¿Cuántos somos ya?

11 de abril de 2013

Never let you go. {156}

Antes que nada, quiero pedir disculpas por tirarme cerca de un mes sin subir. ¿La razón? Castigos, exámenes, y poca inspiración. Ahora que he podido estos últimos días estar conectada, he hecho un par de capítulos para todas vosotras porque os lo merecéis. Siento si la novela está empezando a ser aburrida. Un beso y, disfrutad. Por cierto, este capítulo va dedicado a @elenabelieber12, que el dieciséis es su cumpleaños pero como dudo poder subir ese día, se lo dedico hoy. Para ti, preciosa. Ahora sí, leed tranquilas.



A la mañana siguiente, ___ despertó con un horrible dolor de cabeza, un horrible malestar y unas horribles ganas de mandarlo todo a la mierda. Inclusive a su vida, pensó, pero negó con la cabeza para despejarse de ese pensamiento y se levantó, tambaleándose en un principio, pero consiguiendo mantener el equilibro unos segundos después. Arrastró los pies hasta la nevera y sacó de él un poco de zumo de naranja, se lo sirvió en un vaso y bebió de él. Tenía la boca tan seca que el sabor se le hacía extraño. Se apoyó en la encimera y cerró los ojos, recordando todo lo sucedido anoche. Dolor. Sintió dolor en el centro de su pecho, como si una roca se estuviese hundiendo, aplastando su caja torácica, llegando a los pulmones, eclipsándole el aire. Pensaba que irse a vivir aquí, con él, con Justin, haría que su relación fuera mejor, más buena; más bonita. Pero sólo había empeorado. Chasqueo la lengua y dejó el vaso en el fregadero para volver al sofá. Cogió el móvil del suelo, lo encendió, ya que este se había apagado, y comprobó la hora. Las ocho. En una hora tendría que estar yendo hacia el estudio.

Justin, al contrario que ella, entraba a trabajar a las diez. Y seguía en la misma posición que anoche: no hablaría con ___. Para nada. El orgullo era tanto que le nublaba la vista, le taponaba los sentidos. Esto era raro en él. Temía por su relación, sí; pero no podía hacer nada cuando era ___ la que no ponía de su parte. Pero no la entendía, no entendía por qué bache pasaba la muchacha.

No sé qué mierda ponerme –susurró la castaña contemplando la ropa de su vestidor.

Deambuló entre percha y percha, estante y estante, hasta encontrar finalmente un conjunto bastante mono. Su vestuario había cambiado tanto los últimos meses. Los diecisiete le estaban sentando la mar de bien, sí. Una vez vestida {http://www.polyvore.com/cgi/set?id=74991944&.locale=es}, se arregló el pelo, aplicó algo de maquillaje a su rostro y ordenó el salón. Se llevó una grata sorpresa al ver la espalda desnuda de su novio, inclinada, para recoger la mantita que aquella noche, ella misma había utilizado. ___ cogió de la mesa su móvil, las llaves y algo más, sin mirar a Justin.

Hoy tengo una entrevista –le dijo Justin, cosa que a ___ le tomó por sorpresa.
Vale –asintió ella- Yo tengo trabajo por hacer. No vendré a comer.
Vale –la imitó él.
Pero supongo que estaré en casa a eso de las ocho.
Vale.
Pensé que querrías saberlo –se excusó ___ tras ver el desinterés de su novio.
Pensaba que esta relación te importaba –le dijo Justin.
Justin…
Voy a ducharme –la interrumpió, dándose la vuelta.

___ chasqueó la lengua con frustración. Cogió sus cosas y se marchó. Estaba cansada de esta mierda, cansada de todo. Más tarde, a la noche, hablaría con él. Cuando __ llegó al estudio, empezó a trabajar, como siempre. Reuniones. Más reuniones. Próximos proyectos. Justin. Justin. Y más Justin. Y Janet llamándole la atención.

Mamá –era Justin, llamando por teléfono a la mujer que le dio la vida.
¿Sí, hijo?
Necesito tu ayuda sobre ya sabes qué.

La noche anterior él había telefoneado a su madre sobre el problema con ___ y esta había decidido ayudarlo en todo lo que pudiese. Biebs había pensado en prepararle una cena a su chica. Y no es que él tuviera la culpa de todo; esperaba que ella le pidiera una disculpa, pero no podía seguir con las cosas así. Le daría una bonita sorpresa.

¿Qué pasa?
Voy a hacerle una cena romántica a ___ y me gustaría que vinieras a ayudarme a conseguir las cosas.
Pero aún falta mucho, ¿lo sabes?
Quiero ambientar la casa –se excusó él.
Está bien –aceptó Pattie- Voy para allí.

Horas más tarde, ___ estaba comiendo con su madre en casa, junto con Thomas, Chaz  y Julia. Ésta última irrumpió la conversación por una llamada que recibió al teléfono. Se marchó al jardín para tener más privacidad, y cuando volvió, estaba blanca como la leche. Totalmente pálida.

¿Qué ha pasado? –le preguntó Chaz, tocándole un hombro a su novia.
Melona, habla –le pidió ___ al ver que no pronunciaba palabra alguna.
Oh Dios mío –masculló la castaña de pelo largo, tapándose la boca- Esto es increíble.
Pero, ¿qué sucede? –preguntó ____ (tu madre).
—¿Recordáis las fotos que hice en Venecia, de hace unos meses? –la mesa entera asintió con la cabeza—Bien, pues el director de New York Times me las quiere comprar para publicarlas en un nuevo reportaje.
—¡Oh, eso es genial, cielo! –la felicitó Chaz, abrazándola.
—Enhorabuena –dijo ___ dándole un beso en la mejilla a su amiga.
—Gracias –sonrió Julia- Vamos, hay que celebrarlo.
—¿Llamamos a los chicos? –preguntó Chaz. Thomas y su prometida sonreían ante la emoción de los chicos.
—Antes terminad de comer. No he estado toda la mañana en la cocina para nada.
—Mamá, la paella es precocinada.
—¿Pero quién la ha calentado? Yo. Ahora, a comer. Quiero ver los platos limpios.

***

—¿Velas? –preguntó Pattie.
—Listas –aseguró Justin después de encender la última.
—¿Pétalos?
—Listos.
—¿Tú?

Justin suspiró. Eran casi las ocho, hora en la que saldría ___ de trabajar. Estaba nervioso, para que negarlo. Y sí, su madre se había mostrado amable en todo momento; lo había estado apoyando y calmándolo segundo tras segundo. Pero, estaba nervioso. Su relación dependía de esto. De poder hablar esta misma noche con la mujer que le robó un suspiro el primer momento que la vio.

—Listo, también.

Pattie sonrió.

—En ese caso, yo no tengo nada más que hacer aquí –se acercó al perchero de la derecha y cogió su bolso y su pañuelo- Suerte, hijo. No la necesitarás, porque en estos casos eres todo un caballero y con eso lo arreglarás todo, pero, igualmente: suerte.

Se abrazaron. Pattie cruzó la puerta y cuando ésta se cerró, haciendo vibrar levemente las paredes de la casa, Justin se dejó caer en el sofá. Observó la mesa delante de él. Habían dos platos vacíos, una copa a cada lado, un tenedor y un cuchillo. Una botellita de vino ocupaba el centro de la mesa. Velas por toda la casa, por lo que no se necesitaba luz artificial. Y pétalos. Pétalos desde la entrada hasta la habitación, concretamente hasta la cama de matrimonio. Justin suspiró. Esperaba que cuando ___ viera todo esto, se disculpara con él. Y así, él con ella. Que lo arreglaran todo mutuamente. Que todo volviera a ser como antes.

20 minutos.

Y Justin seguía sentado en el sofá, en la misma posición. Mirando la llama de la misma vela moverse, todo el rato. Así, sin parar.

40 minutos.

Y su novia no venía.

120 minutos.

Miró el reloj por novena vez en menos de trescientos segundos. ¿Dónde estará? Se preguntaba cada vez que las agujas se movían, pero siempre con la mayor lentitud del mundo. Empezaba a preocuparse. La había llamado, claro. Pero no contestaba a sus llamadas. ¿Y si se ha dejado el móvil en el estudio? ¿Y si le han robado? ¿Y si le ha pasado… algo? Miedo. Miedo era lo que pasaba por la sangre de Justin, a tal presión, con tanta velocidad, que le obstruía las venas. Le cortaba la respiración. Le dejaba un vacío en medio del pecho. ¿Qué le habrá pasado? A ella, a su pequeña. A su…

La puerta se abrió lentamente, como en las películas; como cuando la chica sabe que hay un monstruo, vampiro o asesino al otro lado de la habitación, pero que sin embargo, la muy tontucia abre la puerta. Justin se levantó con el pulso a cien. Y se relajó finalmente al ver el diminuto cuerpo de __.

—Vaya, qué bonito todo –dijo soltando una tonta risita.
—Joder, ___ -suspiró Justin- Me tenías preocupado. ¿Dónde has estado?
—Por ahí –caminó, pero no mantenía el equilibrio. Dejó el bolso en una esquina del sofá y se sentó en él. Más bien, se dejó caer—¿Y todo esto? ¿Para quién es?
—¿Que para quién es? –eso fue la gota que colmó el vaso- Se supone que esto iba a ser para ti. Lo había organizado todo para que hablaramos mientras cenábamos juntos. Para que solucionáramos lo nuestro. Pero veo que ha sido un error; no te lo mereces. Me llegas como una hora y media, casi dos, más tarde y encima borracha. He perdido la paciencia, ___.
—Pero Justin, yo no sabía que…
—¡Es que tú nunca sabes nada! –chilló él, asustando a la chica de ojos apagados y alma destrozada.
—Lo-lo siento.
—El daño ya está hecho –comentó él, en un susurro.
—Justin por favor -___ estaba de pie, mirándolo todo- Podemos… podemos cenar ahora si te apetece. Arreglarlo. Estoy bien.
—¡Pero si vas que ni te sostienes! –y Justin tenía razón, sí.
—Mañana…
—Mañana no. Vuelo a Seattle a hacer una entrevista.
—Puedo ir contigo, si quieres.
—No.
—Justin por favor –suplicó acercándosele, queriéndolo tocar. Pero él apartó la mano de su camino- Justin…
—Vete a la cama, ___. Yo recogeré esto.
—Pero…
—Yo dormiré en la habitación de invitados. Tú vete a la grande –al menos estaba siendo amable en ese sentido.
—No, deja -___ se apresuró a ordenarlo todo antes de que Justin hiciera algo.
—Vete a la cama, ahora –vio cómo su mandíbula se tensaba, los puños se cerraban a sus dos lados y la furia se reflejaba en sus mieles ojos- Ya. 

___ suspiró pesadamente, con lágrimas cayendo de sus ojos. Cogió sus cosas, pasó por al lado de Justin y lo miró. Ambos se miraron, pero no se escuchó nada. Ni un triste adiós, ni una lenta respiración. Nada. Parecían extraños. Extraños, como la misma situación.

—Sólo por si querías saberlo –se paró ___ a mitad de camino, viendo como aquél hombre, al que tanto amaba, recogía lo que en teoría iba a ser una cena de reconciliación- A Julia le han pagado por unas fotos que hizo en Venecia. El New York Times, concretamente. Esta tarde la han llamado y le han pedido que trabaje para ellos. Pero antes tiene que hacer un pequeño curso en Canadá por dos meses y medio. Se va pasado mañana.

A Justin se le cayó el alma a los pies. Se giró, queriendo ver a ___. Ésta estaba de pie, sujetando los tacones con una mano y el bolso con la otra. Todo el rímel corrido, los ojos rojos e hinchados. Sorbió por la nariz y luego utilizó el dorso de su mano derecha para limpiarse. Justin quiso hablar, pero las palabras no salieron.

—Bueno, sólo era eso.

Se fue, finalmente. Y se encerró en la habitación donde tantas noches había dormido con Justin. Se dejó caer apoyada en la puerta, ahogándose en su propio llanto. Escondió la cara entre las rodillas, abrazándose con fuerza, como si eso fuera a reprimir el dolor. No podía pasarle esto, no a ella. Su mejor amiga se va y no la verá hasta dentro de dos meses y medio, su abuelo muriéndose y su novio –que ya no sabía si iba a seguir siéndolo por mucho tiempo- estaba enfadadísimo con ella. Ahora más que nunca, era el único apoyo que necesitaba, el de él. Pero se había dado cuenta que ni eso tenía. No tenía nada. Sólo un dolor en los huesos, en el alma. En todo. Y no había remedio, curación, medicamento o antídoto para esto. Estaba sola.

***

Se durmió. Él en una habitación. Ella en otra. Separados. Sólo por un muro, pero ambos sentían que entre ellos había kilómetros, y paredes con mil capas de hormigón. Como un océano en medio. Alguien con una espada que pensaba matarlos si alguno pretendía cruzar el pasillo. No podían encontrarse. No podían hablarse. Y había una razón: orgullo. Y noche tras noche, ese orgullo, iba siendo más dañino. Un cáncer, un ácido que quemaba la piel. Los días pasaban, pero eran los mismos. Julia se había ido y le había prometido a su amiga que la llamaría todos los días y que las cosas con Justin se solucionarían pronto, pero ___ no le creía nada. Ésta última había empezado un par de canciones en el estudio, pero no era lo mismo que meses atrás. Estaba… muerta. Todo el mundo lo decía. Sus fans, su equipo, su familia, sus amigos. Todos menos su novio, que parecía no existir.

Una noche, mientras él dormía, ___ recibió una llamada. Una llamada que lo cambiaría todo a partir de ahí. Una llamada de su abuela.

—¿Abuela?
—Cielo, soy yo.
—Ya, ya sé que eres tú. ¿Qué pasa? –preguntó la chica, asustada.
—Es tu abuelo.

Y aquello fue como mil agujas clavándose en la planta del pie, en el cuello, en el pecho, en la espalda. En todos lados.

—¿Qué le ha pasado? –el pánico le inundó.
—No te preocupes, no es malo.
—Oh Dios mío –suspiró aliviada- Entonces, ¿está bien?
—Está mucho mejor, cariño. Ya puede levantarse de la cama. Hoy ha salido con tus primos a dar una vuelta. Lo único que hace es preguntar por ti.

___ soltó unas carcajadas. Se puso las zapatillas y fue hacia el salón. Sabía que Justin no dormía ahí, él lo hacía en la habitación de invitados. Fue hacia la cocina mientras escuchaba a su abuela relatar todo lo que su abuelo había hecho ese día. Y sonreía inconscientemente. Sonreía como no había hecho en semanas. Bebió un vaso de zumo y se sentó en el sofá mientras lloraba de lo contenta que estaba por su abuelo.

—Oh, lo siento hija, ahí debe de ser tarde.
—No te preocupes abuela, tampoco podía dormir.
—¿Problemas con el novio, aún?
—Sí –contestó suspirando.

Y ___ no se había dado cuenta, pero Justin se había levantado y estaba de pie, escuchando la conversación, con el ceño fruncido y observando a la chica de cabellos enmarañados  y ojos llorosos.

—Verás que lo solucionaréis pronto.
—No lo sé abuela. Pero he pensado en irme otra vez a vivir con mamá. He decepcionado mucho a Justin y encima estoy aquí usando su casa como si nada. No me parece bien.
—Pero tú también pagas los gastos, es también básicamente tuya.
—No abuela, dejaré a Justin tranquilo. Alomejor nos hemos precipitado un poco, quizá ha sido demasiado pronto que me mudara con él.
—Sois jóvenes.
—Por eso –suspiró la chica, cerrando los ojos del cansancio- Alomejor lo nuestro se ha acabado.
—¿Por qué dices eso?
—Ya sabes, llevamos mucho tiempo juntos. Alomejor la chipa se ha acabado. Quizá lo mejor será que…
—¿Os deis un tiempo? –preguntó la mujer. ___ sollozó- Ay, cielo. Yo no creo que por tu parte se haya acabado el amor. Alomejor a él sí, pero…
—Él piensa que ya no lo amo.

A Justin se le encogió el corazón. No, ¿ella pensaba eso de él? Se puso rígido detrás de la pared.

—Estas últimas semanas no hemos estado para nada juntos por culpa mía, sí. Pero no porque no quiera pasar tiempo con él, sino por el trabajo, la boda, lo del abuelo…
—Se arreglará, cielo. Te lo juro. Rezaré para que se arregle todo porque no merecéis estar separadas. Sois una mitad, y juntos hacéis uno sólo. Os amáis, yo lo sé. Y no será esto un adiós definitivo.
—Gracias, abuela –sonrió su nieta, aún sabiendo que no la podía ver- Oye, tengo que dejarte. Es tarde y yo madrugo.
—Claro. Dale besos a los chicos y a tu madre de mi parte. Ya dentro de un par de meses estaremos ahí con vosotros.
—Estoy deseando veros.
—Y nosotros a ti –dijo la mujer mayor- Buenas noches, mi niña.
—Adiós.

Colgó el teléfono y se levantó del sofá, suspirando. Suspiraba mucho últimamente. Y es que, un suspiro es un aire que te sobra por alguien que te falta. Y le faltaba muchísima gente. Y Justin estaba entre ese ‘muchísima gente’. Cuando salió del salón para irse de nuevo a la cama, se topó con el chico escondido, ojos brillantes y rostro dormido.

—Justin…
—¿Te vas? –ella frunció el ceño.
—¿Has estado escuchando?
—¿Te vas de casa? ¿Con tu madre?

Se quedó callada, mirando al hombre de sus sueños, al único que le abrazaba y lograba calmarla. Pero ahora, lo tenía delante, y sentía miedo al querer tocarlo. Sentía que se desvanecería con sólo ponerle un dedo encima, como si fuera humo. Una ilusión.

—Quizá las cosas se arreglen…
—O no –masculló Justin- ___, yo sigo amándote.
—Y yo a ti.

Ella suspiró de nuevo, como muchas veces hacía, a lo largo del día, de la semana. Siempre, siempre. Un sin parar de suspiros de entre sus labios.

—¿Y qué nos está pasando? –preguntó entonces, algo asustada.
—Quizá, estamos destinados a amarnos pero no a estar juntos.

Se calló. Esa era la respuesta que jamás esperaría oír, y menos viniendo de él. Se quedó congelada ahí, en su sitio. Dos baldosas los separaban y a ella le parecía que hubiera un muro en medio.

—Mañana quizá esté ya con mi madre.
—Bien. Buenas noches.
—Claro.

“No creo que sean muy buenas noches, Justin”, deseó decirle ___. “No después de esto”.

Se marcharon, cada uno a su habitación. Él arrepentido de haber dicho aquello. Ella deseando que la noche se congelara para siempre para no tener que abandonar aquella habitación, aquella casa. No quería irse, pero si ya no podía estar con Justin, tendría que hacer ese sacrificio. Al menos, por él. Porque sí, le había dicho que la amaba, pero… ya no podían estar juntos. Y las lágrimas, salieron otra vez de sus ojos. Y se quedó despierta. Despierta pero dormida. No sé si me entendéis, pero, era algo como que tenía los ojos abiertos, pero su mente… no estaba. No había mente, no había nada. Estaba totalmente vacía.
Se levantó un par de horas más tarde. Se duchó y vistió. Tenía unas ojeras horribles, y ni con maquillaje se disimulaban, pero, ¿qué más le daba? A la mierda la apariencia, a la mierda cómo la pillaran las cámaras. A la mierda su mundo, ya no le quedaba nada. Cogió una manzana y la peló. Mientras movía el cuchillo alrededor de la fruta, pudo ver la delgadez de sus dedos. Había perdido peso, muchísimo. Y eso le estaba preocupando. Cuando terminó de desayunar, volvió a lavarse los dientes para finalmente irse. Pero la puerta conjunta a la suya le llamó la atención. La habitación donde dormía Justin. La abrió sin hacer ruido. Y agradeció que no llevaba tacones, no lo despertaría. Se sentó a su lado, él dormía. No podía verla. No se inmutaba. Y ella suspiró ante tanta belleza. Incluso dormido le parecía precioso, era un ángel caído del cielo.

—No me creo eso de que no estemos destinados a estar juntos –le susurró, acariciándole la cara. Tocando su flequillo levemente. Se quedó un momento así, contemplándolo. Hasta que se dio cuenta que tenía que irse- Te amo, Justin.

Se levantó y abandonó la habitación, al igual que la casa, en general. Más tarde volvería a por sus cosas y finalmente decirle adiós a Justin. Tal vez, un adiós definitivo. Justin abrió un ojo cuando oyó la puerta grande cerrarse. Había estado despierto desde que escuchó a ___ entrar. Se enderezó, quedando sentado en la cama. Contempló el polvo que bailaba y podía ver gracias a los rayos de sol que entraban de las rendijas de la persiana. Se levantó, duchó y vistió para irse al estudio. Tenía un álbum que acabar.

—Believe está casi terminado, tío –le dijo Usher- Estoy deseando ver la reacción de las fans.
—Mis beliebers sabrán apreciar bien el trabajo. Les encantará –estaba seguro Justin.
—Son las doce. Puedes ir a tomar un café al Starbucks de al lado, si quieres.
—Sí, me hace falta pensar.
—¿Quieres que vaya? –le preguntó Moshe, su guarda espaldas. No, ya no estaba Kenny.
—Qué va, tranquilo.

Salió del estudio y solo se dirigió hacia la cafetería más cercana a tomar un café y algo de comer. Se sentó en una mesa apartada, donde lo único que recibía eran miradas. Nadie se le acercaba. Supuso que pensarían que era mejor dejarlo en paz. Al final del local, la puerta se abrió, haciendo entrar el sonido de unas dulces carcajadas. Justin alzó la vista y se topó con ___, y ésta con el teléfono en la oreja, también lo miró. Colgó y pidió un café. Se lo dieron y caminó con él entre las manos hacia la mesa de Justin. Se sentó delante de él y sonrió.

—Hola –dijo ella.
—Hola –la saludó él. Y silencio- Esta mañana estabas en mi habitación.
—Sí –susurró ___ mirando sus manos- Pensaba que dormías.
 —Desperté cuando entraste –le respondió- Y… yo tampoco creo que no estemos destinados a estar juntos, sólo es que, tenemos que luchar.
—Lo sé –susurró ella, sin mirarle a la cara. Sentía miedo.
—___, mírame.

Ella alzó la vista muy lentamente hasta toparse con unos mieles ojos.

—Yo no me voy a rendir.
—Yo tampoco.
—¿Entonces?
—¿Entonces qué?
—¿Entonces te irás con tu madre, o seguirás conmigo?

Silencio. Un suspiro por parte de la castaña. Pulso a cien, manos temblorosas. Un hilo de voz como respuesta. Y repitió, carraspeó la garganta.

—¿Tú quieres?
—Sí.
—Entonces me quedo.

Y él le sonrió. Alargó su mano y la dejó en medio de la mesa, esperando a que su chica la cara. Ella dejó el vaso de café y colocó su mano encima de la de su novio. El tacto era suave. Le gustaba. A ambos les gustaba esto. Alzaron la vista y se toparon con los ojos del otro, brillosos.

—Esto es genial –musitó Justin.
—Tú lo eres.

Y sonríen, olvidándose de todo.

—Empezamos de cero, entonces –dijo él.
—De cero.
—¿Me prometes que a partir de ahora haremos todo lo posible para estar juntos? –le preguntó Justin.
—Te lo prometo –asintió ___.
—Y yo te lo prometo a ti.
—¿Has terminado? –preguntó la castaña refiriéndose a su bebida. Justin miró el vaso medio vacío. Le dio un gran sorbo y se levantó, tendiéndole la mano a ___- Veo que sí.
—Sí, ¿vienes al estudio?
—¿Quieres que vaya?
—No querría si no te lo estuviese preguntando –le dijo sonriendo de lado, como siempre hacia. Como siempre a ella le encantaba que hiciera.
—Pues sí, voy.

***

Por la noche, esperaban silencio. Pero no fue así. El cielo se volvió negro, las nubes espesas y las calles mojadas. Llovía. Tronaba. Relámpagos por ahí, relámpagos por allá. Y eso no le ayudaba mucho a ___. Estar en el sofá con Justin viendo una película de miedo le gustaba. Y más que él la abrazara. Pero no que éste estuviera dormido. Aunque los ronquidos de Justin resonaran a su lado, se sentía sola y desprotegida. En cualquier momento pensaba que el asesino de la película cruzaría la pantalla y la atacaría a ella.

—Justin, despierta –le zarandeó finalmente.

Él, en cambio, ni caso.

—Justin, venga.

Nada. Cero. Roncaba y dormía. Tenía el sueño realmente profundo.

—¡Justin! –le dio con el cojín en el hombro. Él abrió los ojos de golpe, enderezándose en el sofá- Despierta, te has quedado dormido.
—Ya sé que me he quedado dormido.
—Pues no te duermas.
—¿Por qué no? –preguntó, y bostezó.
—Porque si te duermes me siento sola, y si me siento sola, tengo más miedo.
—Una explicación de lo más lógica –se burló él.
—Está tronando.
—Poseidón, el Dios de los mares, está enfadado.
—Eres idiota –dijo riendo ___.
—Lo sé –cogió un par de palomitas del regazo de su novia y se las metió en la boca del tirón- ¿Qué me he perdido?
—El asesino es el padre. Está to’ grillao’.
—Ajá.
—Y ahora está por la casa de estranjis y supongo que matará a la familia –le explicó.
—¿Qué hora es?
—Ni idea. Pero no tiene que ser ni media noche.
—¿Cómo lo sabes? –le preguntó.
—No lo sé, sólo lo he supuesto.

Justin se inclinó hacia la mesa, cogió el móvil de su novia, lo encendió y miró la hora que marcaba la pantalla.

—Las once y media.
—¿Ves?
—No, no veo.
—Pues ponte gafas –le siguió la corriente ___.
—Pues ya no comes palomitas.
—Pues duermes en el sofá –le amenazó.
—¿Quieres que duerma en el sofá? ¿En serio?
—Estás castigado.
—Oh, muy bien –Justin se cruzó de brazos y la miró- Lo de dormir en el sofá sigue en pie, ¿no?
—Ajá –contestó ella para después beber un poco de Coca-Cola.
—Muy bien.
—Increíble.
—Guay.
—Perfecto.
—Chachichómboli.
—Parecemos idiotas –dijo él, finalmente echándose a reír, y contagiándole las carcajadas a ___.
—Lo sé.
—¿Dormiré en el sofá? –insistió.
—Que sí.
—Pues…
—Calla, no me entero.
—Pero si después te cagas.
—¡No es verdad! –chilló dándole un golpe con el cojín.
—Qué agresiva eres.
—Pero soy muy mona –ella pestañeó rápidamente.
—Sí, monísima –Justin besó su nariz y se tumbó en su regazo- ¿Apagamos la tele?
—Tú duermes aquí, recuérdalo.
—Ogh, sí. Avísame cuando haya acabado.
—Está bien.

___ continuó viendo la película con su novio echado en sus piernas. De vez en cuando le acariciaba el pelo, la mejilla. Besaba su frente, jugaba con las costuras de su camiseta, le daba de comer…, como en los viejos tiempos. Como si no hubiese pasado nada entre ambos semanas atrás. Y qué bien se sentía ahora. Justin cerró los ojos, disfrutando de las caricias de su novia. Sabía que no dormiría en el sofá. Llevaba días sin dormir con ella, y hoy aprovecharía. Bueno, alomejor no dormían, quién sabe. Cuando ___ lo movió, supo que la película había llegado a su fin.

—Levanta, me has dejado la pierna dormida –le decía ___.
—Qué bien se está aquí –comentó abrazándose a su cintura.
—Va, me quiero duchar.
—Dúchate.
—¡Pero si no me dejas! –exclamó riendo, intentando separar a Justin- Va, cielo.
—Oh, hacía tiempo que no me llamabas cielo.
—Y tú no eras tan pesado.

Finalmente se levantó, le tendió la mano y cuando la hizo ponerse de pie, la acercó tanto a él que sus labios se encontraron de golpe. Fue como un ¡plas! Pero fue algo corto. Corto para su gusto. Pero, bah, ya vendrían más, después.

—Iré a ducharme.
—No tardes.
—Alomejor me viene el asesino y me mata.
—Sí, sí. Tú haz bromitas de éstas pero después estás cagadita de miedo.
—Lo que tú digas –chilló ya desde la habitación de matrimonio.

Se metió en el baño y se duchó. Estuvo ahí como quince minutos. Era más que nada para refrescarse un poco. Justin y sus abrazos la hacen entrar en calor fácilmente. Cuando salió, se envolvió una toalla alrededor del cuerpo. Salió del lavabo para buscar la ropa interior y la camiseta grande que Justin le había regalado años atrás, pero de pronto, la luz se fue.

—Lo que me faltaba –dijo para sí misma.

Palpó con las manos las paredes, orientándose. Finalmente, una vez que estuvo sentada en la cama, se desprendió de la toalla, dejándola al suelo.

—Sé que estás aquí, Justin –gritó ___, poniéndose las bragas negras.

No hubo respuesta. Se puso la camiseta y se agachó para coger la toalla mojada. La dejó en una esquina, ya la recogería después. Ahora no veía nada.

—Justin, no veo nada. ¿Dónde estás?

Fue hasta el salón, equivocándose un par de veces, chocándose con las paredes o puertas cerradas. Finalmente, se topó con el sofá. Y una figura ahí. Y… trueno. ___ se sobresaltó.

—Justin, va, ven a la cama.
—Yo duermo aquí.
—No seas niño, te lo estaba diciendo en broma. Ven a la cama.
—Pues yo pensaba que ibas en serio –siguió con el juego él- Ya no me levanto, me quedo aquí. Duerme tú sola. Total, has estado haciéndolo estos días.
—Sí, pero esto es diferente. Hoy…
—Hoy, ¿qué?
—Tengo miedo.
—Bueno, puedes pedirle al asesino que venga esta noche a matarte, que te haga un poco de compañía antes de hacerte cualquier cosa.
—¡Justin! –chilló con miedo cuando escuchó como una ventana se abría por culpa del viento. Se lanzó al sofá, aplastándolo- Va, venga. Ven a la cama conmigo. Por favor, tengo miedo. Está todo muy oscuro y no veo nada.
—Mhm… no sé. No me convences.
—Oh, por el amor de Dios. ¡Te necesito! –chilló exasperada, cogiéndolo por el cuello de la camisa y acercándolo a ella.
—Bueno, si me lo pides así… iré.

___ seguía sentada encima de él a horcajadas, así que Justin solo la sostuvo mientras se ponía de pie y caminó con ella en brazos hacia la habitación. Se aferró a su cuello y olió su colonia, su esencia. Sudor, limón y Justin; Justin Bieber.

—¿Sigues teniendo miedo? –le preguntó Justin cuando llegaron a la habitación.
—Ajá.

La dejó en la cama gateando al mismo tiempo hasta la cabecera, para dejarla a la altura de la almohada. Cuando por fin estuvo recostada, él lo hizo encima suyo. La luz de la luna entraba levemente por la ventana y apenas los iluminaba, pero era bastante como para encontrar los ojos de ambos y perderse en ellos.

—Lo siento si te he hecho daño este tiempo –susurró la chica, acariciándole el pelo de la nuca a su novio.
—Ya está todo olvidado. Te lo dije, empezamos de cero –musitó él en el mismo tono.
—Es sólo que… sé que no pasaba tiempo contigo, que te ignoraba. Prácticamente me olvidaba de ti. Lo siento, pasaba una semana de mierda.
—Lo sé. Y yo también siento no haberte comprendido –explicó, cogiendo un mechón mojado de su frente, y retirándolo hacia atrás.
—Mi abuelo ya está mejor.
—Lo sé, te escuché hablar por teléfono –dijo sonriendo- Diego es un hombre fuerte, lo superará.
—Tengo miedo por él.
—No le pasará nada. Y si no aguanta, se habrá ganado el cielo –dijo, rozando sus labios con los de ella, calmándola.
—Estoy segura de eso. Es un ángel.
—Me encantó su reacción hacia mí cuando lo conocí por primera vez.
—Sí –ella se echó a reír, recordando sus ojos azules clavados en los mieles de Justin- Te dijo que los pantalones eran muy raros.
—Y me hizo subírmelos.
—Toda mi familia te decía que subieras tus pantalones –dijo ___, sonriéndole- Los llevas demasiado bajos, a veces.
—Me gusta así, es swaggy.
—Eres swaggy con pantalones hasta las rodillas e incluso hasta las axilas.
—Mhm, eso último creo que no.
—Para mí sí –y por fin, besó su boca- Eres perfecto.
—Nadie es perfecto, ___.
—A su manera, todo el mundo puede serlo –le explicó la chica, besándolo.
—Avalanna quiere verte.
—Mis labios también.
—Y los míos.
—Pues haz que se encuentren ya, maldita sea.
—Voy, voy, señorita impaciente.

Soltó unas carcajadas y besó su boca tan lentamente, que casi parecía que no la moviera. Acarició su cuerpo con tanta delicadeza, que casi parecía que pasaba una pluma por su piel. La trató tan bien, que se puso a llorar porque a veces pensaba que no se merecía algo así. Y él, sin embargo, limpiaba sus lágrimas con besos y seguía abrazándola. Respirando sobre su boca, juntando sus frentes, compartiendo el sudor y los jadeos. Y los “te quiero” inundaban la habitación, igual que la lluvia inundaba las calles. Y sus dedos se entrelazaban, prometiéndose al mismo tiempo lo imposible entre susurros.

___________

Vale, lo siento muchísimo. Ya me he disculpado al inicio de la entrada pero lo vuelvo a hacer ahora. Muchas me habéis mandado mil mensajes por Twitter, aquí mismo en los comentarios e incluso por Ask, preguntándome si dejaría la novela. La respuesta: no. Puedo tirarme una eternidad sin publicaros, pero me he comprometido y la acabaré aunque sea de la manera más cutre y poco originalidad. Esta historia la termino sí o sí y no la dejaré a medias. Me alegra mucho de que me hayáis sido fieles aún habiendo estado desconectada un tiempo. Es un gran honor teneros como lectoras y escribir para vosotras. No os aburro más. Un beso enorme y gracias por todo. 

Dale RT a este tweet y sigue leyendo, que hay más. 

4 comentarios:

  1. ¡Me encanto! Oh,si que me encanto fue tan shgdahsdgjsdgjsdhjdhsshjsd es adictiva la novela,joer que si lo es. Gracias por subir.

    ResponderEliminar
  2. ME ENCANTO, que bien que subiste sahkdalskjl, ets la millor - @ShesTHABocaGirl

    ResponderEliminar
  3. DIOS MIO, MINA, AMEEEEE TODO EL CAPITULOOOOO (?) Aish, me encanto, no me cansare de decirlo, no importa si no pudes subir, te comprendemos, bueno por mi pare si lo hago <333. Me tengo que ir, siguela, un beso<333 chau.

    ResponderEliminar

¿Por qué no me sacas una sonrisa con un comentario tuyo? Vamos, es gratis.