalanna.

Me separé en seguida de él para mirarlo fijamente a la cara. Le teníamos muchísimo aprecio a esa niñita, muchísimo. Pero él, él se desvivía por ella. Era su ángel.

—¿Qué le ha pasado?
—Está muy mal. Ha tenido un ataque esta noche, la han ingresado.
—Oh, Jesús –exclamé, volviéndolo a abrazar- Iremos a verla. Iremos los dos a Nueva York para ver cómo está, ¿sí? –limpié sus lágrimas- Le diré a James que consiga dos pasajes, los que antes salga. Tú ves a ducharte, vístete.

Me hizo caso. Asintió con la cabeza, limpió sus lágrimas y sorbió por la nariz. Le di un beso en la frente y abracé sus hombros con las sábanas para taparlo y que estuviera mejor, hasta la habitación. Ahí busqué mi camiseta del pijama, me la puse sin pararme a pensar en las bragas, y llamé a James para informarle de nuestro repentino viaje. Después de haberme vestido {http://www.polyvore.com/cgi/set?id=71821515&.locale=es} envié un mensaje a mamá diciendo que viajaría con Justin a Nueva York, para que no se preocupara. Me senté en la cama a esperar a Justin y cuando salió del baño, ya vestido, me sonrió. Aunque supe a la perfección que eso no era nada, no había felicidad ahí. Era todo mentira.

—¿Cuánto nos quedaremos?
—Dos noches.
—Oh, entonces me pongo a hacer las maletas.
—¿Puedes hacer la mía?
—Claro –acepté acariciándole la mejilla- Recuéstate, llama a tu madre, a Scooter. A quien sea, yo lo preparo todo.
—Gracias –contestó dándome un beso- ¿James ya ha conseguido los pasajes?
—Está en ello –dije yendo hacia el vestidor- ¿Qué ropa te pongo?
—La que quieras –respondió sentándose en un sillón de cuero que había en una esquina, sacando el teléfono- ¿Has llamado a Janet?
—Anda no –dije acordándome- Pero igual James se lo hará saber.
—Te llamará ella igualmente –empezó a hablar con su manager, madre, y amigos. Me dio tiempo a hacer la maleta y también a comunicarme con Janet. Una hora y media más tarde, James estaba dándonos los pasajes y mandándonos besos para Avalanna- ¿Nos vamos ya?
—Espera –me aseguré de que estaba todo en la maleta; tanto en la mía como en la suya- Vale, sí. Nos vamos.
—Bien.

***

Cuando aterrizamos a Nueva York, el cielo estaba negro. Aunque todo estaba iluminado gracias a los cárteles de neón o las altas farolas de la ciudad. Los grandes edificios se alzaban ante Justin y ante mí, tan altos. Rascando los cielos. Un taxi se paró delante de nosotros y nos ayudó a poner las maletas en el maletero.

—¿Hacia dónde? –preguntó.
—Hacia el hospital –respondió Justin con el alma a los pies, con una voz sin vida. Me mataba verlo así. Puse una mano en su hombro y lo acaricié levemente, me miró y sonrió- Gracias por venir conmigo.
—Ni se te ocurra dármelas, Justin. Es lo menos que puedo hacer por ti después de todo.
—Creí que habían roto –dijo el taxista, haciéndonos fruncir el ceño- Por lo que la prensa decía, eso.
—La prensa dice muchas cosas –murmuró Justin, con el semblante serio.
—Entonces, estáis juntos.
—Sí –respondí yo antes de que Justin dijera algo de mala manera. Entrelacé mis dedos con los suyos y lo miré para aserenarlo- Estamos juntos.
—Me alegro –sonrió el hombre mayor y entrometido.
—Eh –lo llamé, a mi chico. Bajó la vista hasta mis ojos- ¿Estás bien?
—No –fue sincero.
—Estará bien –me apoyé en su hombro y jugué con nuestros dedos- Es fuerte. Ella aguantará.
—Ojalá Dios no me la quite.
—Él sabe que es tuya, que su familia la necesita. Que todos la necesitamos. No se irá, no nos dejará.

Besó mi cabeza y se reposó en ella durante todo el trayecto. Sin hablar. Sin soltar mi novio. Con la respiración tan mansa y calmada que a veces pensaba que dejaba de respirar, y eso me asustaba. Cuando llegamos, pagamos al taxista y sacamos nuestras maletas. Entramos al hospital y pedimos el número de habitación donde estaba Avalanna. Quinta planta. Cuando estábamos en los blancos pasillos de la planta de la niña, buscamos su cuarto. Lo encontramos y llamamos a la puerta, haciendo que todos los presentes ahí –sólo padres y abuelos- se giraran a mirarnos.

—Justin, ___. Qué alegría veros.
—No habéis tardado mucho en venir.
—Hemos cogido los primeros pasajes –explicó Justin- ¿Cómo está ella?
—Dormida.
—¿Desde cuándo lleva aquí?
—Desde anoche.
—Se pondrá bien –susurró Justin caminando hacia la cama donde la niña yacía, cogiéndole la manita y acariciándola- Yo sé que es fuerte.
—Lo es –aseguró su madre.
—Sólo nos queda rezarle a Dios –dijo la abuela, una mujer con el pelo blanco recogido en un moño bajo, de rostro dulce. Ella me sonrió- Tú debes ser ___.
—Sí, señora –la saludé.
—Avalanna nos ha hablado mucho de ti –dijo mirándome- Fuiste a verla un par de veces con Justin.
—Sí –asentí con la cabeza, dándole la razón.
—Ella no ha parado de escuchar tus canciones –explicó el padre- La ha mantenido despierta todo el día, pero en cuanto le dieron de cenar cayó rendida.
—Estaba muy cansada y no hacía más que preguntar por ti –Justin les sonrió y me miró.
—¿Dónde os alojáis? –nos preguntaron.
—Buscaremos el hotel más cercano al hospital –respondió por los dos- Pretendemos quedarnos dos días aquí.
—Con que Avalanna esté un rato con vosotros, eso es más que suficiente.
—No, queremos quedarnos –dije yo mirando a la madre de la niña- No es problema.
—¿Y el trabajo? Sois personas muy importantes, no podéis dejar de trabajar –dijo el abuelo.
—Nuestros representantes lo entienden –respondió Justin- Hemos estado trabajando muy duro últimamente, nos dejan dos días de descanso.
—No descansaréis mucho en un hospital –dijo el Sr. Routh.
—Pero sí en el hotel –comenté yo, sonriendo- Voy a ir a por un café, ¿queréis algo?
—Yo sí –contestó Justin, sacando la cartera.
—¿Eres tonto? –guardé su billetera en su bolsillo- No me des nada, ya llevo yo suelto.
—¿Segura?
—Claro. Ahora vuelvo.

Salí de la habitación y me dirigí a la máquina de café que había al final del pasillo. Crucé una habitación con juguetes, sillitas de colores y muchos lápices tirados en el suelo. Habían un par de niños por ahí y dos madres hablando mientras aguantaban vasos de plásticos humeantes con café en el interior. Un peluche había llegado a mis pies así que lo cogí para dejarlo en la sala.

—Hola –saludé, dejando el oso de quince centímetros en una mesita- Esto estaba en el pasillo.
—Oh, gracias, cielo –me sonrió una mujer de unos cuarenta y tantos años.
—¿Tú eres ___ ___? –me preguntó una niña que tiraba de mis pantalones.
—Sí, soy yo –le respondí sonriendo y acariciando su cabello castaño. Tenía los dientes separados, como una ratita. Era monísima.
—Me gustan mucho tus canciones. Eres muy guapa y cantas muy bien.
—Gracias, cielo –la abracé y le di un beso en la mejilla.
—Soy Bella, su madre –me saludó la mujer rubia de antes- Encantada.
—Igualmente –le di un apretón de manos y les sonreí- ¿Ella está… hospitalizada?
—No, no –negó la madre con la cabeza- Estamos visitando a mi sobrina, tiene doce años. Tiene apendicitis.
—Oh, pobre.
—Es muy fan tuya –dijo sonriéndome- Y de tu novio, Justin. Es belieber hasta la muerte.
—¿Ah sí? –pregunté. Saqué el móvil y me metí en la aplicación de notas- ¿Podría decirme en qué habitación está?
—Sí, en la 221.
—Mañana le daré una sorpresita –dije riendo- ¿Cómo se llama?
—Claryssa.
—Le hablaré a Justin sobre Clary. Nosotros estamos visitando a…
—A Avalanna, mamá. Te dije que ella estaba aquí, en esta planta.
—Sí, está aquí –respondí asintiendo con la cabeza- Pues, estamos de visita y nos quedaremos un par de noches aquí. Así que le daremos una sorpresa a su sobrina.
—Eso es genial, se pondrá como loca.
—Será genial, ¿podremos venir, mamá? –le pidió Ana a Bella.
—Sí, no veo por qué no –me sonrió.

Unos pasos que oía de detrás de mí se acercaron y se posicionaron a mi lado. Era Justin. La niña abrió más los ojos y se abrazó a la pierna de su madre, yo solté unas cuantas carcajadas, al igual que Bella.

—¿Dónde estabas?
—¡El café! –exclamé, acordándome de repente- Lo siento Justin, es que había un juguete en el suelo y he venido aquí a dejarlo. Y me he encontrado con esta niña tan guapa y a su madre.
—Vaya, hola –la saludó él, acariciándole la barbilla- Soy Justin.
—Yo Ana, y soy belieber.
—¡Guay! –dijo sonriendo y agachándose a su lado- ¿Y cuántos años tienes?
—Así –y Ana mostró su mano entera.
—Cinco, qué mayor –Justin le revolvió el pelo- Estaremos por aquí unos días, quizá te cante algo.
—Estábamos hablando, Justin, de que Bella tiene una sobrina interna en esta misma planta. Y es belieber. Quizá podamos pasarnos mañana y darle una sorpresa –le propuse.
—Estaría guay –asintió él- ¿En qué número de habitación está?
—En la 221 –respondió Bella- Podrías hablar con el jefe del hospital para que os deje cantar aquí un par de canciones a los niños. Eso sería genial y los entretendría bastante.
—Sí –dije yo, sonriendo- Es muy buena idea.
—La verdad es que sí –aceptó mi novio- Y a Avalanna le encantará.
—Entonces, lo hablaremos mañana y veremos que se puede hacer –dije.
—¿Por la mañana o por la tarde? –preguntó la niña.
—Ana –la regañó Bella.
—Por la tarde –preferí yo, y Justin no puso inconveniente alguno.
—Entonces, mañana nos vemos aquí.
—Seguro –asintió Justin.
—Tenemos que irnos –hablé yo- Tenemos que despedirnos de los Routh, buscar un hotel y cenar.
—Claro, no os hago perder más el tiempo.
—Hasta mañana, Ana –Justin besó la mejilla de la niña pequeña y le dio un apretón de manos a la madre- Nos vemos, Bella.
—Ha sido un placer conoceros –se despidió ahora de mí.
—Adiós, Ana –la abracé y nos fuimos de ahí- Se me han quitado las ganas de café.
—A mí igual –dijo Justin riendo mientras caminábamos hacia la habitación de Avalanna para despedirnos de ella y sus familiares- Ana era preciosa.
—Nuestra hija lo será más –bromeé colgándome de su brazo y mirándolo embobada.
—No cabe duda. Tendrán tus ojos.
—O los tuyos.
—O los de ninguno –acordamos al final los dos, echándonos a reír. Llegamos a la habitación de la niña y llamamos antes a la puerta, entramos y sonreímos a todos los adultos- Nos vamos ya, hemos de buscar un hotel donde dormir.
—Sin problema, chicos –dijo la señora Routh.
—Volveremos mañana –les aseguré.
—Llamadme cuando Avalanna esté despierta –pidió Justin- Nos vemos.
—Adiós, y gracias por todo.
—No hay de qué –sonreí yo- ¡Chao!

***

Llegamos a un hotel próximo al hospital en tan solo una hora. No nos llevó mucho para que nos dieran una habitación. Cuando ya estábamos ahí, solos, y tumbados en la cama sin habernos parado a pensar en ponernos ropa cómoda, en silencio, oí a Justin sollozar. Giré el rostro para mirarlo y éste estaba tapándose la cara con las manos. Sus hombros se sacudían al mismo tiempo que los llantos que soltaba.

—Justin –dije en un susurro totalmente lleno de dolor tras verlo así- Justin no llores por favor, no puedo verte así.
—Ella, ___. Ella es demasiado pequeña para que le pasen estas cosas. Y no puedo, no puedo quedarme de brazos cruzados viendo como ella se muere.
—No digas esas cosas. Estás haciendo mucho por ella. Es feliz gracias a ti. Es lo que más desea, encontrarse contigo, y tú se lo estás dando –me senté de piernas cruzadas a su lado y quité las manos de su cara, limpiando sus lágrimas y peinando su cabello con las puntas de mis dedos- Justin, si tu fueras una cura contra el cáncer, sin duda, Avalanna ya estaría sana gracias a ti.

Él se incorporó en la cama y me abrazó fuertemente, hundiendo la cabeza en la curva de mi cuello, inhalando fuertemente, como si le faltara el aire. Se aferró tanto a mi espalda que pensaba que iba a partirme en dos. Suspiré. Jamás lo había visto así y eso, sin duda, me mataba por dentro. Acaricié su cabello y se lo aparté de la frente ahora sudada. Limpié sus empapadas mejillas, llenas de lágrimas.

—Así mejor –le dije sonriendo levemente. Besé su nariz dulcemente, y él tiró de las costuras de mi camisa, acercándome más a él- Justin, no te voy a dejar.
—Lo sé, pero, te necesito ahora más que nunca.
—Y estoy aquí –lo hice tumbarse de un leve empujón que le di en el pecho- Duerme, Justin.
—Voy con ropa de calle.

Suspiré divertida, parecía un niño pequeño.

—Yo te pondré el pijama.
—¿En serio? –preguntó con una sonrisa burlona en su angelical rostro.
—En serio –asentí yo, poniéndome de pie y yendo hacia la maleta para sacar sus pantalones cortos de deporte y su camiseta blanca de tirantes.

Cuando obtuve las prendas de ropa, caminé con ellas hacia Justin y me senté a su lado, con los pies en el suelo. Le hice levantar los brazos y arrastré la camiseta por su cuerpo hasta que finalmente salió de su cabeza. Cuando la arrojé al suelo, él sonrió divertido. Y me besó, haciéndome sonreír. Cogí la camiseta de tirantes y la replegué de forma que a medida que se esculpía en su torso, yo podría ir estirándola hasta ponerla correctamente, tocando así al mismo tiempo su suave piel y sus no muy marcados abdominales.

—Los zapatos –le indiqué.

Puso los pies en mi regazo y desaté sus Supra. Las tiré junto con la camiseta y alargué los brazos hasta la hebilla del cinturón, quitándole este también. Procedí con el botón y la cremallera del pantalón, para semi desnudarlo finalmente. Cuando estuvo en bóxers, se acercó a mí y buscó mi boca, comiéndosela por completo, sorprendiéndome. Cogió mi rostro con sus grandes manos y me acercó a él, haciéndome sentar en su regazo. Jugó con mi camiseta de tirantes hasta levantarla por encima de mi pecho, y empezó a besar la loma de estos.

—Creo que no hará falta que te ponga el pantalón –susurré contra su cuello, para dejar una marca en él.
—No, creo que no –me indicó, quitándome finalmente la camiseta.

Siguió besándome al mismo tiempo que me despojaba, librándose de mis ropas, lanzándolas con las suyas. Y me tumbó debajo de él para hacerme suya una vez más. Me estrechó entre sus brazos con miedo a perderme, pero él sabía de sobras que eso no sucedería, que era suya para siempre. Hasta el final de mis días. Porque podríamos pasar por malas rachas, podríamos no esquivar ciertos obstáculos, podríamos caernos y quedarnos en el suelo por mucho tiempo; pero para cuando nos levantáramos, lo haríamos para no tocar el suelo nunca más. Y ese era mi destino, estar a su lado. Apoyando sus decisiones y él las mías, ayudándolo a no erradicar más y él ayudándome a mí; a tenderle una mano cuando la necesitara y él a tendérmela a mí. 

___________

Una cosa que quería comentaros pero que se me había olvidado. Hace unos días sufrí un hackeo. Pedí varias veces en otra cuenta -y varias amigas me ayudaron- a que reportaran mi cuenta, ya que pensaba que la chica no me la iba a devolver. Bueno, pues si me habéis bloqueado, por favor, desbloqueadme. Soy @dahipstabiebas. Seguidme, decidme que sois lectoras mías y os daré follow back. Nada más, seguid leyendo. Espero que os esté gustando la maratón. Solo quedan dos capítulos. ¡Chao!

Dad RT a este tweet y comentad, pls.

4 comentarios:

  1. OMB!! casi lloro casi lloro, AVALANNA mierda!! nunca quise que muriera nuestro angelito hermoso, me encantaron los capis, están guapísimos, no te preocupes por la demora, creo que todas pasamos por eso asi que bue..., cuídate mucho.

    XOXO A$

    ResponderEliminar
  2. Te mato. Me encanta muchísimo, jo.
    Tío, he llorado con lo de Avalanna :(
    Voy a seguir leyendo, asdfghjkl.
    Cris.<3

    ResponderEliminar
  3. ¡AY! QUE ME DEJA COMENTARRRRR ASDFGHJKL. FELISIDAH :))))))))
    Cris.

    ResponderEliminar
  4. ¡Ayyyy la ultima parte e dejo...OMB! ¿Enserio? Me quede ASDFGHJKL :)

    ResponderEliminar

¿Por qué no me sacas una sonrisa con un comentario tuyo? Vamos, es gratis.