¿Cuántos somos ya?

21 de julio de 2012

Never let you go. {96}



- Oye, ¿puedes ir a mi habitación y traerme el móvil? –le pregunté a Julia sonriendo.
- ¿Para qué?
- Para llamar a Justin y preguntarle cuánto le queda en el estudio.
- Hija, pero déjalo tranquilo, no lo agobies –se dejó caer en la cama de sopetón- Ya vendrá, está en el trabajo.
- Ya hace más de dos horas que se ha ido –comenté exasperada.
- Está con Usher y con no sé quién más en una reunión, no creo que le pase nada malo.

Suspiré y miré a mi amigo y seguidamente a Julia.

Sí, supongo –me encogí de hombros- Es sólo que llevo tanto tiempo estando con él sin separarme de su sombra, que ahora se me hace raro.

Se incorporó en la cama y acarició una de mis rodillas.

- ___ , no siempre podréis estar juntos –me comentó con voz dulce- Él tiene su trabajo, tú tendrás el tuyo, y eso por desgracia os obligará a separaros.
- No tiene por qué.
- En el tema de las giras…
- Pues yo me voy con él a las suyas, y él se viene conmigo a las mías.
- ¿Y si él tiene que trabajar durante ese período de tiempo?
- Julia tiene razón –intervino Chaz- Aparte, no digo que vosotros lo estéis, pero hay parejas que se cansan de estar siempre juntos.

Simplemente no me podía creer que estuvieran diciendo eso. ¿Cansarme de Justin? Jamás. Si por cada segundo que paso junto a él, me dan ganas de estar dos más. Su compañía es adictiva, y no solamente lo digo por el lado de ser pareja, sino por el lado de que aún seguimos siendo mejores amigos y nos divertimos mucho. Sinceramente, creo que nunca podría cansarme de él o querer estar separada de su lado.

- Yo no me canso de estar junto a él, y creo que él no lo está de mí –opiné jugando con las puntas de mi cabello.
- ¿Sabes? Las mejores parejas no siempre son las que más tiempo están juntas –dijo Julia.
- Bueno, esa es tu opinión, la mía es que si de verdad quieres a una persona, no te importa estar un día entero con ella. No te cansas de esa persona aunque hayas estado pegada a él todo el rato.

Ellos se encogieron de hombros. Pronto iniciaríamos una discusión sino la zanjábamos ya. Ninguno de los tres abrió la boca, nos quedamos callados incómodamente durante cinco largos minutos. Chaz sacó su IPhone y empezó a mirar algunas cosas. Me levanté de la cama para ir a buscar el móvil y así tener algo de distracción, pero al parecer Julia interpretó mal mi intento de irme.

- ¿Te has enfadado? –preguntó con cierto aire de preocupación.
- No –le sonreí- Sólo voy a buscar el móvil.
- Los chicos dicen que si queremos ir un rato a la playa –habló Chaz después de despegar la vista de la pantalla de su móvil.
- ¿Y quién nos lleva? –pregunté. La playa caía algo lejos.
- Sus padres –informó.
- Bueno, si me deja mi madre vamos –me encogí e hombros.
- Vamos a decírselo –Julia se puso de pie y cogió la mano de Chaz.

Los tres bajamos las escaleras hacia donde se encontraba mi madre leyendo un libro. Nos sentamos a su lado y despegó la mirada de las páginas para mirarnos a nosotros. Se quitó las gafas y las puso encima de la mesa que había delante de nosotros.

- ¿Ocurre algo? –preguntó frunciendo el ceño al vernos a los tres ahí.
- No, sólo veníamos a pedirte algo –hablé yo. Hizo un gesto con la cabeza para que le dijera qué era lo que queríamos- ¿Nos dejas ir a la playa con los chicos?
- La playa queda bastante lejos, ¿queréis que os lleve yo? –vale, eso era un sí.
- Nos llevan Sandy y Will –le informó mi amiga esta vez.
- De acuerdo, ¿hasta qué hora estaréis?
- No lo sé –nos encogimos los tres de hombros.
- Bueno, pues voy a mi casa a buscar el bañador –habló Chaz- En diez minutos vengo.
- Vale –dijimos Julia y yo a la vez.

Le dio a ella un beso en los labios y a mí me revolvió el pelo simpáticamente. Las dos subimos las escaleras corriendo y fuimos a ponernos el bikini. Me asomé al balcón para ver si veía a Justin aparecer por la ventana, pero nada. No había nadie en su habitación. Volví de nuevo al interior y me puse esto http://www.polyvore.com/cgi/set?id=53190819&.locale=es. Cogí una mochila y metí la toalla, el móvil, las llaves y algo de dinero. Julia y Chaz ya estaban en el sofá esperándome.

- ¿Esa camiseta no es mía? –me preguntó cuando me vio bajando las escaleras.

Me encogí de hombros y sonreí como una niña pequeña e inocente. Ella negó con la cabeza mientras reía y me senté entre ellos, pasando un brazo por sus hombros. Rodaron los ojos y mi madre, que estaba en el otro sofá, rió.

- ¿Nos vamos? –pregunté.
- Tienen que pasar los chicos a por nosotros –dijo Julia apartando mi brazo de su cuerpo.
- Pues sí que tardan –me quejé.
- No más que tú –me miró mi amiga- Vamos a la playa, no a la Cibeles.
- No me he arreglado, exagerada.
- Seguro que has tardado más en buscar la ropa que en ponértela –tenía razón.
- Bueno, pero ya estoy aquí, ¿no? –los tres reímos y mi madre me miró.
- ¿Y esa gorra?
- Me la ha dejado Justin –sonreí.
- ¿Llevas algo tuyo hoy o qué? –bromeó Chaz.
- El bañador –me encogí de hombros- Ah y los pantalones.
- Y las chanclas –me las miré- Ah no, también son mías.
- Qué va –le contradije a mi amiga-, éstas son mías.
- Uh, vale –se hizo la ofendida.
- Que es broma, tonti, no te enfades.
- No estoy enfadada –comentó riendo.

El timbre sonó y me levanté del sofá mientras gritaba un ‘ya voy’, para que dejaran de llamar a la maldita puerta. Seguro que era Christian el que llamaba, Caitlin con dos veces se conforma. Abrí la puerta y le pillé apretando al timbre de nuevo. Le miré mal y él sonrió inocentemente.

- Hola –dijo con voz de niño pequeño.
- ¿Pasáis o nos vamos ya? –pregunté.
- Nos vamos ya, mis padres están esperando –contestó Caitlin.
- ¡Chaz y Julia, nos vamos! –les grité. Me acerqué a mi madre y le di un beso en la mejilla- Adiós mamá.
- Intentad no venir tarde –me avisó antes de que cerrara la puerta. Asentí con la cabeza y salí de ahí.

Nos subimos al coche y saludamos a los padres de los hermanos Beadles. Me sabía mal por Justin, porque mientras él estaba trabajando, yo me iba a la playa. Pero no me puedo quedar en casa aburrida esperando a que venga, necesito salir con los chicos y divertirme. A parte, si me dedico a cantar públicamente, seguro que me pasará lo mismo que a él. Pero valdrá la pena, estaré cumpliendo mi sueño y ya nada importará más que hacer felices a aquellos que disfruten con mi música. Llegamos a la calurosa playa. Estábamos a comienzos de septiembre, así que hasta finales no empezaría a hacer frío de verdad. 
Hoy era de esos pocos días en los que perfectamente te podías pasear semidesnudo por casa. Era bochornoso. Will y Sandy pasarían a recogernos a las ocho menos cuarto, ellos estarían comprando unas cosas. Buscamos un sitio y me quité la ropa. La primera en decir algo sobre mi bañador fue Julia.

- ¡Qué sensualona estás hoy!
- Calla, idiota –le pedí riendo.
- Sí, que se pone roja –dijo Christian poniendo voz de pija.
- ¿Te pego? –bromeé mientras me hacia una coleta alta.
- Me he enamorado de tu bañador, ___ –comentó Caitlin en estado de adoración.
- Pues cuando quieras te lo dejo –le sonreí simpáticamente.

Ella me devolvió la sonrisa y extendimos todos las toallas que llevábamos. Las chicas fuimos directamente a tomar un poco el sol. 
Apenas había ido a la playa este verano, así que estaba algo blanca. Necesitaba coger color. Como Julia –por suerte- se había llevado bronceador, le pedí un poco y me lo extendí por todo el cuerpo. Chaz y Chris, al ver el panorama que teníamos montado decidieron ir a caminar por la orilla, decían que iban a aburrirse demasiado. No les hicimos caso y seguimos a lo nuestro.

- Cait, ¿cuándo te sacarás el carnet de conducir? –le preguntó Julia.
- No lo sé –se encogió de hombros.
- ¿Te vas a sacar el carnet de conducir? –cuestioné incorporándome en la toalla para mirarle mejor, ya que el sol me cegaba por completo.
- Sí, lo estuvimos hablando hace poco cuando Justin y tú estuvisteis en el estudio –explicó sonriendo.
- Con razón me parecía raro que hablarais de eso –soltaron unas carcajadas y Caitlin empezó a hablar.
- Quería sacármelo antes de que empezaran las clases, pero no creo que me de tiempo.
- La teoría seguro que te da tiempo –le expliqué- Empieza mañana, y así te la sacas antes de que empiecen los exámenes escolares. Y bueno, ya después vendrán las prácticas, pero eso ya lo tendrías que hacer en época de colegio.
- Pues no es mala idea –me apoyó Julia- Podrías hacer lo que te dice ___.
- Se lo diré hoy a mi padre y a ver qué dice –dijo contenta- ¿Y vosotras cuando os lo sacaréis?
- Yo no tengo prisa. Cuando quiera, pues me lo saco.
- ¿Y tú? –preguntó Cait mirándome a mí.
- Aún no tengo los dieciséis –le recordé encogiéndome de hombros- Pero en cuanto sea mi cumpleaños empiezo a sacármelo. Me vendrá bien poderme mover sola por la ciudad sin necesidad que me tenga que llevar alguien.

Continuamos hablando de diferentes cosas. La verdad es que no tomamos más el sol. Christian y Chaz llegaron agotados, pero les obligamos a que se vinieran con nosotras al agua. Chris me cogió de tal manera que quedé en sus brazos y antes de que pudiera soltarme para que me dejara tranquila, me tiró al agua.

- ¡Idiota, me ha entrado agua por la nariz! –dije riendo.
- Eh, no arméis mucho escándalo que acabo de ver una furgoneta negra con un tío saliendo de ahí –informó Cait.
- ¿Y qué pasa? –preguntó el absurdo de su hermano.
- Que pueden ser paparazis –le expliqué pegándole levemente en el brazo.
- ¿Y qué más da?
- No es plan de que hayan fotos tuyas y mías haciendo el gamba, que sus beliebers pueden pensar mal.
- Oh, es verdad –se arrepintió- Lo siento.
- Tranquilo, aun no han hecho ninguna foto –por suerte Cait nos había avisado antes de tiempo.

Chaz salió del agua y se fue a la toalla, quería tumbarse un poco. Los chicos y yo seguimos en el agua refrescándonos un poco. La verdad es que hacía demasiado calor y el agua estaba fresquita. Se estaba de muerte. A lo lejos oí unos gritos. Era Chaz que me llamaba desde la arena. Agitó mi teléfono y salí corriendo hacia él. Me costaba mover las piernas con rapidez, pues en el agua no se podía correr bien. Me eché unos mechones de pelo hacia atrás con las manos mojadas para que se quedaran en su lugar. Una vez que estuve ya reunida con Chaz, me sequé las manos y cogí el teléfono sin fijarme si quiera en quién llamaba.

#Llamada telefónica#
- ¿Diga? –pregunté mirando a mi alrededor. Encontré a un paparazi haciéndome fotos. Qué mal disimulan algunos, la verdad.
- Princesa, ¿qué tal? –era Justin. Sólo él me llamaba princesa.
- Genial, en la playa con los chicos –le informé- ¿Y tú?
- Estaba buscándote, acabo de salir de la reunión en el estudio y tengo que decirte un par de cosas. ¿Puedo ir?
- ¿Eres tonto? Claro que puedes venirte, mejor para mí –comenté sonriendo como una tonta.
- De acuerdo, ¿en qué parte estáis? –preguntó.
- Cerca de la caseta del socorrista –le expliqué.
- En diez minutos estoy ahí –me avisó. No pude evitar reprimir las ganas de bailar de la emoción. Chaz y Julia, que al parecer se había venido conmigo para chafardear un poco quién me llamaba, me miraron raro.
- Está bien –dije algo calmada- Nos vemos.
- Te quiero.
#Fin de la llamada telefónica#

- Hoy tampoco le has dicho que le querías, muy mal, ___  –me “regañó” Julia mientras guardaba el móvil en la mochila. No lo iba a dejar en la toalla, podrían robármelo o simplemente llenarse de arena o agua.
- Qué pesada estás con eso, Julia –dije riendo mientras me sentaba de piernas cruzadas.
- ¿Y qué decía tu amor? –preguntó Chaz imitándome pero en su toalla.
- Que acaba de salir de la reunión, que me tiene que contar unas cosas y que vendrá ahora con nosotros.
- Genial –dijeron Caitlin y Christian que al parecer me habían oído hablar.

Les sonreí y nos quedamos en la toalla esperando a que Justin apareciera y así poder vernos mejor. Le dije que estábamos cerca de la caseta del socorrista, pero con lo despistado que es seguro que se olvida o directamente ni se fija. Diez minutos más tarde, tal como él había dicho, una figura tapada con unas gafas de sol y una gorra, se acercaba por detrás de mí para abrazarme por la espalda. Sonreí como una boba al saber de quién se trataba. Me abrazó por el cuello y besó mi mejilla tiernamente mientras yo acariciaba los brazos que reposaban por encima de mi pecho.

- Hola chicos –los saludó a todos mientras se quitaba la gorra, las gafas y la camiseta. Se puso de nuevo la gorra y lo demás lo guardó en la mochila que llevaba. Se sentó en mi toalla y puso una de sus manos en mi rodilla- Wow, ese bañador es precioso.
- Gracias –respondí sonriente.
- Bueno, ¿algo que decir, Bieber? –preguntó Chaz.
- Oh –dijo acordándose- Tengo un nuevo proyecto.
- ¿Sí? –pregunté entusiasmada.
- Voy a trabajar con Chris Brown –explicó.

Miré a Julia, ella era una verdadera fan del cantante estadounidense. 
Empalideció, abrió la boca de tal forma que, por suerte no se le desencajó la mandíbula de su lugar. Era divertido ver su estado de euforia en el que se encontraba ahora. Había empezado a chillar. Se tapaba la boca por si acaso podía hacer que el griterío no sonara tanto, pero se oía de todas formas. Los chicos empezamos a reírnos de su reacción, pero la verdad es que yo estaba igual que ella por dentro. Pero más que un ataque de euforia, lo que más tenía ganas de hacer era de darle un abrazo y decirle lo orgullosa que estaba de él. Justin me miró al ver que no articulaba palabra alguna.

- ¿No te gusta, shawty? –preguntó decepcionado.
- Claro que me gusta –respondí sonriente- Es sólo que… Wow. No sé, estoy muy orgullosa de ti, Justin.
- ¿Por qué? –soltó unas adorables carcajadas mientras me abrazaba por la cintura.
- Hace unos años eras tú el que cantaba covers de Chris Brown, ahora cantas con él –suspiré- Ahora entiendo como se sienten tus beliebers.

Sonrió y me abrazó.

- Me siento muy, muy orgullosa de ti –le repetí en el oído.

Seguimos hablando sobre el nuevo proyecto que tenía Justin entre manos con el mismísimo Brown. Aún no tenían ni letra, ni melodía y posiblemente no sabían si harían videoclip o no. Lo que estaba fijo era que Chris quería hacer un dueto con mi novio, y éste, como no, aceptó encantado. La conversación pareció no tener fin, pero de repente Justin cambió drásticamente de tema mirándome a mí. Tenía que ver conmigo, seguro.

- Mañana te tienes que pasar con tu madre al estudio, Usher tiene que hablar con vosotras –me informó.
- ¿A qué hora? –le pregunté.
- A la que queráis, él estará todo el día ahí –respondió- Pero si es por la mañana mucho mejor, por la tarde está más ajetreado.
- Cuando llegue a casa se lo digo –dije con una sonrisa.

Besó mi mejilla y le acaricié la espalda, pues pasaba uno de mis brazos por ella. De vez en cuando una de sus manos se escapaba de mis rodillas y subían hacia mis muslos, los cuales eran acariciados por sus suaves y aterciopelados dedos.

Después de haber estado disfrutando de una tarde en compañía con mis amigos y novio en una de las mejores playas que había visto en mi vida, Justin decidió llevarnos a cada uno a su casa. Pero antes, Caitlin llamó a sus padres para avisarles de que se irían en el coche de Bieber. Una vez en casa me dirigí a mamá para avisarle de que mañana tendríamos que ir al estudio. Cenamos y me fui a dormir, estaba cansada, aparte, quedamos en que iría al estudio a las diez y media, así que no me podría quedar durmiendo hasta tan tarde.


|| A la mañana siguiente ||

Desperté por la alarma que programé la noche anterior. De un salto salí de la cama y me metí en la ducha para bañarme rápidamente. Salí del baño envuelta en una toalla blanca para ir a coger la ropa que me pondría. Opté por esto http://www.polyvore.com/cgi/set?id=52604794&.locale=es. Me hice un moño rápido y me maquillé los ojos de color negro. Bajé las escaleras de dos en dos y me encontré a Julia mirando la televisión en el sofá. Me sorprendió ver lo que era. Estaban dando Hannah Montana.

- ¡Hostia, pues si que lo dan! –exclamé eufórica mientras me sentaba a su lado.

Sonrió y miró mi vestimenta de arriba abajo. Negó con la cabeza y dirigió la vista al televisor.

- ¿Qué pasa? –pregunté observando la ropa que llevaba para ver si iba mal.
- No sé de dónde sacas ropa tan guapa –se quejó haciendo la que lloraba.
- Yo no sé de dónde sacas tantas gorras –le dije quitándosela de la cabeza y poniéndosela al revés.
- Sabes que son mi pasión –se la volvió a poner normal.
- Eso y los pantalones cortos, tienes demasiados.
- Lo mismo digo con tus zapatos –comentó riendo.
- Sabes que son mi pasión –la imité sonriendo.

Se oyeron los tacones de mi madre bajar las escaleras. Giré la cabeza  a verla y me sonrió de oreja a oreja. Me encantaba verla tan contenta. 
Últimamente lo que más hacia era sonreír. Al ver que ya había bajado el último escalón, me levanté y caminé hacia ella. Le besé la mejilla y juntas fuimos hacia la cocina para prepararnos el desayuno.

- Julia, ¿has desayunado? –preguntó mamá preparándose el café.
- Sí, ___ (tu madre).
- ¿Qué vas a hacer hoy? –le pregunté mientras me sentaba con el bol de cereales ya entre las manos.
- Iré a acompañar a Caitlin a la autoescuela.
- ¿Quieres sacarte tú también el carnet? –le propuso mi madre.

Julia abrió los ojos como platos.

- Oh, no –se negó rápidamente- No hace falta.
- Claro, si quieres sacártelo vienes y me lo dices, así te doy el dinero para que te pagues las clases.
- No, de verdad, prefiero pagármelo yo cuando empiece a trabajar.
- Julia –le regañé- Tómatelo como un regalo de cumpleaños de parte suya –dije refiriéndome a mi madre.
- Pero…
- No hay más que hablar –zanjó el tema mi madre.

Subió las escaleras y la perdí de vista. Julia sonreía tímidamente, con vergüenza. Le estaba gustando la idea de sacarse el carnet de conducir. 
Ella siempre me había dicho lo mismo desde hace años “En cuanto tenga la edad me saco el carnet, pero para eso tendré que esperar a los dieciocho”. 

Quien iba a decir que se vendría conmigo a Atlanta a vivir y podría sacárselo con sólo dieciséis años. Aunque posiblemente, cuando empiece a conducir oficialmente con su propio coche, ya tendrá diecisiete. Mamá bajó las escaleras con un sobre entre las manos. Se lo tendió a mi amiga y éste lo abrió. Al ver lo que había en el interior intentó devolvérselo, pero mi madre se negó a cogerlo de nuevo.

- Hay trescientos dólares para que te pagues las clases –le informó volviendo a beber de su taza de café.
- Pero ___ (tu madre)…
- No, nada de peros –de nuevo mamá volvía a tener siempre la razón y 
Julia se quedaba con la palabra en la boca.
- En fin, ¿nos vamos ya? –pregunté. Había acabado mi desayuno.

Le dio el último sorbo a su taza de café y asintió mientras la dejaba en el fregadero. Abrió el grifo del agua y limpió la taza rápidamente. La dejó en una esquina para que se secara y cogió el bolso, metió un par de cosas dentro y caminamos hacia la puerta.

- Adiós –nos despedimos las dos a la vez de Julia.

Ella nos devolvió el gesto pero con la mano y cerramos la puerta. Nos subimos al coche. Obviamente mamá conducía y yo estaba como copiloto. Encendí la radio y empezó a sonar S&M, de Rihanna. Mamá rápidamente negó con la cabeza y su mano fue a parar al botón que cambiaba la emisora.

- ¡No la quites! –pedí quitando su mano de ahí.
- No me gusta esta música.
- A mí sí –opiné.
- Pues a mí no.
- Pues a mí sí –le saqué la lengua y soltó unas carcajadas.

Pasamos por delante de una tienda de piercings. De ella salieron un par de chicas, una de ellas llorando. Me fijé en qué zona se había perforado. La nariz. Pero no en los laterales, sino en el medio, como un toro. Le quedaba horrible, la verdad. Miré a mi madre, estaba pendiente del semáforo ahora rojo.

- Mamá.
- ¿Qué?
- ¿Ves esa tienda de ahí? –le pregunté señalándola con el dedo índice.
- Sí, ¿qué pasa?
- Es de piercings –y también de tatuajes, pero por ahora no quería ninguno.
- Como si es de patatas, ¿qué más me da? –bufó con cansancio.
- Pues que quiero hacerme un piercing.
- Y yo quiero tener una…
- No puedes decir “una casa con piscina” porque ya la tienes –me adelanté a que ella acabara su oración.
- Iba a decir una isla privada, pero bueno –mamá y yo casi parecíamos amigas por la forma de hablarnos. Era divertido picarme en broma con ella.
- Pues, ¿me haces un piercing? –puse cara de niña buena.
- Cuando tengas dieciocho años te haces lo que quieras, de momento te dejas la cara como está que es muy bonita.
- Sólo quiero una perlita, mami –dije con voz de pito.
- ¿Y a qué ha venido eso? ¿Miley Cyrus también tiene un piercing o qué?
- Sí, una perla –comenté sonriéndole- Pero no es porque ella lo lleve –en parte era por eso, siempre me ha gustado su estilo y más de una vez he tratado de imitarla, pero nunca me ha quedado tan bien como a la diosa de mi Destiny.
- Te conozco, ___ (tu nombre) –comentó ya cuando el coche estuvo en marcha- Sientes devoción por esa cantante y sé que quieres ponerte un piercing igual que el de ella porque lo lleva.
- Bueno –dije arrastrando la “e”.
- Aparte, no me gustan los piercings.
- ¿Y los tatuajes?
- En un hombre sí, en una mujer no.
- Jo, mama –me quejé- No te gusta nada.
- El chocolate sí me gusta.
- El chocolate le gusta a todo el mundo –le informé con tono obvio.
- A Pattie no le gusta –dijo riendo.
- No le gusta la Nutella, no el chocolate –le saqué la lengua al haberle dejado mal.
- Niña, ¿quieres callar? –preguntó riendo al ver que siempre le dejaba por el suelo.
- Pues deja que me haga un piercing.
- Que no.
- Un tatuaje.
- ¿Un tatuaje  para qué? ¿Para dibujarte un unicornio?
- ¡Qué va! –dije riendo- Algo con más swag, por favor.
- ¿La cara de Justin? –cuestionó mirándome alzando una ceja.
- Eres tonta –solté una carcajada- Quiero el símbolo del infinito en la muñeca.
- Los tatuajes tienen que tener un significado –me explicó.
- No tiene por qué, si te gusta te lo haces aunque no tenga un significado.
- Eso es para toda la vida, tiene que haber alguna razón por el cual te lo haces.
- La razón es porque me gusta, nada más.
- Ugh, no se puede hablar contigo, siempre tienes que tener la última palabra –se quejó soltando algunas risas mientras aparcaba el coche delante del estudio.
- Es lo que hay –finalicé la conversación mientras me quitaba el cinturón de seguridad.

Bajé del coche y mamá puso el seguro con el típico mandito pequeño. Sonaron un par de pitidos que avisan que está totalmente cerrado y se lo guardó en el bolso. Miré al final de la calle y me encontré con un hombre con una cámara enfocándome. Qué guay, paparazis. Hágase notar el sarcasmo. Entramos al edificio y subimos hacia la planta donde se encontraba el despacho de Usher. Llamé antes de que una voz avisara que podíamos pasar. Al vernos se puso de pie y nos sonrió.

- Hola, chicas –nos saludó enérgicamente.
- ¿Qué hay, Usher? –le di dos besos.
- Sentaos –nos ofreció asiento justo en las sillas que habían delante de su despacho- Bueno, cuando firmamos el contrato, hablamos así por encima, pero no nos centramos en lo más importante –empezó.

Mamá asintió con la cabeza para que el mentor de Justin continuara hablando y yo simplemente me concentré en sus palabras.

- Obviamente te he buscado un representante, un guardaespaldas y una persona que se encargará de tu vestuario. Eso es por ahora lo más importante, más tarde conocerías a los integrantes del equipo; tipo batería, guitarrista, coros, etcétera –comentó haciendo un movimiento con las manos como si hubiesen más cosas en aquella larga lista de personas- Tu representante se llama Janet McCarthy, y está apunto de llegar.
- ¿El representante de qué cosas se encargaría? –preguntó mi madre. 
Claro, esto era nuevo para ella. También para mí, pero al haber estado conviviendo con una súper estrella, una más o menos se va enterando de la película.
- El representante se encargaría del tema entrevistas, programar las giras y conciertos… Informar al cantante, es decir, tu hija, para que haga todo tipo de trabajos –mamá asintió con la cabeza- Bueno, Janet se encargará de eso. Después tengo a tu guardaespaldas, James Patterson.
- ¿Da miedo o es igual que el negrito sonriente? –obviamente me refería a Kenny.
- ___ –me regañó mamá.
- No, tranquila –Usher empezó a reírse- No da miedo, ___ . Pero no es igual que el negrito sonriente.
- Vale, me quedo igual –me encogí de hombros y el cantante al que tenía al frente volvió a reír.
- Y bueno, tu estilista sería Madison Stoner. Ha trabajado para varios desfiles.
- ¿Es modelo? –preguntó mi madre.
- No, era la que se encargaba de las vestimentas –respondió con amabilidad- Es lo mejor que he encontrado.
- Tranquilo, conociéndote seguro que serán muy buenos todos –comenté sonriendo.
- Sólo espero que no…

La puerta se abrió y de ella aparecieron dos mujeres y un hombre. Los presentes en la sala nos levantamos para presentarnos, aunque el que tenia que hacerlo era Usher, pues él era que los había contratado.

- ___ , ___ (tu madre) –nos miró- Esta es Janet.
- Un gusto –dijo una mujer de unos treinta y tantos años saludándonos a mí y a mi madre- Encantada de conocerte, ___ .
- Lo mismo digo –contesté sonriendo.

Miré a la pelirroja que aparentaba tener veinte y pocos años. Era joven y su vestuario también lo era. Me agradó bastante a simple vista y sobre todo su manera de vestir. Le sonreí y Usher nos presentó.

- Madison, ___ –le sonreí a la chica y ella a mí- ___ , Madison.

Nos dimos dos besos y mamá y ella hicieron lo mismo. Me caían las dos genial a primera vista, parecían simpáticas y lo más importante, bastante responsables y profesionales. Estaba a gusto teniendo a estas dos personas cerca de la que a partir de ahora sería mi vida. 

6 comentarios:

  1. OMG *-* Ya empiezo con esto de ser famosa!!! sajekgjkd Y quiero un tatuaje! yo de mayor he pensado en tatuarme la clave de sol en la muñeca pero no sé, yo soy muy sensible y eso..
    Bueno, sigo leyendo Cielo!

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  2. Famosaaaaaaa!! Que guay siempre he querido un tatuaje o un piercing y sobre todo el de la nariz como Miley que le queda jdjskdjnfh.

    Pues eso,a seguir leyendo :)

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  3. GOD!
    Me encanto, voy a ser famosa oh yes :3 hahahaa
    Voy a por el siguiente :)

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  4. Yeaaaaaaaa kjsnfkjnskjfnskjfnksjfsf me encanta *-* JEJEJE en la novela tengo millones de gorras KJNDSFSKJDFNKJDNFKJDFNKJDFNKDJte adoro. JAJAJAA a por el siguiente :)

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  5. me encantoooooooooooooooooooooooooooooooooooooo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!111111 no te digo q subas uno pronto porq tengo mas para leer asiq chauuuu me voy a seguir leyendo jeejjejeje

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  6. laskjdhadslfkjhdafldflgjdsadfksdfldjfdfgdsljafdlsafd Vale, son las tres menos cuarto de la madrugada y no se que escribir así que lakfjalkjfkdlashfldfaflhkdf genial<3

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