¿Cuántos somos ya?

7 de enero de 2012

Never let you go. {42}


One Time.

|| Justin ||

- Awww –dijo Cait- sois tan tiernos los dos.

___ apoyó la cabeza en mi hombro y rió.

- Pero yo soy más tierna que él –dijo señalándome.
- De eso nada, yo soy más tierno que ella –dije riendo.
- Ni caso, Cait –contestó ___ -aquí la princesa de las ternuras soy yo.

Todos estallamos a carcajadas.

- A ver, princesa de las ternuras –dije riendo- ¿Has acabado ya tu helado?
- Sí –dijo con voz de niña de 5 años.

La camarera nos trajo la cuenta y lo pagué. Subimos al coche y dejé a Cait y Chris en su casa. Chaz y Ryan querían darse un baño en la piscina, así que ___ y yo decidimos ir también con ellos. Ella se fue a su cuarto a cambiarse y yo me quedé en mi habitación. Mi madre me había dejado una nota en la mesa diciendo que había ido a comprar. Cuando terminé de cambiarme, bajé al jardín y vi a ___ pelearse con Ryan. Éste la cogió por la cintura y la cargó en su espalda.

- ¡Ryan, bájame! –gritaba mientras pataleaba en la espalda de éste.
- ¡No, vas derechita al agua! –Ryan saltó al agua con mi amiga en la espalda y se zambulleron.

Los dos salieron a la superficie riendo como dos desquiciados.

- Imbécil –dijo ___ pegándole un puñetazo en el pecho.
- No me has hecho daño.

Ésta siguió pegándole a Ryan hasta que éste se cansó y le cogió el puño a ___(tn).

- Vale, ya me empieza a doler.

___ empezó a reírse y posó la mirada en mí.

- ¿No entras? –preguntó.

Asentí con la cabeza y caminé hacia ahí. Justo ella salía de la piscina, no sé a qué, pero la cogí de la cintura y la atraje hacia mí.

- Justin, ¿qué haces? –preguntó colocando las manos en mis brazos.

No le contesté y la tiré a la piscina junto a mí.
Salimos a la superficie riendo, como anteriormente lo habían hecho ella y Ryan.

- Me habías asustado –dijo riendo.
- ¿Por qué? –pregunté salpicándole
- No sé, es que de repente me coges la cintura y digo: ¿qué hace éste?

Solté unas carcajadas y salpiqué a Chaz, que estaba tumbado en el césped viciado al móvil.

- El móvil, imbécil –chilló sobresaltado.
- Báñate, anda–dijo Ryan salpicándole aun más.



|| ___ ||

Chaz dejó el móvil en la mesa de al lado y se tiró a la piscina de la cabeza directo a pegar a Ryan y a Justin.

- ¿No me vas a defender? –preguntó Justin mientras evitaba un puñetazo por parte de Chaz.

Rodé los ojos y me acerqué a ellos. Me subí a la espalda de Chaz y empecé a hacer que se cayera hacia atrás.

- ¡Deja a mis bebés! –chillé riendo.
- Jamás, me han mojado el móvil.
- ¡Pero si no sabes mandar un mensaje, eres un inútil, ¿recuerdas? –dijo Ryan.

Conseguí hacer que Chaz se cayera al agua, encima de mí, claro.

- Eres la mejor –dijo Justin alzando su mano derecha para que se la chocara.
- Lo sé –se la choqué y reímos.
- Y también una creída.
- Mira quien habla –dije poniéndome las manos en la cintura.
- Yo no soy creído –dijo señalándose a si mismo con aire de ofendido.
- Claro que lo eres –hizo un harflip y rió.

Ya no me ponían tan nerviosa sus hairflips, es más, habían empezado a gustarme. Lo hacía de una manera tan… sexy.

- ¿No me vas a decir que pare de hacer el hairflip? –preguntó alzando una ceja.
- No –me senté en el césped de piernas cruzadas y Justin me imitó- Ha empezado a gustarme eso del hairflip.

Soltó unas carcajadas.

- En ese caso –hizo un harflip y rió.

Me tumbé y empecé a mirar el cielo. Tenía un azul brillante impactante, no había ninguna nube, y el calor era soportable, corría como un airecillo agradable que le daba al tiempo un toque bastante refrescante.

-  ¿En qué piensas? –preguntó Justin tumbándose a mi lado.

Ahora que me fijaba, los chicos no estaban. Nos habían dejado solos a Justin y a mí. Fruncí el ceño.

- ¿Qué haremos cuando me marche, Justin?
- ¿A qué te refieres? –preguntó confuso
- Me refiero a si seguiremos en contacto.
- Claro que sí. Te lo he dicho cientos de veces –esta vez me miraba a mí, y no al cielo.
- Es que no quiero perderte –dije con la voz frágil.

El maldito nudo en la garganta de siempre empezó a formarse, y con él, las ganas de llorar.

- Yo menos –me acarició la mejilla.

Hubo un silencio, pero no incomodo. Nos mirábamos intensamente a los ojos, diciéndonos cosas pero que el otro no lograba captar. O eso es lo que a mí me parecía.

- ¿Puedo hacerte una pregunta? –dijo Justin.
- Claro.
- ¿Te gusta Christian?

Tomé una bocanada de aire disimuladamente para intentar sonar lo más tranquila posible.

- Sí –confesé.
- ¿Mucho?
- Es mi amor platónico, ¿recuerdas?
- Sí, pero un amor platónico es aquél imposible de conseguir. Tú puedes conseguir a Christian.
- Lo sé –dije frunciendo los labios.

Miré otra vez al cielo para que mis ojos no delataran mi nerviosismo y mis ganas de decir: Tú también me gustas, Justin. Es más, no me gustas. Te amo.
Pero no podía decirle eso. Estropearía nuestra amistad. Y lo que menos quiero ahora es estropear mi amistad con él.

- ¿Si te pidiese para salir qué le dirías?
- No lo sé –posiblemente que sí- No lo conozco de mucho.
- Pero es tu amor platónico, recuerdo que en España estabas obsesionada con él.
- Sí, lo sé. Pero…
- No sabes.
- No, no sé –dije riendo.

De nuevo apareció aquél silencio, pero ésta vez si que era incomodo.

- ¿Qué hora es? –pregunté.

Justin se levantó y caminó hacia la mesa, donde estaba el móvil de Chaz.

- Las 18:54.
- Wow, qué rápido se me ha pasado el día –dije incorporándome en el césped.

Caminé hacia él y me senté en una de las sillas de madera que había ahí. Coloqué los codos en mis rodillas y hundí la cara en mis manos.
El nudo que anteriormente se me había formado no había desaparecido. Seguía ahí, amenazándome con las ganas de llorar.

- ¿Qué te pasa? –preguntó Justin.
- Falta menos, Just –dije moviendo las piernas con nerviosismo.
- ¿Menos para qué?
- Para que tengamos que decirnos adiós –dejé mi cara al descubierto y una lágrima corrió por mis mejillas.

Justin se acercó a mí preocupado y se puso de cuclillas, apoyando las manos en mis rodillas.

- Eh. Escúchame –me dio un ligero toque en la barbilla haciendo que mi mirada se posase en sus deslumbrantes ojos color miel- No es un adiós, ¿de acuerdo? Es un hasta luego.
- Justin, pero yo no sé si podremos volver a vernos. Tú estarás muy ocupado con tu carrera y…

Me interrumpió con un abrazo. Sentía su corazón latir a toda velocidad, dejándome entender que él también estaba nervioso por mi cercana marcha.

- Nunca perderemos el contacto, ¿me has oído?

Asentí lentamente y hundí la cabeza en su hombro, haciendo que las gotitas que reposaban en la punta de sus mechones de pelo cayesen en mi cara.

- Gracias, Justin
- Te las tendría que dar yo a ti, ___.

Sonreí y clavé mis labios en su cuello. No sé por qué lo hice, pero tenía ganas de hacerlo, de dejarle entender que necesitaba su compañía a toda costa. Que lo amaba, y quería estar con él a todas horas. Aspirando su aroma y acariciando su cabello. Sintiendo sus labios en los míos.

- ¿Tú vas a ir a casa de Christian? –pregunté aun abrazada a él.

Mi voz era apenas inaudible, ya que tenía los labios pegados al cuello de Justin.

- Sí, hace tiempo que no veo a sus primos.
- ¿Los conoces? –pregunté
- Sí, vinieron hace unos meses a verlo.
- Entonces vamos a cambiarnos ya.

Se separó de mí pero tomó mi cara entre sus manos.

- No quiero que estés así el tiempo que te quedes aquí, ¿de acuerdo? 
Disfruta las semanas que te quedan.
- Lo intentaré.

Soltó mi cara y me abrazó de nuevo, frotándome la espalda dulcemente.
Me puse de pie y caminamos juntos de la mano. Parecíamos realmente una pareja de novios. Fui a mi habitación y me duché. Me puse la ropa que llevaba puesta anteriormente y me peiné exactamente igual que antes. Bajé al piso de abajo y ahí estaban todos, incluidos Christian y Caitlin.

- Hola, chicos –dije sonriendo.
- ¿Qué contenta te ves, no? –preguntó Chris, el cual estaba apoyado en el sofá.

Solté unas carcajadas y me acerqué a él a darle dos besos.

- ¿Cómo que dos besos, si siempre me das un beso en la mejilla? –preguntó con aire de ofendido.

Rodé los ojos y le di un beso en la mejilla. Éste sonrió. Me iba a revolver el pelo, pero se lo impedí dándole un manotazo en la mano.

- ¿Vosotros también venís? –preguntó Cait refiriéndose a Chaz, Ryan y Justin.
- Si podemos sí –respondió Ryan.
- Claro que podéis –dijo Caitlin con una sonrisa.
- Uuuuuh –dijeron los demás excepto yo.
- Ya, dejarla en paz.
- Ya la habéis oído –dijo Christian- si no queréis tener una marca de su mano en vuestra cara callaros.
- Sí vamos, como soy tan agresiva –dije sarcásticamente.
- Un poquito sí –dijeron todos a la vez.
- Ya claro, lo que vosotros digáis –murmuré cruzándome de brazos.

Los chicos rieron.

- Bueno, ¿nos vamos ya? –preguntó Christian.
- Qué impaciente –dije pegándole un puñetazo en el hombro.
- Es que quiero ver ya a mis primos –me sacó la lengua.
- ¡Venga, que hay que ver a los primos de Christian! –dije echándoles prisa.

Los chicos se levantaron del sofá y nos marchamos de casa. Caminamos unos 5 minutos y llegamos a la casa de Chris y Cait. Christian sacó las llaves de su bolsillo y abrió la puerta. Ahí dentro estaban Sandy y Will, y un matrimonio con dos niños pequeños.

- ¡Christian! –Sophie corrió hacia su primo y éste la cogió en brazos.

Su hermano, Mikel, corrió hacia Cait e hizo lo mismo que Christian.
Los demás entramos en casa y saludamos a los padres de los dos niños y a los de Cait y Chris.

- ¿Cómo estás, cielo? –me preguntó Sandy.
- Bien, bien. Gracias –respondí con una sonrisa.

Joe y Vanessa, los padres de Sophie y Mikel, me estuvieron hablando un poco acerca de Washington, al parecer venían de ahí.

- Sophie. ¿Ves aquella chica de ahí? –escuché a Christian decirle a la niña- ves y asústala
- Christian te estoy oyendo desde aquí –dije riendo.

Éste soltó unas carcajadas y se sentó a mi lado con la niña en brazos. Los chicos estaban hablando con Joe y Vanessa acerca de… no sé.

- Hola, cielo –le dije a Sophie. Ésta hundió la cabeza en el hombro de su primo a causa de la vergüenza- Qué mona.

Le acaricie el pelo rubio platino y ésta me sonrió.

- ¿Cómo te llamas? –me preguntó aquella voz tan dulce y aguda.
- ___ –contesté sonriendo.

Ésta salió del regazo de su primo y se sentó en el mío.

- Tengo 3 años –señaló con los dedos dos, por lo tanto le levanté yo uno de su mano.

Christian rió y le miré.

- Es súper mona –dije sonriendo.
- Como tú.

3 comentarios:

  1. Aiiiiiiiins, ¡que mona que es Sophie! Me recuerda a mi prima pequeña Júlia cuando tenía un año menos que ahora. Porque también es rubia y pequeñita y siempre decía que tenía 3 años y levantaba dos dedos. :3

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  2. Jo, que triste que me tenga que ir, ojala Just cumpla su palabra y sigamos en contacto, y me encanta Sophie, es monisima xdd

    Que bien, aun queda que leer, voy a ello(K)

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  3. me encanta esta novela de las muchas q e leido esta es la mejor con diferencia te adorooo <3

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